II JORNADA DE BUENAS PRÁCTICAS CON MIGRANTES Y REFUGIADOS

Discapacidad. Local accesible a personas con movilidad reducida.

Delegación diocesana de Pastoral con Migrantes
II JORNADA DE BUENAS PRÁCTICAS CON MIGRANTES Y REFUGIADOS
– Sábado, 17 de octubre –

[entrada publicada el 4.10.26; 1ª actualización: 5.10.26]

La Delegación diocesana de Pastoral de Migraciones (movilidad humana) nos convoca a la II Jordana de Buenas Prácticas con Migrantes y Refugiados.
Sábado 17 de octubre /// 10:00-13:30 /// En la Parroquia de San Hilario de Poitiers (calle Luis Chamizo, 7. 28044 Madrid). /// Inscripción gratuita pero necesaria: Apúntate antes del 13 de octubre en este formulario: https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSd6jtgKh1HaGEHJjdqYdNsgQNWMTX7b9baDrgA0yPVTMnLZMA/viewform

Delegación diocesana de Pastoral con Migrantes. II JORNADA DE BUENAS PRÁCTICAS CON MIGRANTES Y REFUGIADOS

  • Talleres sobre logros, dificultades y retos por parte de las Delegaciones de Juventud, Catequesis, Familia, Trabajo, Cáritas y Enseñanza.
  • Una breve exposición sobre los mensajes del Papa acerca de la migración durante su visita a España.
  • Experiencias de buenas prácticas y el saludo de nuestro obispo auxiliar, Vicente Martín.

Magnifica Humanitas y las migraciones, una cuestión de justicia y fraternidad

[tomado de la web social de la CEE]

En el marco del encuentro que la Comisión Episcopal para la Pastoral Social y Promoción Humana de la Conferencia Episcopal Española celebró el lunes 7 de septiembre, cada departamento realizó una reflexión sobre la vinculación de la última encíclica del Papa León XIV, Magnifica Humanitas, con sus respectivas realidades pastorales. En este artículo resumimos las referencias de la encíclica con el área de Migraciones.

La encíclica del papa León XIV sitúa a las personas migrantes, refugiadas y desplazadas en el centro de la reflexión sobre la justicia social y ofrece seis claves para una pastoral basada en la acogida, la integración, la defensa de derechos y la fraternidad.

Una de las imágenes más significativas de la encíclica presenta a los migrantes, junto con los pobres, los enfermos y los pequeños, como aquellos que no deben convertirse en «piedras desechadas», sino en «piedras angulares» para construir una tierra verdaderamente humana, hospitalaria y fraterna (MH 16).

Esta mirada evoca la tradición bíblica que recuerda la especial preocupación de Dios por el huérfano, la viuda y el extranjero, y conecta también con la llamada del papa Francisco en su mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado de 2019: «No se trata solo de migrantes».

La cuestión migratoria afecta, por tanto, al conjunto de la sociedad y al futuro de la familia humana. La forma en que una comunidad acoge, trata e integra a las personas migrantes contribuye a definir el modelo de sociedad que quiere construir: una sociedad marcada por el miedo, la exclusión y el poder, o un hogar común construido desde la fraternidad y el encuentro.

Esta perspectiva aparece de manera especialmente clara en el número 81 de Magnifica Humanitas, dedicado a la justicia social. El Papa afirma que «un examen decisivo para la justicia social hoy está representado por la condición de los migrantes, de los refugiados y de cuantos son obligados a desplazarse a causa de la pobreza, la violencia, el cambio climático y los desastres naturales». Y añade: «El modo en el cual una sociedad los trata muestra si su idea de justicia está guiada por el miedo o la fraternidad» (MH 81). Las migraciones se convierten así en una prueba del sentido de justicia de una sociedad.

La encíclica alerta también sobre las formas de exclusión que pueden surgir del uso deshumanizado de la tecnología, especialmente cuando determinados grupos tienen dificultades para acceder a ella o cuando los algoritmos reproducen prejuicios y discriminaciones (MH 80). Además, advierte del riesgo de que las personas concretas queden ocultas detrás de datos y categorías en sistemas automatizados cuando decisiones relacionadas con el trabajo, la seguridad, el acceso a servicios o el control de fronteras se delegan en sistemas tecnológicos (MH 103). La brecha digital puede convertirse, de este modo, en una nueva frontera para las personas migrantes.

Seis claves para una pastoral con personas migrantes

1. Defender la dignidad de cada persona

En la era de la inteligencia artificial, el Papa advierte de que esta dignidad «corre el riesgo de verse eclipsada por nuevas formas de deshumanización» (MH 15). Frente a ello, la encíclica reclama poner siempre al ser humano en el centro de las decisiones (MH 16). Aplicado a la pastoral con personas migrantes, significa reconocer a la persona por encima de su situación administrativa, su nacionalidad, su condición económica o cualquier otra etiqueta social.

La persona migrante no puede quedar reducida a su condición de extranjera, a su situación documental o a una cifra dentro de las estadísticas migratorias. Su dignidad es anterior a cualquier circunstancia.

2. Defender los derechos y actuar sobre las causas

La segunda orientación pasa por custodiar el derecho a la esperanza de quien se ve obligado a partir y, al mismo tiempo, promover el derecho a permanecer en la propia tierra en paz y seguridad.

Esto implica acompañar a quienes llegan, pero también preguntarse por qué han tenido que salir. La pastoral está llamada a combinar acogida, protección, promoción, integración y denuncia profética.

La acción pastoral no puede limitarse a aliviar las consecuencias de la injusticia; debe contribuir también a transformar las causas.

3. Pasar de una pastoral para migrantes a una pastoral con migrantes

Si las personas migrantes son, como recuerda el Papa, personas «con dignidad, recursos y sueños», también tienen derecho a convertirse en parte activa de las sociedades que las acogen y por tanto también en la Iglesia.

Se trata de avanzar de una pastoral para migrantes a una pastoral con migrantes, reconociéndolos como miembros del Pueblo de Dios y valorando los dones que aportan a las comunidades. La inclusión y la integración generan así un enriquecimiento recíproco: tanto quien acoge como quien es acogido pueden contribuir a construir una comunidad más abierta y fraterna.

4. Atender las nuevas formas de exclusión digital

La digitalización creciente de los procedimientos administrativos puede convertirse en una nueva barrera para quienes tienen menor acceso a los recursos tecnológicos o menor competencia digital.

Este escenario abre un nuevo campo para la pastoral migratoria, que puede incorporar progresivamente acciones como el acompañamiento ante procedimientos automatizados, la alfabetización digital, la prevención frente a la desinformación y la sensibilización sobre los riesgos de discriminación algorítmica.

La brecha digital debe ser contemplada como una posible nueva frontera que es necesario acompañar y superar.

5. Combatir el miedo y construir fraternidad

«El modo en el cual una sociedad los trata [a los migrantes] muestra si su idea de justicia está guiada por el miedo o la fraternidad» (MH 81).

Esta afirmación puede convertirse en un principio orientador de la pastoral con personas migrantes. Las dificultades relacionadas con las migraciones no son únicamente económicas o jurídicas. También tienen una dimensión cultural y emocional.

El miedo puede alimentar prejuicios, rechazo, racismo, discursos de odio y polarización. Frente a ello, la Iglesia está llamada a promover una cultura alternativa basada en el encuentro, el conocimiento mutuo y la fraternidad.

6. Ser constructores de comunión

Finalmente, Magnifica Humanitas ofrece una expresión que puede resumir la misión pastoral ante las migraciones: «Ser constructores de comunión, no arquitectos de Babel» (MH 16). Esta llamada supone entender la integración como un proceso en el que todos pueden contribuir a construir una sociedad y una Iglesia renovadas.

Las personas migrantes no son únicamente destinatarias de la acción pastoral. También pueden ser protagonistas y ayudar a construir la Iglesia del futuro con sus experiencias, sus capacidades, su fe y sus dones.

En definitiva, Magnifica Humanitas invita a mirar las migraciones desde la dignidad y no desde el miedo; desde la justicia y no desde la exclusión; desde el encuentro y no desde la distancia. Una mirada que reconoce en cada persona migrante no una amenaza ni un problema, sino una persona con dignidad, recursos y sueños y una oportunidad para construir juntos una sociedad más humana, hospitalaria y fraterna.


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