Día Mundial Refugiado – Comunicado de la Mesa por la Hospitalidad

Día Mundial del Refugiado – 20.6.22
COMUNICADO DE LA MESA POR LA HOSPITALIDAD
DE LA IGLESIA DE MADRID
Al final de la entrada puedes descargar el Comunicado en PDF

Mesa por la Hospitalidad. Archidiócesis de Madrid.La Mesa por la Hospitalidad de la diócesis de Madrid, formada por la  Delegación de Pastoral de la Movilidad Humana, Cáritas Diocesana, Justicia y Paz de Madrid, Confer Madrid, la Comunidad de Sant´Egidio, SERCADE y Pueblos Unidos, quiere unir su voz a la de las entidades eclesiales y civiles que trabajan en la defensa de los derechos de todas las personas que diariamente se ven forzadas a desplazarse por el hambre, las guerras, el deterioro medioambiental, las persecuciones y otras formas de injusticia. Según un reciente informe de la ACNUR, “por primera vez desde que se tienen registros, el número de personas en situación de desplazamiento forzado superó la cifra de los 100 millones, es decir, el 1´3% del planeta”. Y lo hace para manifestar lo siguiente:

  1. La acogida a las personas refugiadas es muy importante, pero no puede reducirse a un mero acto de buena voluntad. Esa acogida implica, efectivamente, calidez, humanidad, la “compasión” (padecer-con) samaritana del evangelio. Se trata también de una acogida que se enraíza en los terrenos de la justicia, de los derechos humanos, de lo que “debemos” ofrecer más allá de nuestros sentimientos, gustos u oportunidad social y política.
  2. En este sentido, nos preocupa gravemente cómo, lejos de avanzar en el ejercicio de derechos ya reconocidos, vamos retrocediendo de una manera peligrosa en la práctica de los mismos: las dificultades para solicitar el empadronamiento, las restricciones en la atención sanitaria, la enorme tardanza en conseguir cita para solicitar el asilo, el gran número de denegaciones que se producen, etc. Son otras tantas formas de maltrato que la sociedad inflige a personas cuyo único “delito” es soñar con su derecho a un futuro mejor para ellos y para sus familias. En positivo, compartimos la tarea de todos aquellos colectivos sociales y eclesiales que apuestan por unas medidas legislativas adecuadas que regularicen la situación de tantas personas que están contribuyendo, de hecho, al enriquecimiento en todos los sentidos de nuestra sociedad. Como ya hemos manifestado en más de una ocasión, pedimos que se reconozca por derecho lo que ya es un hecho.
  3. Las diferentes administraciones, con sus respectivas competencias, tienen la tarea de garantizar el pleno desarrollo de esos derechos y de propiciar los recursos necesarios para llevarlos a la práctica. Lamentamos con mucho dolor que, con demasiada frecuencia, lejos de aunar y coordinar esfuerzos, cada administración culpa a las otras de lo que no hacen y se escudan en que tal o cual materia compete a las otras administraciones y no a ella: “unos por otros y la casa por barrer”. Abogamos por un ejercicio responsable y generoso de la política ejercida al servicio del bien común y en defensa de los más débiles. En positivo, colaboramos y colaboraremos lealmente con todas las iniciativas que favorezcan la acogida, la protección, la promoción y la integración de las personas
  4. El Papa Francisco no se cansa de urgirnos una y otra vez a construir “un nosotros cada vez más grande”. Ese “nosotros” incluye también a las sociedades y países que, aun muy distintos al nuestro, merecen que les incluyamos en el camino para ser “fratelli tutti” (todos hermanos). Lo cual implica la construcción de un nuevo orden internacional en el que nadie se vea obligado a salir de sus países y a sufrir vejaciones sin cuento -mortales muchas veces- en mares, desiertos, vallas y muros fronterizos.
  5. Recientemente, Sami Naïr, pensador francés de origen argelino, señalaba que “la llegada de millones de ucranios ha despertado una solidaridad loable. Ahora habría que universalizarla para que no se revele discriminatoria”. Y hacemos nuestra su apuesta final: Frente al auge del populismo xenófobo, es el momento de convertir el principio de hospitalidad en valor cardinal de la civilización. Los ucranios, y los demás refugiados, merecen beneficiarse de una política de asilo digna, equitativa y universal. ¡Ojalá si la bienvenida reacción de la UE frente a esta tragedia pudiera servir también para mirar de cerca el futuro del sistema de asilo!”.
  6.   Finalmente, en esta Jornada Mundial del Refugiado, queremos poner en un lugar destacado a las miles de personas y grupos que, en Madrid y en el mundo entero, se ponen de parte de los refugiados con su tiempo, su saber, su cariño, sus posibilidades materiales, su trabajo entrelazando redes y sinergias y, en fin, dando fuerza a sus palabras con la engañosa sencillez de su quehacer cotidiano. En la Iglesia de Madrid, reconocemos muchos de esos rostros, incluyendo gente que por su edad o situación personal, lo “único” que hacen es orar por los refugiados, dolerse con sus dolores y sonreír con sus avances.

En Madrid, a 20 de junio de 2022.

Comunicado en PDF (puedes descargarlo en este enlace):

Crisis de Ucrania: Carta y Peticiones de la Mesa por la Hospitalidad

– Carta abierta y Peticiones de la Mesa por la Hospitalidad ante la crisis de Ucrania –
ACOGIDA DE MIGRANTES FORZOSOS Y REFUGIADOSMesa por la hospitalidad. Diócesis de Madrid.[puedes descargar el documento pulsando este enlace]

Madrid, 7 de marzo de 2022

Peticiones concretas:

  1. Pisos y viviendas dispuestos para ser habitados por familias y migrantes forzosos.
  2. Otros espacios para acoger a personas refugiadas con calidad y calidez.
  3. Ayudas económicas en la cuenta: ES20 0075 7007 8306 0736 8971
  4. Personas comprometidas que de forma voluntaria quieran participar en la Hospitalidad.
  5. Que cada cual ayude a difundir esta llamada en sus ámbitos e impulse espacios de diálogo y reflexión en torno a la invitación del Papa Francisco a comprometernos con un nosotros más grande y que no haya más vallas y muros visibles e invisibles.
  6. Por último, pero no menos importante, recemos a Dios intensamente por la paz, porque como decía San Juan Crisóstomo “Nada en el mundo es más fuerte que el justo que reza”.
  7. Contacto: hospitalidad@archidiocesis.madrid

La Mesa por la Hospitalidad de la Archidiócesis de Madrid renueva su compromiso y llamada para impulsar acogida y cultura de Hospitalidad en nuestra diócesis, en nuestros barrios y ciudades.

«Todos estamos en la misma barca y estamos llamados a comprometernos para que no haya más muros que nos separen, que no haya más otros, sino sólo un NOSOTROS, grande como toda la humanidad» (Papa Francisco)

De nuevo, el susurro cotidiano de las migraciones y la movilidad humana se tornan en grito y clamor cuando la guerra, la crisis humanitaria y la opresión vuelven a expulsar de sus casas a quienes nunca quisieron dejar atrás familia, trabajo, amigos, tierra y hogar. Hoy Ucrania se suma a Centroamérica, Siria y a tantos países africanos y de otras latitudes que viven el drama de la migración forzada.

En 2018 lanzamos un llamamiento para impulsar la solidaridad en nuestra diócesis, a través de una carta del Cardenal D. Carlos Osoro y un díptico explicativo del contexto de crisis de acogida vivida en nuestras calles como consecuencia de la escasez de recursos en plena ola de frío. A ello se sumó la llegada de refugiados centroamericanos y de las personas procedentes de la frontera sur o de Siria. Acto seguido, se movilizaron parroquias, la vida consagrada, entidades, algún colegio y muchos particulares. Tras dos años, podemos decir que más de 1000 personas han encontrado refugio en los recursos sencillos y generosos que mes tras mes se han ido activando. Especialmente damos las gracias al empeño de cientos de personas voluntarias y a las parroquias que, noche tras noche, siguen abriendo sus puertas. Un gran paso que ha multiplicado la sensibilidad y la hospitalidad, pero que no es suficiente.

Llamados a ser una Iglesia valiente, que mira de frente y con compasión las realidades más sufrientes, observamos el éxodo ucraniano: según ACNUR, son más de millón y medio las personas que han huido de Ucrania en búsqueda de refugio. Como todos nos tememos, la cifra seguirá aumentando cada día con cada nuevo ataque y cada nueva agresión al pueblo ucraniano. Al igual que en otros conflictos bélicos, la mayor parte de las personas buscará asilo en los países más cercanos. Sin embargo, un gran número llegará a nuestras ciudades. Muchos ya lo están haciendo, sumándose así a otros migrantes forzosos.

La Mesa por la Hospitalidad ni quiere ni debe suplir a las administraciones públicas. Pero es el momento de “ensanchar nuestra tienda” y constituirnos en una diócesis en salida, al encuentro de los que llegan huyendo de la violencia y de la opresión. Muchas personas comienzan a alzar a su voz y a ofrecer solidariamente viviendas y espacios de acogida y por ello hacemos de nuevo un llamamiento para amplificar y multiplicar la solidaridad.

Necesitamos un compromiso mayor para “acoger, proteger, promover e integrar” a las personas forzosamente desplazadas. Por eso, nos dirigimos a las parroquias, congregaciones religiosas, movimientos, familias y particulares, con las peticiones concretas que aparecen al principio.

La Mesa por la Hospitalidad de la Iglesia en Madrid, que está integrada por Cáritas Madrid, la Comunidad de Sant’Egidio Madrid, Confer Migraciones Madrid, la Delegación Episcopal de Movilidad Humana, Justicia y Paz MadridPueblos Unidos y Sercade, fue convocada en 2015 por el cardenal Osoro para abordar la situación de los refugiados y desplazados que llaman a las puertas de Europa y dar una respuesta conjunta y coordinada desde la Iglesia madrileña.

Cáritas y Migraciones Málaga ante la situación de Melilla

Comunicado conjunto de Migraciones y Cáritas Málaga ante la situación de Melilla
– 3.3.22 –

Cáritas Málaga y Migraciones Málaga ante la situación en Melilla.La Delegación Diocesana de Migraciones de Málaga y Melilla y Cáritas Diocesana de Málaga quieren expresar su dolor ante tanto sufrimiento causado por los hechos que están aconteciendo en Melilla desde la mañana del miércoles 2 de marzo. Por ello, han elaborado un comunicado conjunto en el que desean manifestar lo siguiente:

Miles de personas vienen huyendo de las guerras, la miseria y la violencia. Como cristianos, no podemos mirar hacia otro lado. Debemos esforzarnos en conocer la realidad de la que vienen huyendo: 70 guerras tenemos olvidadas, pero están ahí. La situación en muchos países es verdaderamente preocupante. Ucrania, Mali, Guinea… todos necesitan y merecen nuestra empatía, solidaridad y protección, nuestra disponibilidad de acogida no puede hacer acepción de personas.

Por ello, denunciamos enérgicamente que la devolución en frontera de personas que intentan entrar en nuestro país, sin el debido procedimiento, es contraria a los derechos humanos, pues impide la protección internacional de refugiados y atenta contra la dignidad de toda persona. Esta violencia es una muestra más de la falta de humanidad en nuestras políticas migratorias.

Nosotros estamos llamados a inclinarnos sobre el extraño para socorrerlo, poniendo todos los medios a nuestro alcance. El buen samaritano no solo protegió al desvalido y curó sus heridas, sino que procuró su cuidado estableciendo «redes de colaboración” con el posadero. Debemos unir fuerzas para trabajar por la paz, que es inseparable de la justicia y la caridad, y que conlleva promover para todos una sociedad del cuidado y una fraternidad universal.

La Iglesia de Melilla, siempre atenta a estos movimientos migratorios, tiene su Red de servicios y programas de acogida y acompañamiento a estas personas, siempre alerta antes estos episodios, que por desgracia se repiten periódicamente. Cáritas de Melilla, junto con las Congregaciones religiosas de la Ciudad Autónoma, dentro de sus posibilidades, son una respuesta solidaria ante estos desgraciados eventos migratorios que generan tanta injusticia y sufrimiento.

Madrid: De turistas ucranianos a refugiados de guerra

DE TURISTAS UCRANIANOS A REFUGIADOS DE GUERRA
Los primeros ciudadanos de Ucrania que se han quedado varados en España enfrentan ya los problemas del sistema de acogida

Artículo de María Martín para El País de 3.3.22 (bajo suscripción)

Hace menos de una semana la familia Nemchuk estaba tomando el sol en una playa de arena negra de Lanzarote. Habían encontrado unos billetes muy baratos, así que Anastasiia y Alex cerraron su casa de madera en Odesa, a orillas del mar Negro, y dejaron al loro y al rottweiler con unos amigos para irse de vacaciones con sus cinco hijos. “Queríamos enseñarles el océano Atlántico”, cuenta la madre. Anna, la mayor, de 15 años, insistió en llevarse su violín y ensayar para una audición que tenía en abril, pero sus padres, cargados de trastos, la convencieron: “Venga, es solo una semana, ya ensayarás a la vuelta”. Pero estalló la guerra.

Las Caracolas. Ayuntamiento de Madrid.La familia, con las mejillas aún sonrojadas por el sol, está hoy en un centro de acogida para refugiados del Ayuntamiento de Madrid. Pasaban por la capital con la idea de alquilar una autocaravana y pasearse por Toledo, pero al aterrizar en Barajas, el pasado día 24, justo con el comienzo de la ofensiva rusa, su aerolínea les informó de que su vuelo estaba cancelado. Sus tarjetas de crédito comenzaron a fallar y se les agotó el dinero.

Los más pequeños, de dos, cuatro, ocho y diez años, corretean por el recinto ajenos a todo, pero el matrimonio, un ingeniero y una fisioterapeuta dedicada a sus hijos, está aún en estado de shock. Les costó un par de días asumir que no volverían a casa. De hecho, aún no lo han asumido. “Poco a poco estamos asimilando que esto no van a ser unos días. Sabíamos que había problemas, pero no podíamos imaginarnos una guerra”, mantiene Anastasiia, de 36 años. “No sabemos muy bien qué vamos a hacer. No sé si vamos a ser refugiados, ¡hace dos días éramos turistas!”, añade. “¡Qué locura!”, exclama su marido, de 57, llevándose las manos a la cabeza.

Los Nemchuk, así como decenas de compatriotas que ya están varados en diferentes ciudades españolas, son unos de los primeros ucranios de los que España tiene que ocuparse. Pero que la primera palabra que hayan aprendido en español sea “cita” da una idea del reto que supondrá estirar un sistema al que hace tiempo le han estallado las costuras.

La cita, el primer trámite que hacen todos los solicitantes de asilo para registrar ante la policía que buscan protección, no existe. Al menos en Madrid. La página, con información solo en castellano, se cuelga y la gente navega de un enlace a otro desesperada. Dimitri, un joven ucranio, que huyó desde Rusia cuando estalló el conflicto, aparece con su móvil con la página del Ministerio del Interior abierta. “No hay, no se puede, no sé como hacerlo”, se queja.

El atasco burocrático que afrontan hoy los ucranios es el que llevan meses sorteando el resto de potenciales refugiados, latinoamericanos en su mayoría. De las 350 personas que el lunes estaban en este y en otros dos centros municipales, más del 80% no había conseguido aún hacer la entrevista que formalmente les da acceso a los recursos de acogida estatales. Y además el 36% ni siquiera existe para el sistema porque sin citas no han podido registrar que quieren pedir asilo. Sin la entrevista, Migraciones suele hacer una excepción y acoge, pero sin el registro de la voluntad de pedir asilo, que también depende de Interior, no se da la plaza.

Si Marina no tuviese dos hijos de cinco y nueve años volvería andando a Ucrania. A luchar, si hiciese falta, asegura. Esta cajera de una gasolinera, de 37 años, se debate entre la culpabilidad y el alivio. Su marido, que trabaja en una farmacia, les regaló unas vacaciones en Madrid y ahora ellos están aquí y él obligado a incorporarse a una milicia armada que protege su ciudad, Irpin, en la provincia de Kiev. “Me siento culpable porque quiero acompañarle, pero me alegro de que mis niños estén protegidos”, explica.

Tampoco ella se imaginó que comenzaría una guerra. “Tenemos un conflicto desde 2014, pero yo no me metía con la política. Me paso el día trabajando y ocupada en cuidar de mis hijos y la casa. Ni en sueños podría imaginarme esto”, explica. “Su hotel estaba pagado hasta el día 26 y, ya sin techo y sin apenas dinero, se sentó en el banco de un parque a llorar. Una mujer se acercó y aunque no se entendían llamó a Emergencias. El Samur la llevó al centro de acogida. Al preguntarle por sus planes, rompe a llorar. Primero, porque teme no volver a ver a su marido. Después, por qué no tiene idea de qué pasos seguir. “No sé qué hacer, dijeron que iban a ayudarme, pero aquí están todos muy ocupados. No sé sacar esa cita”.

Objetivo: agilizar las acogidas

Está previsto que este jueves el Consejo Europeo active por primera vez la directiva de protección temporal para acoger ucranios que huyen a raíz del conflicto. La norma permitirá dar autorizaciones de residencia y trabajo de forma inmediata, sin que sea necesario iniciar el largo proceso del asilo y una yincana por las citas, pero el Gobierno, según fuentes conocedoras del proceso, aún no sabe cómo hacerlo. Y hay discrepancias. Mientras que hay sectores de la Administración que abogan por ofrecer trámites automáticos para evitar tapones; otros defienden que se añadan procesos de filtrado como entrevistas. No está claro tampoco aún cómo afectará a los ucranios a los que les pilló la guerra mientras viajaban como turistas o por trabajo. La acogida, también garantizada por la directiva europea, será otro cuello de botella.

La propia existencia de este centro municipal de 300 camas, en un ámbito que es competencia nacional, es el reflejo de la saturación con la que España afronta este reto inédito. El Ayuntamiento de Madrid abrió este lugar a comienzos de 2020 después de meses en los que decenas de familias latinoamericanas que buscaban asilo acabaran durmiendo a la intemperie porque el sistema no podía atenderlas. No era un recurso permanente, pero sigue abierto —y lleno— hasta hoy. En noviembre, el alcalde José Luis Martínez-Almeida acabó escribiendo una carta al ministro José Luis Escrivá, con quien tiene buena relación, para recordarle que su ministerio tardaba “cada vez más” en asumir la acogida de los solicitantes. Una media de 75 días, en vez de los 15 pactados. La carta aceleró las derivaciones, pero no tanto como le gustaría al Ayuntamiento.

Ayuntamientos y comunidades autónomas entregarán una relación de plazas que pueden ofrecer, para que a su vez España informe a la Unión Europea de sus capacidades. Pero la política de brazos abiertos que en momentos como este se pregona en los medios es mucho más compleja —y menos generosa— cuando hay que ponerla sobre el papel. De momento, la Secretaría de Estado de Migraciones, que afronta este momento con poco más de 150 camas libres, ha anunciado la apertura inmediata de 500 plazas en Madrid. Migraciones no descarta que haya que abrir hoteles. La capital incluso contempla habilitar polideportivos.

Cae la noche del lunes en el centro de acogida y decenas de personas peregrinan hasta la cocina para recoger las cestas de alimentos para la cena. Los ucranios se despiden ansiosos por más información que pueda aclararles su futuro en España. En la puerta, con el frío ya calando en los huesos, Pedro, su mujer y sus dos hijos, venezolanos recién llegados a la capital buscando refugio, preparaban unas mantas para pasar la noche a la intemperie.

Comunicado de la Mesa por la Hospitalidad – Día del Migrante

Comunicado de la Mesa por la Hospitalidad de la Archidiócesis de Madrid
EN EL DÍA INTERNACIONAL DEL MIGRANTE
– 18 de diciembre de 2021 –

[El Comunicado puede descargarse en PDF en este enlace]

Comunicado de la Mesa por la Hospitalidad Archidiócesis de Madrid. Día Internacional del Migrante.La Asamblea General de la ONU convoca a todas las naciones del mundo a procurar que los desplazamientos migratorios de las personas sean seguros, regulares y dignos. Nos recuerda la Declaración de Nueva York sobre Refugiados y Migrantes de 2016[1] y su compromiso con la protección de dignidad, seguridad y derechos de las personas migrantes. En este Día queremos significar, en línea con la enseñanza social de la Iglesia y los postulados de cualquier ética de mínimos:

1º Que los flujos migratorios son un elemento omnipresente e inevitable en la historia de la humanidad. Por eso, habrá que estar muy atentos para evitar dolores innecesarios y cualquier forma de vulneración, directa o indirecta, de los derechos humanos.

2º Que, teniendo en cuenta el sufrimiento que produce la movilidad humana, especialmente cuando se debe a razones traumáticas, son precisas políticas mucho más proactivas de cooperación internacional con los países de origen, de posicionamientos sin ambages por parte de nuestro Gobierno contra las dictaduras que originan la expulsión de conciudadanos, de colaboración multilateral para acabar con la corrupción de muchos gobiernos y la rentabilización que hacen sus corruptores, así como el aprovechamiento sin escrúpulos por parte de grupos organizados que explotan a los migrantes.

3º Es necesario establecer itinerarios reglados, respetuosos con el derecho a emigrar, y que garanticen que los desplazamientos no tengan consecuencias trágicas como la que el Papa Francisco ha llamado en Lesbos “el cementerio del Mare mortuum”, o la acontecida en Chiapas (Méjico).

4º Necesitamos marcos normativos que no contengan el germen patógeno, tan omnipresente en la normativa de extranjería, que percibe al inmigrante como un factor no de enriquecimiento social, sino de distorsión y amenaza.

5º Con las personas que han conseguido asentarse entre nosotros, tenemos que ser exquisitos en el cuidado de sus derechos. Deben terminar los irracionales limbos jurídicos que obligan a las personas desplazadas a no poder trabajar en condiciones dignas y tener que ser subsidiados de una u otra manera para poder sobrevivir. Aun más grave, si cabe, es la situación de irregularidad sobrevenida, originada por la incuria y falta de agilidad en la renovación de la documentación de las personas que ya habían obtenido un estatuto de legalidad entre nosotros: se ven abocadas a la pérdida de sus puestos de trabajo. con el consiguiente perjuicio para ellas, para la sociedad a cuyo beneficio trabajaban y a las empresas para las que se desempeñaban.

6º En el caso de la Comunidad de Madrid, especialmente en la actual situación de salud pública, vemos con preocupación las trabas y dificultades burocráticas para acceder a la atención sanitaria. Por un lado, la Comunidad niega el acceso a personas sin permiso de residencia que lleven menos de 3 meses en España, sin tener en cuenta situaciones, vulnerabilidades ni condiciones como ser menor de edad, estar embarazada, necesitar una atención urgente o tener una enfermedad grave cuyo tratamiento no puede demorarse. En el mejor de los casos, facilitaría la atención de urgencia en el centro de salud y permitiría la atención, pero factura la que se produce en una urgencia hospitalaria. Por otro lado, las personas a las que sí se reconoce el derecho, se encuentran con trabas burocráticas (cita previa para el alta en el sistema) y dificultades administrativas (por ejemplo, para empadronarse), que demoran en semanas y meses la posibilidad de atención.

La atención sanitaria y en especial la atención primaria son esenciales para asegurar la salud de cada persona y de la ciudadanía en su conjunto. En ese sentido, los derechos humanos, incluido el derecho a la atención sanitaria, no entienden de periodos de carencia que no tienen sentido cuando se trata de proteger de manera efectiva la salud de todos, máxime en una situación de emergencia sanitaria en la que la atención primaria juega un papel no suficientemente valorado.

7º Todos somos responsables de la suerte de todos. Los Derechos Humanos son una malla tupida que se asienta en el deber de cada uno de proteger la suerte de los más vulnerables. Romper esa valiosa red del lado de la parte más frágil, dejando en situación precaria precisamente a quien más necesita ser protegido, constituye una imperdonable afrenta a la ética y una provocadora amenaza a la paz y a la salud de todos. Seguimos sin aprender que ¡los virus no entienden de leyes de extranjería!

8º La delgada línea roja entre el bien y el mal, la dignificación y el envilecimiento social, la prueba del algodón del nivel moral y de la salud de nuestra sociedad se van a jugar en las respuestas políticas e institucionales de nuestras Administraciones (Gobierno, Comunidad Autónoma y Ayuntamientos) y en las actitudes de nuestra ciudadanía. Con el último estudio Foessa, “Lo que esconde el sosiego”[2], debemos prevenir la presencia de prejuicios étnicos que representan a la inmigración como amenaza, peligroso e injusto paso previo a la culpabilización de la inmigración de los problemas sociales estructurales que vivimos. Solo políticas públicas de protección social universal (de autóctonos y de inmigrantes) podrán asegurar una convivencia en paz y con cohesión social.

9º Hacemos nuestro el llamamiento de nuestro Arzobispo que invita a seguir suscitando ”realidades y realizaciones concretas de personas y grupos tanto eclesiales como sociales que apuestan por la acogida, la protección, la promoción y la integración de las personas inmigrantes y refugiadas. Muchas no son destinatarias pasivas de una acción benéfica, sino participantes activas en su proceso de integración […]. Todas esas realidades, la práctica de la hospitalidad y la reivindicación de derechos todavía no suficientemente reconocidos son a la vez sueños realizados que me llenan de esperanza y que agradezco profundamente, pero también retos y desafíos pendientes de realizar en el horizonte de «un nosotros cada vez más grande». A ello os convoco con ilusión”[3].

Madrid, a 18 de diciembre de 2021

Componen la Mesa por la Hospitalidad:


[1] Ver resumen de la Declaración y enlace a la misma en https://refugeesmigrants.un.org/es/declaration

[2] Véase https://www.caritas.es/producto/lo-que-esconde-sosiego-inmigracion/

[3] Carlos Card. Osoro Sierra, Carta con motivo de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2021, 20.9.21. Ver en https://www.archimadrid.org/index.php/arzobispo/cartas/carta-con-motivo-de-la-jornada-mundial-del-migrante-y-del-refugiado-2021