PARADÓJICA CELEBRACIÓN DE EPIFANÍA Y REYES
EN EL CENTRO DE INTERNAMIENTO DE EXTRANJEROS (CIE)
DE ALUCHE – Madrid
Por Rufino García Antón, sacerdote diocesano de Madrid,
capellán en el CIE de Aluche y delegado episcopal de Migraciones.
Lucía un sol luminoso y tibio, propio del invierno, cuando me dirigía ayer, 6 de enero, a celebrar la Misa de Epifanía y de Reyes al Centro de Internamiento de Extranjeros de Aluche, cargado con todos los elementos necesarios para la celebración en la mochila y el macuto, como hago habitualmente.
Iba yo cavilando en mi cabeza e interiorizando en mi corazón cómo transmitiría a las personas internas el sentido de la Epifanía, el manifestarse de Dios a todos los pueblos, reflejados en aquellos Magos que siguieron la Estrella hasta encontrar al Niño, a José y María en un pesebre ,y le adoraron, Y tambièn transmitir el gran regalo que Dios nos hace de su Amor sin fronteras y del regalo que estamos llamados a ser unos para otros con nuestra actitud acogedora y hospitalaria.
Una vez ya en el lugar de la celebración -un sótano de por sí lóbrego y oscuro- y con todas las personas dispuestas para empezar la Eucaristía (22 en total), se apagó la luz y quedamos absolutamente en tinieblas.
No fue una avería momentánea que se solucionase rápidamente; habían saltado los plomos y la luz no volvió a aquel lugar, ahora ya no solo lóbrego y oscuro, sino tenebroso. Una humilde vela encendida junto a una imagen del Niño Jesús que adoramos al final y la linterna del móvil, nos sirvieron para “iluminar” aquel espacio.
¡Ah! Y la luz más importante, la que provenía de la presencia de Jesús en todas aquellas personas que celebrábamos, como Él nos dijo: “donde dos o más están reunidas en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20). Esa luz que el profeta Isaías describía expresivamente en la primera lectura: “Las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor y su gloria se verá sobre ti. Caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora” (Is 60,2-3). ¡Pues vaya si brilló la luz en aquel espació lóbrego y tenebroso en todos los sentidos! La profecía de Isaías se cumplió sin glosa allí.
Y esta es la gran paradoja que tanto nos cuesta comprender y sobre todo vivir: que Dios nada cada día y en cada momento en los márgenes de la historia, que se “hace carne y habita entre nosotros”, “que vino a su casa, y los suyos no lo recibieron”, “que la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió”… (Jn 1,18).
Y esta es la paradoja que vivimos ayer en la celebración en el CIE: que estando a oscuras, la luz de Jesús brilló en las tinieblas y nos iluminó a todas las personas que participamos en ella; esa luz se reflejaba de una manera real y misteriosa a la vez en aquellos rostros heridos y vulnerados que no se perdían un ápice de lo que allí se decía y se celebraba, que se acercaron a adorar a Jesús y a recibir su bendición con verdadera unción, etc.
Y Jesús, por su parte, les estaba diciendo y nos está diciendo: “Venid, benditos de mi Padre, porque fui forastero y me acogisteis” (Mt 25,35). Aquellos a quienes Jesús acoge de una manera especial le acogen también a Él.
¡Bendita y paradójica celebración de Epifanía y de Reyes en el CIE de Aluche!
A 7 de enero de 2026.
Rufino García Antón, capellán en el Centro de Internamiento de Extranjeros de Aluche.
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