Fundación Acrescere SOY COMO TÚ INFANCIA QUE MIGRA SOLA
[tomado deAcrescere] [Entrada creada: 30.10.26; 1ª actualización: 31.10.26]
El próximo 13 de noviembre, Acrescere presenta en CaixaForum Madrid una campaña y un cortometraje para cambiar la mirada de la sociedad española sobre los niños y niñas que llegan solos y solas a España.
¿Qué ves cuando me miras? Con esta pregunta comienza una invitación a conocer a las personas que hay detrás de las etiquetas. A escuchar sus historias, comprender las dificultades que han afrontado y descubrir sus sueños y proyectos de vida.
Johanna, Saber, Hiba y Yasin son los protagonistas de ‘Soy como tú’. A través de sus voces, nos acercan a sus experiencias de infancia y adolescencia, a los apoyos que encontraron y a la vida que están construyendo hoy.
Fueron niños y niñas como tú. Con personas a las que querían, miedos, aficiones y planes para el futuro. Sus historias nos invitan a cuestionar los prejuicios y a recordar que, antes que migrantes, son niños, niñas y adolescentes con derechos.
EL VIAJE DEL PAPA LEÓN XIV A ESPAÑA Y SUS MENSAJES SOBRE LA REALIDAD DE LAS MIGRACIONES Rufino García Antón
Recogemos la conferencia deRufino García Antón, delegado de Migraciones de nuestra Archidiócesis de Madrid, sobre losmensajes acerca de las migraciones del Papa en su visita a España. Se realizó el 22 de octubre de este año 2026 en el Encuentro de los Delegados de Justicia y Paz de Europa de los Misioneros Espiritanos. Puedesdescargarla en PDF pulsando aquí.
Una breve mirada a la situación de Europa en relación con la realidad migratoria
Europa está formada por países y realidades muy diversas y es muy difícil hacer una descripción de la realidad migratoria en su conjunto. Por eso, voy a servirme de algunas pinceladas de la COMECE (Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea). La COMECE mantiene una postura activa y crítica frente a la realidad migratoria, defendiendo firmemente que la política de la Unión Europea debe basarse en la dignidad humana inviolable, la solidaridad y los valores cristianos deacogida al extranjero. Por eso, se opone a las devoluciones masivas y critica la externalización de las fronteras; propone vías legales y regulares, la solidaridad compartida y la atención a las causas en su raíz. La Iglesia articula estas demandas en un escenario donde los flujos migratorios son de vital importancia para el continente, porque contribuyen a la sostenibilidad demográfica y tienen un impacto laboralpositivo, siendo indispensables para la viabilidad económica y la sostenibilidad de los sistemas de pensiones en sectores clave como los servicios, los cuidados y la agricultura.
Esta postura de la COMECE está en relación con el Pacto Europeo de Migración y Asilo que entró en vigor el 12 de junio de 2026. La Iglesia, a través de este organismo, ha abogado históricamente por que el Pacto ponga a las personas en el centro de todas las decisiones y plantea un enfoque humanitario de tal manera que la gestión de las fronteras no anule la dignidad humana, se ha mostrado crítica con la “solidaridad a la carta” (que los países miembros puedan evadir su responsabilidad de acogida mediante compensaciones económicas), apuesta por la solidaridad y la generosidad (la gestión de la migración no puede recaer solo en los países de primera entrada (los países de la Frontera Sur) y reclama una solidaridad compartida entre todos los Estados miembros de la UE.
Finalmente, no podemos dejar de mostrar una gran preocupación por el auge de los grupos y partidos de la extrema derecha en muchos países de Europa, grupos y partidos con una postura claramente racista y xenófoba.
Los mensajes del Papa en su viaje a España están en continuidad con la doctrina de su antecesor, el Papa Francisco
En efecto: sin ánimo de ser exhaustivo en la exposición de la amplia y rica doctrina del Papa Francisco al respecto, es suficiente con que recojamos el mensaje de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado de 2018 y aquellos famosos cuatro verbos que se han constituido en una verdadera hoja de ruta en la pastoral de migraciones: acoger, proteger, promover e integrar.
“Considerando el escenario actual –señala el Papa-, acoger significa, ante todo, ampliar las posibilidades para que los emigrantes y refugiados puedan entrar de modo seguro y legal en los países de destino…. El principio de la centralidad de la persona, expresado con firmeza por mi amado predecesor Benedicto XVI, nos obliga a anteponer siempre la seguridad personal a la nacional”.
“El segundo verbo, proteger, se conjuga en toda una serie de acciones de defensa de los derechos y de la dignidad de los emigrantes y refugiados, independientemente de su estatus migratorio. Esta protección comienza en su patria y consiste en dar informaciones veraces y ciertas antes de dejar el país, asi como en la defensa ante las prácticas de reclutamiento ilegal…… Por tanto, espero que, en el respeto a su dignidad, les sea concedida la libertad de movimiento en los países de acogida, la posibilidad de trabajar y el acceso a los medios de telecomunicación”.
“Promover quiere decir trabajar con el fin de que a todos los inmigrantes y refugiados, así como a las comunidades que los acogen, se les dé la posibilidad de realizarse como personas en todas las dimensiones que componen la humanidad querida por el Creador”.
“El último verbo, integrar, se pone en el plano de las oportunidades de enriquecimiento intercultural generada por la presencia de los emigrantes y refugiados. La integración no es ´una asimilación, que induce a suprimir o a olvidar la propia identidad cultural. El contacto con el otro lleva, más bien, a descubrir su ´secreto´, a abrirse a él para aceptar sus aspectos válidos y contribuir así a un conocimiento mayor de cada uno´” (aquí el Papa Francisco cita a San Juan Pablo II en su mensaje de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado de 2005).
Estos cuatro verbos y las actitudes y hechos correspondientes se complementan mutuamente, no van por separado.
Ya en el primer discurso en el Encuentro con las Autoridades, con la Sociedad Civil y con el Cuerpo Diplomático, subrayó cómo la historia de España “sugiere que no es la cultura del enfrentamiento, sino la del encuentro, la que genera estabilidad y prosperidad”. Y un poco más adelante señaló cómo “la presencia del islam en la Península ibérica, por ejemplo, constituyó una realidad política, cultural y religiosa de larga duración. Durante ese período no solo hubo confrontación, sino que se intentó crear un espacio de contacto, conversación y diálogo sobre el sentido de la verdad entre cristianos, musulmanes y judíos”.
Y, volviendo a los cuatro verbos del Papa Francisco que antes señalábamos, también León XIV los tuvo presentes en sus mensajes
El de acoger lo puso de relieve en el acto de Visita a los Operadores y Asistidos del Proyecto Social “CEDIA 24 horas”, cuando, respondiendo a las palabras de un joven subsahariano, Khadri Edjahd, dijo: “Gracias a un sueño y a esa misma pequeña puerta, Khadri ha atravesado el oscuro túnel de la pandemia y un viaje lleno de incógnitas. Con la ayuda de quienes le tendieron la mano, demostrándole que lo apreciaban y creían en él, ha encontrado un trabajo y, sobre todo, ha recuperado las ganas no solo de seguir adelante, sino también de servir a su vez de apoyo a otros, tal y como lo han apoyado a él”.
Acogida que sintió el Papa en Madrid, como en todos los demás lugares de España que visitó, y que expresó muy agradecido con estas palabras: “Sinceramente estoy muy contento de comenzar aquí mi visita a Madrid. Como ha dicho su Eminencia –se refería al Cardenal Arzobispo de Madrid, Don José Cobo-, quien está en Madrid, es de Madrid. Y por tanto yo también estoy entre vosotros como un madrileño más: gracias, Madrid, por esta bienvenida. Una bienvenida que me hace sentir parte de una gran y maravillosa familia en la que, como en todas las familias, ocurren milagros de amor. En particular en esta casa, donde nadie se queda solo”. Y es que, en la experiencia del acogernos y de sentirnos acogidos, recibimos el impulso para ser más acogedores y encontrarnos con los diferentes, con los distintos, con los que no piensan como nosotros, con los que son de otra cultura o de otra religión, con los que son de otros países, etc.
El de proteger lo reflejó en su discurso del Puerto de Arguineguín, en Las Palmas de Gran Canaria: “Acabamos de escuchar una de las páginas más exigentes del Evangelio. Sabemos que este mismo capítulo hace también una advertencia que ningún creyente puede tomar a la ligera (Mt 25, 41-45: “Entonces dirá a los de su izquierda: ´Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis´. Entonces también estos contestarán: ´Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?´. Él les replicará: ´En verdad os digo: lo que no hicisteis con uno de estos, los más pequeños, tampoco lo hicisteis conmigo´”). Hoy, junto al mar, la Palabra se vuelve concreta: aquí llegan tantas vidas heridas, despojadas de casi todo, pero nunca de su dignidad. Aquí el Evangelio nos arranca del lugar del espectador y nos sitúa ante el hermano que llega. Nos pregunta si hemos sabido reconocer a Cristo en quienes desembarcan por el miedo, el hambre, la violencia, después del desierto, de la noche y del mar… Aquí hay personas recuperadas del mar y cuerpos exánimes rescatados de las aguas. Por eso, el sucesor de Pedro no puede desentenderse de estos muelles. La Iglesia no puede desentenderse de estas aguas ni de ningún lugar donde el hambre, la sed, la violencia, el miedo o el exilio siguen hiriendo la dignidad humana. Los discípulos de Jesús no pueden considerar ajeno el clamor de quienes gritan desde la noche”.
El de promover está presente también en varios momentos de sus mensajes. Así, cuando en el discurso que pronunció en el Encuentro con los miembros del Parlamento Español, les dijo que “la situación de los migrantes y refugiados exige una respuesta que mire a las personas, afronte las causas que les obligan a partir y vaya más allá de la mera gestión de flujos…… y promover al mismo tiempo el derecho a permanecer en la propia tierra, trabajando para que nadie tenga que abandonar su hogar por falta de paz, seguridad o condiciones dignas de vida, por las desigualdades económicas y los efectos de la crisis climática (cf. Magnifica Humanitas).
También aparece de una forma más o menos explícita en la Homilía en el Estadio de Gran Canaria: “En estas expresiones –se está refiriendo a 1J 4,9: “Dios envió al mundo a su Hijo para que vivamos por medio de él” y a Mc 2,9: “Levántate. Coge la camilla y echa a andar”-, reconocemos la invitación a abrazar maternalmente al que sufre, pero al mismo tiempo a preparar y alentar al que está herido para que se levante y vuelva a ponerse en marcha para una vida libre y digna”.
El de integrar lo expresó también en varios lugares, pero sobre todo en el Encuentro con las Realidades de Integración de los Migrantes en la Plaza del Cristo de La Laguna (Tenerife). Allí, el Papa comentó que “integrar no significa borrar la historia de quien llega ni exigirle que deje atrás todo lo que forma parte de su memoria. Tampoco significa crear mundos paralelos, cerrados unos a otros, donde las personas conviven sin encontrarse realmente. Integrar es un camino recíproco: quien llega aprende a habitar una tierra nueva, y quien recibe aprende a ensanchar su propia casa sin diluir su identidad ni cerrar el corazón al encuentro……. La última palabra pertenece a Cristo, que se identifica con el forastero, toca las heridas de la humanidad y nos llama a reconocerlo en cada hermano que necesita ser acogido, protegido, promovido e integrado. Alcemos la mirada hacia él, sin apartarla de quienes sufren; miremos al Señor para aprender a mirar con sus ojos a nuestros hermanos”.
Otros acentos presentes en los mensajes del Papa
La dignidad y el valor de cada persona, expresado en el discurso ya citado del Puerto de Arguineguín: “Queridos migrantes: antes de decirles cualquier otra palabra, quiero inclinarme ante su dignidad. No son números ni expedientes. Ustedes son personas con una familia y una casa dejada atrás; con sueños que nadie tiene derecho a despreciar. Pero también quiero decirles que su vida debe ser protegida. No entreguen su existencia a quienes comercian con ella. No les crean a quienes prometen paraísos fáciles a cambio de su cuerpo o de dinero, de silencio o de su libertad. Esas falsas promesas son “cantos de sirena”, son industrias de muerte”. En este mismo sentido, son particularmente proféticas las palabras de León XIV en su discurso en la catedral de Santa Ana, en Las Palmas de Gran Canaria, a los Obispos, los Sacerdotes, los Diáconos, los Religiosos, las Religiosas, los Seminaristas y los Agentes de Pastoral: “La dignidad humana exige vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación real contra los traficantes, protección efectiva a las víctimas, procesos serios de acogida e integración, y políticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propia tierra. Si bien existe un derecho a buscar refugio cuando la vida es amenazada, también existe el derecho a permanecer en la propia casa sin hambre, sin guerra, sin persecución, sin violencia, sin que la tierra se vuelva inhabitable, sin que la corrupción robe el pan de los pobres, sin que las armas destruyan el futuro de los niños. No podemos acostumbrarnos a contar muertos. La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera”.
El dolor por los que mueren en las rutas migratorias
El Papa lo expresó así en el Encuentro con los Migrantes del Centro Las Raíces: “Una conciencia humana, y más aún una conciencia cristiana, no puede permanecer indiferente ante las víctimas de los naufragios y de la falta de ayuda, ante esos cementerios del mar. Cada vida perdida en estas rutas es un fracaso para la familia humana. No obstante, existe también un naufragio silencioso después de la llegada: quedar solo en una ciudad, sin lengua, sin vínculos, sin confianza y expuesto a quienes se aprovechan de la vulnerabilidad. Integrar es impedir un segundo naufragio. Es ayudar a que quien llegó lastimado no quede fijado para siempre en su dolor, sino que pueda volver a ponerse en pie, reconocer sus dones y ofrecerlos a la comunidad”.
Contundentes en este sentido fueron también las palabras finales del Santo Padre en el discurso ya referido en la Catedral de Santa Ana (Las Palmas de Gran Canaria) en el Encuentro con los Obispos y demás miembros de la Iglesia diocesana: “Y que la historia no tenga que acusarnos de haber convertido el dolor de los que sufren en paisaje habitual de nuestras costas. Porque hoy, aquí, junto al mar, cada vida que llega nos pregunta qué queda de nuestra humanidad. Tarde o temprano, se sabrá si supimos custodiarla o si dejamos que la indiferencia hablara por nosotros”.
Una llamada a la esperanza y a alzar la mirada
Así se despidió el Papa en la Homilía de la Misa de despedida en el Puerto de Santa Cruz de Tenerife: “Regreso a Roma conmovido por el gran afecto con el que me han recibido, y reconfortado por los testimonios de fe y de amor a la Iglesia, expresiones del gran corazón católico de España. Desde este puerto, que lleva el nombre de la Santa Cruz, mi pensamiento se extiende al mundo entero y a sus heridas, que hacen sufrir a pueblos enteros. A todos quisiera repetirles el lema de este viaje: ´¡Alzad la mirada!´. Sí, dirijamos la mirada a Cristo Crucificado; su Corazón es la fuente de la misericordia, la única que puede salvar a la humanidad necesitada de perdón y de reconciliación para alcanzar una paz verdadera y duradera. ¡Levantemos la mirada como lo hizo María, la Madre de todos los que sufren, y guiados por ella retomemos el camino con esperanza!”.
Conclusión
Termino esta exposición como la empecé: dando las gracias por la invitación a participar en este Encuentro de los Delegados de Justicia y Paz de Europa de los Misioneros Espiritanos. Me siento enriquecido y agradecido por la posibilidad que he tenido de compartir con vosotros los mensajes del Papa León XIV en su reciente viaje a España. Y rezo para que Europa no pierda de vista sus raíces y sea fermento de Justicia y de Paz para el mundo. ¡MUCHAS GRACIAS!
Porque los delegados de migraciones de la Iglesia española acordaron que lo celebraran, en una u otra forma, todas las diócesis (más explicación y materialesen esta entrada).
Porque se está atentando contra la dignidad de las personas migrantes. Porque sigue habiendo muertes injustas, fronteras fortaleza. Porque los medios de comunicación y nuestros políticos manipulan el significado de nuestro vocabulario y de muchas conciencias. ¡Seguiremos denunciando toda ley y acto contra las personas migrantes!
¿Qué son los Círculos de Silencio?
Una acción NO VIOLENTA en solidaridad con las personas inmigrantes y de reivindicación de los derechos de todas las personas. Defendemos la noviolencia como el camino a seguir y a descubrir, que ponga siempre la conciencia por encima de la ley.
Delegación diocesana de Pastoral con Migrantes II JORNADA DE BUENAS PRÁCTICAS CON MIGRANTES Y REFUGIADOS – Sábado, 17 de octubre –
[entrada publicada el 4.10.26; 4ª actualización: 17.10.26]
APORTES TRAS EL EVENTO:
⇒ ⇒ ⇒ÁLBUM DE FOTOS y UN VÍDEO:pulsa aquí (para ir al álbum en Flickr) o mira al final de esta página. ⇒ ⇒ ⇒CRÓNICA DE LUIS MODINO para Alfa y Omega: pulsa aquí.
En el marco del encuentro que la Comisión Episcopal para la Pastoral Social y Promoción Humana de la Conferencia Episcopal Española celebró el lunes 7 de septiembre, cada departamento realizó una reflexión sobre la vinculación de la última encíclica del Papa León XIV, Magnifica Humanitas, con sus respectivas realidades pastorales. En este artículo resumimos las referencias de la encíclica con el área de Migraciones.
La encíclica del papa León XIV sitúa a las personas migrantes, refugiadas y desplazadas en el centro de la reflexión sobre la justicia social y ofrece seis claves para una pastoral basada en la acogida, la integración, la defensa de derechos y la fraternidad.
Una de las imágenes más significativas de la encíclica presenta a los migrantes, junto con los pobres, los enfermos y los pequeños, como aquellos que no deben convertirse en «piedras desechadas», sino en «piedras angulares» para construir una tierra verdaderamente humana, hospitalaria y fraterna (MH 16).
Esta mirada evoca la tradición bíblica que recuerda la especial preocupación de Dios por el huérfano, la viuda y el extranjero, y conecta también con la llamada del papa Francisco en su mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado de 2019: «No se trata solo de migrantes».
La cuestión migratoria afecta, por tanto, al conjunto de la sociedad y al futuro de la familia humana. La forma en que una comunidad acoge, trata e integra a las personas migrantes contribuye a definir el modelo de sociedad que quiere construir: una sociedad marcada por el miedo, la exclusión y el poder, o un hogar común construido desde la fraternidad y el encuentro.
Esta perspectiva aparece de manera especialmente clara en el número 81 de Magnifica Humanitas, dedicado a la justicia social. El Papa afirma que «un examen decisivo para la justicia social hoy está representado por la condición de los migrantes, de los refugiados y de cuantos son obligados a desplazarse a causa de la pobreza, la violencia, el cambio climático y los desastres naturales». Y añade: «El modo en el cual una sociedad los trata muestra si su idea de justicia está guiada por el miedo o la fraternidad» (MH 81). Las migraciones se convierten así en una prueba del sentido de justicia de una sociedad.
La encíclica alerta también sobre las formas de exclusión que pueden surgir del uso deshumanizado de la tecnología, especialmente cuando determinados grupos tienen dificultades para acceder a ella o cuando los algoritmos reproducen prejuicios y discriminaciones (MH 80). Además, advierte del riesgo de que las personas concretas queden ocultas detrás de datos y categorías en sistemas automatizados cuando decisiones relacionadas con el trabajo, la seguridad, el acceso a servicios o el control de fronteras se delegan en sistemas tecnológicos (MH 103). La brecha digital puede convertirse, de este modo, en una nueva frontera para las personas migrantes.
Seis claves para una pastoral con personas migrantes
1. Defender la dignidad de cada persona
En la era de la inteligencia artificial, el Papa advierte de que esta dignidad «corre el riesgo de verse eclipsada por nuevas formas de deshumanización» (MH 15). Frente a ello, la encíclica reclama poner siempre al ser humano en el centro de las decisiones (MH 16). Aplicado a la pastoral con personas migrantes, significa reconocer a la persona por encima de su situación administrativa, su nacionalidad, su condición económica o cualquier otra etiqueta social.
La persona migrante no puede quedar reducida a su condición de extranjera, a su situación documental o a una cifra dentro de las estadísticas migratorias. Su dignidad es anterior a cualquier circunstancia.
2. Defender los derechos y actuar sobre las causas
La segunda orientación pasa por custodiar el derecho a la esperanza de quien se ve obligado a partir y, al mismo tiempo, promover el derecho a permanecer en la propia tierra en paz y seguridad.
Esto implica acompañar a quienes llegan, pero también preguntarse por qué han tenido que salir. La pastoral está llamada a combinar acogida, protección, promoción, integración y denuncia profética.
La acción pastoral no puede limitarse a aliviar las consecuencias de la injusticia; debe contribuir también a transformar las causas.
3. Pasar de una pastoral para migrantes a una pastoral con migrantes
Si las personas migrantes son, como recuerda el Papa, personas «con dignidad, recursos y sueños», también tienen derecho a convertirse en parte activa de las sociedades que las acogen y por tanto también en la Iglesia.
Se trata de avanzar de una pastoral para migrantes a una pastoral con migrantes, reconociéndolos como miembros del Pueblo de Dios y valorando los dones que aportan a las comunidades. La inclusión y la integración generan así un enriquecimiento recíproco: tanto quien acoge como quien es acogido pueden contribuir a construir una comunidad más abierta y fraterna.
4. Atender las nuevas formas de exclusión digital
La digitalización creciente de los procedimientos administrativos puede convertirse en una nueva barrera para quienes tienen menor acceso a los recursos tecnológicos o menor competencia digital.
Este escenario abre un nuevo campo para la pastoral migratoria, que puede incorporar progresivamente acciones como el acompañamiento ante procedimientos automatizados, la alfabetización digital, la prevención frente a la desinformación y la sensibilización sobre los riesgos de discriminación algorítmica.
La brecha digital debe ser contemplada como una posible nueva frontera que es necesario acompañar y superar.
5. Combatir el miedo y construir fraternidad
«El modo en el cual una sociedad los trata [a los migrantes] muestra si su idea de justicia está guiada por el miedo o la fraternidad» (MH 81).
Esta afirmación puede convertirse en un principio orientador de la pastoral con personas migrantes. Las dificultades relacionadas con las migraciones no son únicamente económicas o jurídicas. También tienen una dimensión cultural y emocional.
El miedo puede alimentar prejuicios, rechazo, racismo, discursos de odio y polarización. Frente a ello, la Iglesia está llamada a promover una cultura alternativa basada en el encuentro, el conocimiento mutuo y la fraternidad.
6. Ser constructores de comunión
Finalmente, Magnifica Humanitas ofrece una expresión que puede resumir la misión pastoral ante las migraciones: «Ser constructores de comunión, no arquitectos de Babel» (MH 16). Esta llamada supone entender la integración como un proceso en el que todos pueden contribuir a construir una sociedad y una Iglesia renovadas.
Las personas migrantes no son únicamente destinatarias de la acción pastoral. También pueden ser protagonistas y ayudar a construir la Iglesia del futuro con sus experiencias, sus capacidades, su fe y sus dones.
En definitiva, Magnifica Humanitas invita a mirar las migraciones desde la dignidad y no desde el miedo; desde la justicia y no desde la exclusión; desde el encuentro y no desde la distancia. Una mirada que reconoce en cada persona migrante no una amenaza ni un problema, sino una persona con dignidad, recursos y sueños y una oportunidad para construir juntos una sociedad más humana, hospitalaria y fraterna.
CÍRCULO DE SILENCIO en solidaridad con los inmigrantes – 2.10.26 en Callao (Madrid) de 20.30 a 21.30 –
[entrada publicada: 6,9.26; 2ª actualización: 1.10.26]
Porque los delegados de migraciones de la Iglesia española acordaron que lo celebraran, en una u otra forma, todas las diócesis (más explicación y materialesen esta entrada).
Porque se está atentando contra la dignidad de las personas migrantes. Porque sigue habiendo muertes injustas, fronteras fortaleza. Porque los medios de comunicación y nuestros políticos manipulan el significado de nuestro vocabulario y de muchas conciencias. ¡Seguiremos denunciando toda ley y acto contra las personas migrantes!
¿Qué son los Círculos de Silencio?
Una acción NO VIOLENTA en solidaridad con las personas inmigrantes y de reivindicación de los derechos de todas las personas. Defendemos la noviolencia como el camino a seguir y a descubrir, que ponga siempre la conciencia por encima de la ley.