José L. Pinilla – EL REGALO QUE LLEGA TARDE (y no es oro, incienso o mirra).

EL REGALO QUE LLEGA TARDE
(y no es oro, incienso o mirra)

Por José Luis Pinilla, SJ,
para Vida Nueva Digital de 5.1.26.

Dicen que hubo un cuarto rey.

No aparece en los Evangelios ni en los belenes de escayola, pero camina por la memoria secreta de quienes han aprendido que llegar tarde no siempre es llegar mal.

Se llamaba Artabán.

El cuarto Rey Mago. Por José Luis Pinilla.
Otros dones

Y no llevaba oro, incienso ni mirra. Llevaba lo que hoy aún pesa en los bolsillos del alma: tiempo, palabra, escucha, conciencia; llevaba la capacidad de indignarse ante la injusticia y la torpeza bendita de detenerse cuando el mundo apremia a pasar de largo. Llevaba, sin saberlo, los dones frágiles que también sostiene nuestra sociedad: sanidad que cura, educación que despierta, derechos que protegen, manos anónimas que sostienen a los caídos.

Ese rey había quedado con los otros reyes en una ciudad antigua, allí donde el desierto aprende a pronunciar los nombres de Dios. La estrella estaba clara, el acuerdo sellado. Pero en el camino encontró a un anciano tendido junto al polvo, enfermo y solo. Nadie lo esperaba. Nadie lo contaba. Artabán se arrodilló. Perdió tiempo. Regaló cuidado. Y cuando levantó la vista, los otros ya se habían marchado.

Así comenzó su viaje solitario.

No regresó. No se excusó. Siguió adelante. Siempre hacia Belén. Siempre un poco tarde.

Hacia Belén

Cuando llegó, el niño ya no estaba. La violencia había vuelto a escribir la historia con sangre, y la Sagrada Familia huía como huyen hoy tantos: sin papeles, sin escolta, sin más patria que el miedo. Artabán entendió entonces que buscar a Dios no es seguir una estrella fija, sino aprender a reconocerla cuando se esconde en los cuerpos vulnerables.

Y caminó.

Cada día encontraba a alguien que necesitaba más que él. Un enfermo al que nadie tocaba. Un preso olvidado por la ley. Un hambriento con los ojos llenos de invierno. Una mujer vendida para pagar culpas ajenas. Y cada vez, Artabán entregaba uno de sus dones: tiempo robado al éxito, palabras dichas a contracorriente, recursos compartidos, silencios habitados, indignación convertida en ternura.

Su equipaje se fue vaciando.

Pero su corazón, no.

Su última esperanza

Treinta y tres años duró la búsqueda. La edad exacta de los hombres que aman hasta el extremo. Llegó a Jerusalén cuando la justicia ya había sido crucificada y el amor colgaba desnudo de la historia. Allí, al pie del Gólgota, con Cristo abierto de brazos,   comprendió que tampoco esta vez llegaba a tiempo.

Miró y consideró ignacianamente al “Señor nacido en suma pobreza, y al cabo de tantos trabajos, de hambre, de sed, de calor y de frío, de injurias y afrentas, para morir en cruz; y todo esto por mí” (EE 116).

Se miró a sí mismo: Solo le quedaba un don: su última esperanza.

Y la entregó. Como siempre. Para liberar a otra persona. Para salvar a alguien que no era él.

Entonces cayó. Exhausto. Convencido de haber fracasado.

Nunca adoró al Niño.

Nunca entregó sus regalos.

Nunca llegó a Belén.

O eso creyó.

Porque en el umbral de la muerte escuchó una voz —no desde el cielo, sino desde lo hondo— que le habló de cada gesto, de cada demora, de cada acto de compasión. De cada vez que eligió detenerse cuando el mundo exigía velocidad. De cada vez que defendió la dignidad humana con las manos vacías.

— ¿Cuándo hice yo eso por ti? —preguntó Artabán.

Y la respuesta fue sencilla, como lo son todas las verdades que salvan:

— Cada vez que lo hiciste por uno de ellos, llegaste a mí.

Por eso este relato se ofrece como frontispicio.

Porque quizá el regalo que esperas de Reyes no sea llegar primero, sino llegar hondo.

No tener más, sino compartir mejor.

No brillar, sino acompañar.

Y porque tal vez —solo tal vez— el cuarto rey sigamos siendo nosotros.

CIE de Aluche – LA PARADOJA DE LA OSCURIDAD EL DÍA DE LA ESTRELLA DE LOS MAGOS

PARADÓJICA CELEBRACIÓN DE EPIFANÍA Y REYES
EN EL CENTRO DE INTERNAMIENTO DE EXTRANJEROS (CIE)
DE ALUCHE – Madrid

Por Rufino García Antón, sacerdote diocesano de Madrid,
capellán en el CIE de Aluche y delegado episcopal de Migraciones.

Lucía un sol luminoso y tibio, propio del invierno, cuando me dirigía ayer, 6 de enero, a celebrar la Misa de Epifanía y de Reyes al Centro de Internamiento de Extranjeros de Aluche, cargado con todos los elementos necesarios para la celebración en la mochila y el macuto, como hago habitualmente.

CIE de Aluche. Paradójica Celebración Epifanía y Magos. Luz en la oscuridad.Iba yo cavilando en mi cabeza e interiorizando en mi corazón cómo transmitiría a las personas internas el sentido de la Epifanía, el manifestarse de Dios a todos los pueblos, reflejados en aquellos Magos que siguieron la Estrella hasta encontrar al Niño, a José y María en un pesebre ,y le adoraron, Y tambièn transmitir el gran regalo que Dios nos hace de su Amor sin fronteras y del regalo que estamos llamados a ser unos para otros con nuestra actitud acogedora y hospitalaria.

Una vez ya en el lugar de la celebración -un sótano de por sí lóbrego y oscuro- y con todas las personas dispuestas para empezar la Eucaristía (22 en total), se apagó la luz y quedamos absolutamente en tinieblas.

No fue una avería momentánea que se solucionase rápidamente; habían saltado los plomos y la luz no volvió a aquel lugar, ahora ya no solo lóbrego y oscuro, sino tenebroso. Una humilde vela encendida junto a una imagen del Niño Jesús que adoramos al final y la linterna del móvil, nos sirvieron para “iluminar” aquel espacio.

¡Ah! Y la luz más importante, la que provenía de la presencia de Jesús en todas aquellas personas que celebrábamos, como Él nos dijo: “donde dos o más están reunidas en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20). Esa luz que el profeta Isaías describía expresivamente en la primera lectura: “Las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor y su gloria se verá sobre ti. Caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora” (Is 60,2-3). ¡Pues vaya si brilló la luz en aquel espació lóbrego y tenebroso en todos los sentidos! La profecía de Isaías se cumplió sin glosa allí.

Y esta es la gran paradoja que tanto nos cuesta comprender y sobre todo vivir: que Dios nada cada día y en cada momento en los márgenes de la historia, que se “hace carne y habita entre nosotros”, “que vino a su casa, y los suyos no lo recibieron”, “que la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió”… (Jn 1,18).

Y esta es la paradoja que vivimos ayer en la celebración en el CIE: que estando a oscuras, la luz de Jesús brilló en las tinieblas y nos iluminó a todas las personas que participamos en ella; esa luz se reflejaba de una manera real y misteriosa a la vez en aquellos rostros heridos y vulnerados que no se perdían un ápice de lo que allí se decía y se celebraba, que se acercaron a adorar a Jesús y a recibir su bendición con verdadera unción, etc.

Y Jesús, por su parte, les estaba diciendo y nos está diciendo: “Venid, benditos de mi Padre, porque fui forastero y me acogisteis” (Mt 25,35). Aquellos a quienes Jesús acoge de una manera especial le acogen también a Él.

¡Bendita y paradójica celebración de Epifanía y de Reyes en el CIE de Aluche!

A 7 de enero de 2026.
Rufino García Antón, capellán en el Centro de Internamiento de Extranjeros de Aluche.

Vigilia 2025 CIE: ÁLBUM DE FOTOS

CIE (Centro Internamiento Extranjeros):
ESPACIO DE DESHUMANIZACIÓN
– Vigilia por las personas internadas en los CIE: 4.10.25 –

Las fotos y el álbum pueden descargarse y compartirse, pero no usarse con fines comerciales. Si se publican, debe darse acredito al autor: Pastoral Social
El álbum está en Flickr: https://flic.kr/s/aHBqjCwdD8