Comunicado de la Mesa por la Hospitalidad sobre la situación actual

Comunicado de la Mesa por la Hospitalidad sobre la situación actual
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Logo de la Mesa por la Hospitalidad de Madrid“LA PRESENCIA VIVA Y ACTIVA DE MIGRANTES EN MADRID ES UNA RIQUEZA INCALCULABLE”
Comunicado de la Mesa por la Hospitalidad de la Iglesia en Madrid ante la Jornada Mundial del Migrante y el Refugiado del próximo domingo

Madrid, 21 de septiembre de 2021

La Mesa por la Hospitalidad de la Iglesia en Madrid, ante la próxima Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado el domingo 26, nos dirigimos a los cristianos y a toda la sociedad madrileña de la que formamos parte. Y lo hacemos desde nuestro compromiso con las personas migrantes, sumándonos a la feliz expresión «esperábamos trabajadores, vinieron personas, y queremos vecinos».

El regalo de los hombres y mujeres migrantes

Ante todo, seguimos afirmando que la presencia viva y activa en la Comunidad de Madrid de personas migrantes es una riqueza incalculable. Riqueza y regalo para todos y en todos los sentidos: humano, cultural, social, religioso, económico… Vivimos la génesis de “un nosotros cada vez más grande”, como proclama el lema de la próxima Jornada. Un «nosotros» que provoca rejuvenecimiento vital y biológico, crecimiento de la pluralidad y de la diversidad que camina hacia la interculturalidad, una sociedad que aprende y exige el acoger y el convivir (aun con actos tristes pero puntuales) como se ha visto y se ve en los problemas de barcos de rescate en el Mediterráneo, en la reciente crisis afgana, en los dramas humanos de Canarias o Melilla, en el espanto ante las vidas engullidas por el mar y por la inhumanidad de nuestras estructuras, etc. Reconocemos el valor de los espacios de diálogo entre el Estado y la Iglesia, aun sabiendo que tenemos puntos de vista distintos sobre qué es una acogida y acompañamiento integral y acorde con la dignidad de la persona. Y vemos tantas manifestaciones cívicas y sociales que proclaman «Queremos Acoger», con la acción profética de colectivos sociales grandes y pequeños, desconocidos muchos de ellos para el gran público, pero dotados de hombres y mujeres que aúnan lo que saben y tienen al servicio del imparable fenómeno de la migración: piensan globalmente y actúan localmente.

Reconocemos el mismo aire fresco de la migración dentro de nuestra Iglesia. El posicionamiento oficial de la Iglesia es claro, rotundo, y sin medias tintas. Y se basa y se ejerce desde el documento papal “20 Puntos de Acción para los Pactos Globales” y los cuatro verbos que los cimientan: acoger – proteger -promover – integrar. Todo en la gozosa,  global, y evangélica propuesta de “Fratelli Tutti”.

Así, nos alegra y compromete la paulatina incorporación de migrantes latinos a nuestras comunidades. La Iglesia madrileña ha realizado un estudio para poner en marcha una correcta pastoral latina, sin olvidar el reconocimiento de la religiosidad popular en origen. Crece el trabajo en red -incluyendo nuestra Mesa por la Hospitalidad- y la labor callada de mucha gente en grupos eclesiales y civiles caminando juntos con inmigrantes y contra la lacra de la trata. Aumentan los recursos de primera acogida y los proyectos de acompañamiento a medio y largo plazo, incluyendo fórmulas de sabor y talante literalmente familiar. Ofrecen -desde recursos materiales muy precarios- la «calidad y calidez» que demanda el papa Francisco, y, a la vez, viven que es mucho más lo que reciben de estos hermanos y hermanas migrantes que lo que se les da. Todo ello conjuntando lo humano y lo técnico, el hacer cotidiano con la incidencia profética y sociopolítica, el corazón samaritano con la cabeza formada y reflexionada (a lo que contribuye la Mesa con nuestro «Prontuario de actuación para la acogida»).

Sombras e injusticias

Todo lo anterior se entrevera de sombras y de injusticias que no son fruto de la casualidad o la mala suerte, sino de acciones y actitudes personales que se corresponden con políticas y criterios de las autoridades. Las hemos denunciado y las seguiremos denunciando, a la vez que tendemos la mano para, juntos, crear unas estructuras acordes a los Derechos Humanos y a los aparentemente olvidados «Pactos Globales» promovidos por la ONU y aprobados por la mayoría de la Comunidad Internacional para establecer “una migración segura, ordenada y regular”.

No podemos callar y cruzarnos de brazos ante:

  1. Una política del Estado en la que predomina el Ministerio de Interior sobre el de Migraciones, lo que presenta a la migración como una cuestión de orden público en vez de como una realidad de justicia y solidaridad. Se trata del paralelo de las políticas europeas de las que participamos, encaminadas a levantar muros y no a hacer reales los Derechos Humanos.
  2. Situaciones sangrantes que perduran en el tiempo sin un planteamiento moral y legal correcto de las autoridades: los limbos de los que salen del sistema de protección, los criterios restrictivos de asilo y refugio, el olvido de la frontera sur y de los ahogados, el reciente rechazo -ilegal e inmoral- de menores marroquíes no acompañados en Ceuta, el no reconocimiento legal de derechos fundamentales de las personas inmigrantes y las trabas para el ejercicio de otros, la permanencia de los inútiles e injustos CIE, el dejar a tantos en la calle y sin recursos…
  3. Una alarmante falta de respuesta de las administraciones ante las diletantes esperas para renovar papeles que provocan irregularidad sobrevenida, el olvido de los menores extutelados y su cada día más compleja situación, la falta de políticas integrales -y no de meros y escasos parches- de inserción social…
  4. La ciudadanía -también entre los cristianos- que ya no contemplan con escándalo y dolor las muertes en el mar por su repetición. O que van rumiando un cierto rechazo sordo a los inmigrantes -especialmente en los sectores que comparten las mismas condiciones de vida y que buscan las mismas ayudas-. O que muestran actitudes ¡y acciones! claramente xenófobas y -sobre todo- aporofóbicas. O el empeño -no casual- por criminalizar a la población migrante más allá de la realidad de los datos que desmienten tal cosa.
  5. La incapacidad de la comunidad internacional para implementar un sistema social y económico que evite el que tantas personas se vean forzadas a salir de sus países para vivir dignamente. Y, a la vez, para organizar un sistema digno y humanitario de migración, evitando las prácticas mafiosas que provocan muertes y tráfico de personas.
  6. Una reforma de la Ley de Extranjería que responda, en verdad, a los Derechos Humanos y la legalidad que de ellos se deriva.
  7. El no querer poner en marcha en España los “Corredores Humanitarios”, que en varios países europeos han implicado a la sociedad civil y a las iglesias cristianas, y han mostrado ser un camino con éxito para la acogida y la integración.

Abriendo futuro en el Espíritu del Reino

Nos toca dar respuesta real -afectiva sí, pero también efectiva- a todo lo dicho. Punto a punto. Y hacerlo con aquello que es esencial e ineludible a nuestro camino de discípulos: el poner en primer lugar de nuestro ser y hacer a aquellos migrantes más excluidos, a las aquellas personas de entre los migrantes a los que nadie atiende.

Para ello, necesitamos ser esa “Iglesia en salida” que potencia los espacios de acogida y de convivencia en las parroquias, comunidades, familias, etc., en una tarea donde el laicado debe adquirir el protagonismo que le es propio, también en la denuncia profética y la incidencia sociopolítica. Una tarea en la que no podemos ser «nosotros» y «ellos», los migrantes, sino una fraterna imbricación de todos, dando y recibiendo unos de otros, y sin olvidar lo específico de la segunda y tercera generación. Una tarea que hagamos enlazados en red con las entidades sociales. Una tarea con un gran papel de los medios de comunicación eclesiales, los «grandes» y los «pequeños».

Como sociedad y estado de derecho, hemos de ofrecer fórmulas de integración de inmigrantes y refugiados, sin que todo se ideologice o se incluya en la disputa partidista y política. Y esto subrayando la labor insustituible y esencial de quienes se dedican profesionalmente a la política en las administraciones europeas, nacionales, autonómicas, y locales.

Frente a la globalización de la indiferencia, la globalización de la solidaridad”, proclama Francisco. Como Mesa por la Hospitalidad, unimos las manos y el corazón de la Iglesia madrileña a la de tantos colectivos y personas que, desde muchos ámbitos, abren espacios de ternura y de eficacia a los hermanos y hermanas migrantes. Con ellos denunciamos y construimos. Para que ningún ser humano vea pisada ni su dignidad inalienable ni sus derechos, sea cual sea su origen. Para que caminemos hacia «Un ‘nosotros’ cada vez más grande». Para que, en fin, sigamos el empuje del Espíritu del Señor Jesús -crucificado en los hermanos, resucitado también en ellos- en el camino hacia un mundo tal y como el Padre lo soñó.

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La Mesa por la Hospitalidad dde la archidiócesis de Madrid la convoca y preside el cardenal Carlos Osoro. La componen las entidades eclesiales Cáritas diocesana de Madrid – Comunidad de Sant’Egidio Madrid – CONFER Madrid – Delegación episcopal de Movilidad Humana – Justicia y Paz Madrid – Pueblos UnidosSERCADE.

Publicado en Documentación, Intervención sociopolítica.

Un comentario

  1. Pingback: Vivir sin CIE es posible | Noticias Obreras

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