LEÓN XIV en el PUERTO DE ARGUINEGUÍN

LEÓN XIV EN EL PUERTO DE ARGUINEGUÍN
ENCUENTRO CON LAS REALIDADES DE ACOGIDA DE MIGRANTES
En el texto incluimos las intervenciones de varias personas antes de la del papa –

(la llegada del papa empieza en el vídeo en 00:19:27)

DON JOSÉ MAZUELOS, obispo de la diócesis de Canarias

Santo Padre: hoy le recibimos en este puerto de Arguineguín, un lugar que el mundo ha llegado a conocer no solo por su belleza, sino también por el dolor y la esperanza que aquí se entrelazan. Este muelle, al que muchos han llamado puerto de la vergüenza, ha sido testigo de la llegada de miles de personas que huyen del hambre de la guerra, y de la desesperación de hombres, mujeres y niños que, siguiendo la llamada ruta atlántica, una de las más peligrosas del mundo, han llegado principalmente desde Senegal, Mauritania, Gambia, Mali y Marruecos, realizando travesías que pueden superar los 1.600 kilómetros. Las condiciones del viaje, la precariedad de las embarcaciones y la ausencia de medios de rescate en alta mar generan un número elevado de víctimas, muchas de ellas invisibilizadas. Arriesgando todo buscan simplemente vivir con dignidad.

La migración revela heridas profundas del mundo contemporáneo: desigualdad, violencia, pobreza, falta de oportunidades… Pero también abre caminos nuevos de encuentro, solidaridad y fraternidad. Su presencia su aquí, santo padre, no es un gesto más, es una luz, es un recordatorio de que nadie es invisible, de que cada vida cuenta, y de que la indiferencia no puede ser nunca la respuesta. Este lugar que ha cargado con el peso del sufrimiento puede también transformarse en símbolo de acogida de justicia y de humanidad. Y hoy con su visita damos un paso hacia esa transformación. Cada migrante es un rostro concreto, no un número. La dignidad humana es anterior a cualquier legislación y la vulnerabilidad no disminuye la dignidad, sino que exige mayor protección.

Esta perspectiva humanizadora permite a la iglesia ofrecer una mirada ética que prioriza a la persona sobre cualquier interés, y le lleva a reconocer a los que yo llamo ángeles de la guarda de las personas migrantes, representados hoy aquí en tantas entidades de las que me gustaría señalar a Salvamento Marítimo, Policía Nacional, Guardia Civil, Cruz Roja, Cáritas y todas las realidades eclesiales que están en primera línea de acogida y atención. Y, cómo no, a todos los pescadores canarios representados en la cofradía de pescadores de Arguineguín.

Le pedimos que nos ayude a mirar con compasión, a actuar con valentía y a construir una sociedad donde ninguna persona sea tratada como un problema, sino con como un hermano o una hermana. Bienvenido, santo padre, a este rincón del mundo donde el dolor y la esperanza conviven, y donde su mensaje puede sembrar futuro. Muchas gracias, Santo Padre.

León XIV y los migrantes. Puerto de Arguineguín.

[conductora del acto]

En este lugar donde tantas historias han comenzado o se han detenido, queremos ahora escuchar algunas voces que no hablan desde las ideas, sino desde la vida. Voces que nos acercan a la realidad concreta de quienes llegan, de quienes salvan, de quienes acogen y de quienes desde distintos caminos buscan un futuro digno en estos momentos. Vamos a escuchar dos testimonios, escucharemos a quienes velan por la vida en el mar y a quienes acompañan con entrega desde la caridad de la iglesia. Que sus palabras nos ayuden a mirar con verdad, a sentir con compasión y a responder con responsabilidad.

TITO VILLARMEA, capitán de salvamento marítimo en la Guardamar Urania

Soy Tito Villarmea capitán de Salvamento Marítimo en la Guardamar Urania, un nombre que evoca lo celestial, y así me siento yo, aunque no he dormido. No he dormido desde que supe de su visita a estas Islas Canarias que tanto quiero. Llevo 18 años en Salvamento Marítimo ,un organismo público dedicado a salvar vidas en la mar. Estoy acostumbrado a la tensión: naufragios, noches oscuras, voces que esperan la llegada de nuestras embarcaciones naranjas…

Pero hoy el nerviosismo es distinto, porque no creo que nadie esté preparado para hablar ante un papa. Pienso mucho en mis abuelos gallegos. Apenas salieron una vez de su pueblo, viajaron durante casi 20 horas para visitar a Juan Pablo II en Fátima. Yo tenía nueve años y nunca olvidaré sus rostros.

Hoy estoy aquí convencido de que ellos y mis compañeros de Salvamento Marítimo se lo merecen. Durante estos años, junto a mi equipo habré rescatado en la mar a más de 20.000 personas. Es una cifra que duele, que no se olvida. Todos conocemos la imagen de Canarias de día, pero de noche es otra realidad: mar brava, oscuridad absoluta y embarcaciones frágiles cargadas de vidas. Nunca olvidaré a una madre que viajaba en una patera con su hijo. Había heridos, cuerpos sin vida… Ya a salvo y a bordo, la mujer se acercó al niño de unos 14 años, le quitó el gorro y la cazadora, y sacó unos pendientes dorados, se los colocó emocionada. Era una niña. Lloró ella y lloré yo, porque soy padre de dos adolescentes y podrían ser mis hijas.

En cada rescate vemos a una persona cuya vida depende directamente de nosotros. La mar forma parte de mi historia familiar. Mi bisabuelo murió en ella, mi padre y mi abuelo pescadores tuvieron que ser rescatados mientras faenaban, yo continúo su tradición, pero salvando vidas. Estas palabras representen a los más de 1.600 profesionales de Salvamento Marítimo que cuidan la vida en la mar, yo solo soy uno de ellos.

Quiero terminar con un mensaje de esperanza. Ojalá nunca más tuviéramos que rescatar a ninguna persona. Trabajemos como sociedad para que este drama disminuya, y construyamos un mundo más justo. Mientras ese día llega, desde Salvamento Marítimo seguiremos dándolo todo por cada uno, por cada vida que necesite de nuestra ayuda en la mar. Muchas gracias.

MARÍA REYES ALEMÁN CRUZ, voluntaria de Cáritas diocesana de Canarias y Responsable de la parroquia de San Juan Apóstol y Evangelista

Bienvenido, Santo Padre a estas Islas Canarias.

Todas las personas que hoy estamos aquí guardamos en la memoria las experiencias vividas con la llegada de personas migrantes al muelle de Arguineguín y a otras islas a través de la ruta atlántica. Vuelven a nosotros los rostros, los nombres, y las historias de hombres y mujeres a quienes acompañamos desde las Cáritas parroquiales, comenzando por la acogida más básica. Ver su llegada por televisión nos interpelaba profundamente. Más allá del cansancio visible en sus cuerpos, nos impactaba la mezcla de incertidumbre y esperanza que traían consigo, Nos dolía su drama humanom y sentíamos que no alcanzábamos a comprender toda la magnitud de lo que estaba ocurriendo.

Cuando empezaron a llegar a las parroquias, la sensación de desbordamiento fue inevitable. La impotencia nos pesaba, los recursos eran escasos, no conocíamos su lengua, y muchas veces sólo podíamos ofrecer galletas, leche y un poco de atención. Esa limitación nos confrontaba y nos hacía cuestionar nuestra capacidad real para acompañar a todas las personas que lo necesitaban. Sin embargo, lo que más nos marcó fue la comunión vivida con el voluntariado de la zona, las comunidades parroquiales y el apoyo de los servicios generales de Cáritas diocesanas. Compartir nuestra propia desesperanza nos permitió descubrir lo que significa caminar juntos, coordinarnos. Al compartir lo poco que teníamos y acompañar desde la sencillez y la fragilidad, aprendimos que no se trataba de resolverlo todo sino de estar presente, escuchar, ofrecer gestos de cercanía -unas zapatillas. un abrigo. un café o ayudar a conseguir la documentación necesaria- era ya un modo de acompañar. Descubrimos que los pequeños gestos, una sonrisa o una mirada, puedem transmitir esperanza y hacer que alguien se sienta acogido incluso sin compartir el idioma.

La ayuda recibida de personas y de otras delegaciones pastorales fue un alivio, pero también nos hizo conscientes de que no siempre había la misma empatía en todos los entornos. Aun así, aprendimos a mirar más allá del miedo y de los discursos de deshumanización, respondiendo desde la fe y la fraternidad. Esta experiencia nos transformó profundamente. La esperanza dejó de ser una idea abstracta y tomó rostro. Tanto de quien llega como el de quien acompaña comprendimos que cada persona tiene un valor inmenso y que ser voluntaria es construir esperanza en lo cotidiano, acompañando incluso cuando no tenemos todas las respuestas ni todos los recursos.

La experiencia de Arguineguín nos confirmó que, incluso en los momentos más difíciles, el evangelio sigue vivo. Cuando nos atrevemos a construir fraternidad, cada persona que llega no es un problema que resolver sino una historia que abrazar y acompañar.

Gracias. Santidad.

[conductora del acto]

Santo Padre. A continuación, escucharemos el testimonio de una víctima de trata que hoy, por razones de seguridad, no puede estar entre nosotros. Le dará voz una voluntaria. También contamos con la presencia de una persona migrante que, desde Latinoamérica, también emprendió el camino con esperanza. Que sus palabras nos interpelen en la construcción de la fraternidad y la hospitalidad.

VÍCTIMA DE TRATA (lee el testimonio una voluntaria, la persona -Ayú Blessing- no ha podido acudir al acto)

Es un honor y una alegría inmensa compartir este testimonio ante ustedes hoy. No soy yo quién debería estar aquí. Leeré en su nombre el testimonio de una mujer víctima de trata, que por razones de seguridad no puede estar presente.

Me llamo Ayú, soy de Nigeria, vengo de una familia de ocho hermanos, y desde muy pequeña aprendí lo que significa luchar cada día solo para vivir o sobrevivir, No me fui de mi país porque quisiera. me fui porque no había otra salida. Alimentos era casi imposible.

A los 14 años ya estaba sola frente a la vida, buscando cómo seguir adelante, una lucha que no ha terminado. Con 22 años tomé la decisión más difícil de mi vida, dejar Nigeria, dejar a mis dos hijas, que entonces tenían 4 y 2 años, porque quería darle un futuro mejor. porque quería que ellas no vivieran lo que yo había vivido. La mafia me llevó a un lugar donde me hicieron el yuyú, me dijeron que tenía un adeuda de 25 mil euros que debía pagar cuando llegara a Europa. Así empezó mi cautiverio. Espere seis meses para poder salir, Seis meses sin apenas comer, sin poder bañarme durante semanas, viviendo en condiciones que no deseo a nadie. Y cuando llegó el momento de cruzar el mar vi cómo las personas que salieron antes que nosotros ese mismo día murieron ahogadas. Tuve que elegir vivir sufriendo o cruzar, o morir intentándolo o quedarse y no tener nada.

Elegí cruzar. Gracias a dios la patera en la que viajé llegó, pero el sufrimiento no terminó ahí. Durante el viaje quedé embarazada de un hombre de la mafia. Al llegar a España me quitaron a mi bebé para obligarme a prostituirme. Me trataron muy mal, me separaron de mi hijo, tenía 11 meses cuando la policía… [se emociona y tiene que parar, mientras los asistentes aplauden], Cuando la policía me detuvieron, no tenía prisa, y por fin pude tenerlo conmigo.

Desde entonces con la ayuda de la iglesia a través de los trabajadores sociales, la vida ha empezado a cambiar poco a poco. No ha sido fácil y hay días que la esperanza se hace muy pequeña, pero he aprendido a creer en mí misma de nuevo. He aprendido que puedo lograrlo. Agradezco el encontrar a estas personas que hoy se encuentran aquí, porque me tendieron la mano cuando más lo necesitaba, y quiero agradecer de corazón la oportunidad de contar mi historia hoy, aquí, ante ustedes. Rezo para que Dios los bendiga y les dé fuerza para seguir ayudando a otras mujeres como yo. Muchas gracias.

MARÍA FERNANDA LÓPEZ MESA, latinoamericana que, hoy en día, es empresaria

Santo Padre, me llamo María Fernanda López Mesa, tengo 55 años, y cuando miro hacia atrás veo un camino lleno de dificultades, aprendizajes, y oportunidades que jamás imaginé.

Cuando llegué a Las Palmas de Gran Canaria en 1997, llegué con una maleta cargada de sueños, pero también con el peso de haber dejado atrás mi familia mis amigos y mi país. Como muchas personas que emigramos, llegué buscando una oportunidad sin saber realmente lo que me esperaba. Los primeros tiempos fueron muy duros, hubo noches en las que no tuve un techo donde dormir, me tocó pasar frío y miedo en la calle. Fueron momentos que pusieron a prueba mi resistencia y dignidad y mi esperanza, pero incluso en esos días oscuros nunca dejé de creer que podía salir adelante si encontraba una oportunidad y trabajaba con honestidad.

Esa primera oportunidad llegó en un bazar, fue un trabajo humilde, pero que significó para mí mucho más que un sueldo. Fue el comienzo de una nueva etapa. Después trabajé en un restaurante donde aprendí disciplina, trato con las personas y la importancia de un esfuerzo diario. Cada experiencia me iba formando no sólo como trabajadora, sino como persona. En el 2002 llegó el punto de inflexión en mi vida, me dieron la oportunidad de trabajar en una empresa de reformas y allí empecé y permanecí durante 20 años. Fueron dos décadas de aprendizaje constante, de observar, equivocarme, y mejorar, de adquirir cada conocimiento que hoy forma parte de lo que soy profesionalmente. En el 2014 conocí a mi pareja, que desde entonces me ha acompañado y me ha apoyado en cada proyecto, en cada meta, y en cada decisión importante. Su apoyo ha sido fundamental en el camino que recorrí hasta poder dar el paso siguiente: hace aproximadamente cuatro años, con todo lo aprendido y con mucha ilusión decidí montar mi propia empresa de reformas y construcción, Fermeza Soluciones Integrales SL. No ha sido un salto fácil, pero llena de confianza en lo que sabía hacer gracias a las personas que confiaron en mí y me dieron su apoyo y sus primeros proyectos, he podido cumplir un sueño que parecía imposible cuando dormía en la calle.

Junto a Fran hemos logrado consolidar la empresa que tenemos, y seguimos creciendo con esfuerzo y dedicación. Actualmente contamos con un equipo de seis empleados, lo que representa para mí no sólo crecimiento empresarial, sino la satisfacción de poder generar trabajo y oportunidades para otras personas. Quiero agradecer profundamente a esta ciudad que me acogió y me permitió crecer también. Quiero dar esperanza a quienes están pasando por momentos difíciles. especialmente a quienes han tenido que dejar su país y su familia. Se puede salir adelante con trabajo. respeto. y gratitud hacia este lugar que nos abre las puertas. Y ojalá las gestiones y trámites para quienes llegan sean cada vez más humanos y ágiles. Gracias, Gran Canaria, por tanto.

[conductora del acto]

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INTERVENCIÓN DEL PAPA FRANCISCO

Queridos hermanos y hermanas:

Acabamos de escuchar una de las páginas más exigentes del Evangelio. Sabemos que este mismo capítulo hace también una advertencia que ningún creyente puede tomar a la ligera (Mt 25,41-45). Hoy, junto al mar, la Palabra se vuelve concreta: aquí llegan tantas vidas heridas, despojadas de casi todo, pero nunca de su dignidad. Aquí el Evangelio nos arranca del lugar cómodo del espectador y nos sitúa ante el hermano que llega. Nos pregunta si hemos sabido reconocer a Cristo en quienes desembarcan marcados por el miedo, el hambre, la violencia, después del desierto, de la noche y del mar.

Como pueden ver, llevo en mi mano el anillo, que se llama «del Pescador». Su nombre mismo nos conduce al lago de Galilea, donde Cristo llamó a Pedro y le dijo: «Desde ahora serás pescador de hombres» (Lc 5,10). La Iglesia ha leído ese versículo como imagen de su misión. Pero aquí y en lugares como en El Hierro, ese mandato adquiere una fuerza literal y dolorosa. Esa isla, pequeña en extensión, pero grande en humanidad, ha visto llegar a miles de personas arrancadas de su tierra y confiadas a la fragilidad de un cayuco. Aquí hay personas recuperadas del mar y cuerpos exánimes rescatados de las aguas. Por eso, el Sucesor de Pedro no puede desentenderse de estos muelles. La Iglesia no puede desentenderse de estas aguas ni de ningún lugar donde el hambre, la sed, la violencia, el miedo o el exilio sigan hiriendo la dignidad humana. Los discípulos de Jesús no pueden considerar ajeno el clamor de quienes gritan desde la noche.

En el lenguaje bíblico, el mar puede ser imagen de amenaza, oscuridad y caos. Allí aparecen el Leviatán, figura de la fuerza que devora, y Rahab, nombre que evoca la soberbia de los poderes que se levantan contra Dios y contra la vida (cf. Sal 74,13-14; 89,10-11; Is 27,1; 51,9; Jb 26,12). También hoy existen monstruos que acechan estos mares: mafias que trafican con la desesperación, tratantes que esclavizan mujeres y niños y la indiferencia de muchos que permiten que los pobres sean tragados por la explotación o por el olvido.

Pero la fe no se queda paralizada ante el poder del mar. Creemos en un Dios que somete el caos, pone límite al mal y abre un camino cuando parece imponerse la muerte. Así lo experimentó el pueblo de Israel, al atravesar el Mar Rojo para salir de la esclavitud y caminar hacia la libertad (cf. Ex 14,21-31). Y así lo contemplamos en Cristo, que camina sobre las aguas y, ante la tormenta, pronuncia una palabra soberana: «¡Calla, enmudece!» (Mc 4,39; cf. Mt 14,25-27). Esa voz sigue resonando contra las fuerzas que devoran, esclavizan y descartan a tantos hermanos nuestros. Ahí donde Cristo manda callar al mar, la Iglesia no puede permanecer muda ante quienes son abandonados a sus aguas.

Gracias por los testimonios, por recordarnos lo que significa salvar vidas. A María, gracias por recordarnos lo que Cáritas, las parroquias y tantas personas hacen a diario. Sus palabras nos muestran dónde comienza la conversión de la mirada: cuando el migrante deja de ser “uno más”, deja de ser una categoría y una cifra. Sólo entonces comprendemos que esa niña podría ser nuestra hija, esos rostros parte de nuestra familia; y entonces, la conciencia se queda sin excusas. La misericordia comienza con gestos pequeños: a veces con unas cuantas galletas y un poco de leche; otras, con cinco panes y dos peces (cf. Mt 14,17-21). No se trata de resolverlo todo, sino de ponerlo todo en manos de Dios y de estar presentes allí donde el ser humano sufre, donde los recursos no bastan y no hay un idioma común, pero donde aún pueden hablar los gestos. Gracias de corazón a cuantos se suman a los rescates, a la acogida y al acompañamiento, dando testimonio de que la misericordia concreta puede salvar y puede cambiar vidas.

Querida Blessing, aunque no estás aquí hoy, tu voz sí. Gracias por compartirnos tu historia. Tu nombre significa bendición, y nos recuerda que cada vida humana es una bendición de Dios. Nadie puede comprarla, venderla, usarla o descartarla, porque en cada persona resplandece la imagen y semejanza del Creador (cf. Gn 1,27). Nos has dicho que te fuiste de tu país no porque quisieras, sino porque no había otra opción. En tus palabras escuchamos el drama de tantas personas obligadas a partir porque la pobreza, la guerra, la amenaza o la explotación les cerraron todos los caminos.

Quisiera que este mensaje llegue hasta ti y a tantas mujeres víctimas de la trata y la explotación: si otros pusieron precio a tu cuerpo, Dios no ha dejado nunca de mirarte como alguien invaluable. Si quisieron encerrarte en un pasado de dolor, Dios sigue pronunciando sobre ti una promesa de futuro. Si te trataron como una cosa, la Iglesia quiere decirte hoy: eres hija, hermana, eres bendición. Tu vida no es de quienes te dañaron; tu cuerpo no es de quienes se aprovecharon de ti; tus días no pertenecen a quienes quisieron encadenarlos al miedo. Tu vida pertenece a Dios y conserva una dignidad que no pueden arrancarte. Y nosotros queremos caminar contigo hasta que esa verdad vuelva a sentirse más fuerte que el dolor.

Queridos migrantes: antes de decirles cualquier otra palabra, quiero inclinarme ante su dignidad. No son números ni expedientes. Ustedes son personas con una familia y una casa dejada atrás; con sueños que nadie tiene derecho a despreciar. Pero también quiero decirles que su vida debe ser protegida. No entreguen su existencia a quienes comercian con ella. No les crean a quienes prometen paraísos fáciles a cambio de su cuerpo o de dinero, de silencio o de su libertad. Esas falsas promesas son “cantos de sirenas”, son industrias de muerte.

Este drama debe convertirse en examen de conciencia: para las naciones de origen, que deben crear condiciones de paz, justicia y desarrollo; para las naciones de tránsito, llamadas a proteger y no a dejar a los débiles en manos de redes criminales; para Europa, que no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas; para la comunidad internacional, llamada a una cooperación eficaz y perseverante.

Y también la Iglesia debe dejarse interpelar. La acogida del migrante no puede ser algo secundario ni delegada únicamente a algunos voluntarios. Nos arrodillamos ante el altar para adorar a Cristo presente en la Eucaristía, de quien recibimos la fuerza y el motivo para vivir la caridad; por eso, no podemos luego “pasar de largo” ante los cayucos y las pateras, pues de la oración brota todo servicio y a ella vuelve todo compromiso (cf. Lc 10,31-32).

Desde esta isla, quisiera que la voz de quienes han hablado hoy alcanzara a quienes tienen en sus manos responsabilidades decisivas —autoridades civiles, parlamentos, gobiernos y organizaciones internacionales—, y también a las comunidades cristianas, a las demás tradiciones religiosas y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad. No basta gestionar llegadas, distribuir cifras, reforzar fronteras o lamentar las muertes cuando ya han ocurrido. Cada barca que llega no trae sólo migrantes; trae consigo una pregunta: ¿qué mundo hemos construido, si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar vida?

La dignidad humana exige vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación real contra los traficantes, protección efectiva a las víctimas, procesos serios de acogida e integración, y políticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propia tierra. Si bien existe un derecho a buscar refugio cuando la vida es amenazada, también existe el derecho a no tener que migrar: el derecho a permanecer en la propia casa sin hambre, sin guerra, sin persecución, sin violencia, sin que la tierra se vuelva inhabitable, sin que la corrupción robe el pan de los pobres, sin que las armas destruyan el futuro de los niños. No podemos acostumbrarnos a contar muertos. La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera.

Que el Dios que “en el ocaso de la vida nos juzgará sobre el amor” (cf. S. Juan de la Cruz, Avisos y sentencias, 57) nos conceda reconocerlo hoy en los pobres y en los extranjeros, y nos libre de mirar el dolor ajeno como si no nos perteneciera. Que Nuestra Señora del Carmen acompañe a quienes han llegado, consuele a quienes han perdido a sus seres queridos, sostenga a quienes los acogen y despierte en todos nosotros la valentía de la misericordia.

Y que la historia no tenga que acusarnos de haber convertido el dolor de los que sufren en paisaje habitual de nuestras costas. Porque hoy, aquí, junto al mar, cada vida que llega nos pregunta qué queda de nuestra humanidad. Tarde o temprano, se sabrá si supimos custodiarla o si dejamos que la indiferencia hablara por nosotros. Muchas gracias.

León XIV y los migrantes. Puerto de Arguineguín.

4 DOCUMENTOS SOBRE LA REALIDAD MIGRATORIA en RUTA ATLÁNTICA y FRONTERA SUR

4 DOCUMENTOS SOBRE LA REALIDAD MIGRATORIA EN LA RUTA ATLÁNTICA Y EN LA FRONTERA SUR

[Imagen de El Orden Mundial]

Rutas migratorias desde África hacia España. El Orden Mundial.
«Dos mares, un rumbo. Acompañar, servir y defender en la Frontera Sur: vocación y misión eclesial».  Cuaderno del Servicio Jesuita a Migrantes España que analiza las dinámicas migratorias hacia España a través de las rutas atlántica y mediterránea occidental, y la labor de observación de derechos de las personas migrantes. El informe se centra, así, en la evolución de las cifras, y las analiza y presenta teniendo en cuenta los patrones meteorológicos influyentes en las condiciones para la navegación, los acontecimientos en los principales países de origen y las políticas europeas para implicar a terceros Estados en el control de los movimientos migratorios.

Nota de prensa de la Red eclesial de Hospitalidad Atlántica: «No podemos acostumbrarnos al sufrimiento: la Iglesia refuerza su compromiso con las personas migrantes en la Ruta Atlántica».

«La migración en Canarias: el drama de la Ruta Atlántica«. Obispos de Canarias y Cáritas Canarias. Vídeo y texto e imágenes presentando la realidad inmigratoria en las islas.

«Monitoreo del Derecho a la Vida en la Frontera Occidental Euroafricana. Enero-Mayo 2026«. Informe de «caMinando Fronteras».

 

NUEVAS ACOGIDAS en Madrid gracias a los CORREDORES DE HOSPITALIDAD

NUEVAS ACOGIDAS EN MADRID
CON LOS CORREDORES DE HOSPITALIDAD
Los Corredores de Hospitalidad, se estrenaron en Madrid con 3 nigerianos. Y hace poco, han vuelto a dar fruto con la acogida de seis subsaharianos que llegaron a Canarias siendo menores de edad.

Los Corredores de Hospitalidad son una iniciativa de la Conferencia Episcopal Española a través de su Subcomisión para las Migraciones y Movilidad Humana. Su sentido, su necesidad y su mecánica pueden verse en esta entrada. Resumiendo mucho, se trata de mucho más que el encontrar un alojamiento y unos servicios básicos para quien llega desde otros países y culturas:

Se trata de un proceso que garantice que cada inmigrante, siempre respetando su autonomía y dignidad personal, pueda realizar plenamente su proyecto con el acompañamiento de la Iglesia no «para» él, sino «con» él día a día.

Corredores de Hospitalidad. Migraciones.Así los explicaba José Cobo, entonces obispo auxiliar de Madrid:

Respecto a la nueva acogida en Madrid dicha al principio -y siguiendo en buena parte cómo cuenta su llegada la web de Cáritas Madrid– digamos que son  seis jóvenes. Sonríen entre entusiasmados y agradecidos, aunque la vida no siempre les ha dado motivos para sonreír. Son subsaharianos, y vienen desde Canarias, donde llegaron en patera siendo aún menores, buscando una vida digna y un futuro que no encontraban en sus países de origen. Ahora tienen entre 18 y 19 años, y después de un tiempo en un centro para jóvenes migrantes, acaban de aterrizar en Madrid.

Les ha sorprendido el frío, dicen. De hecho, una de las primeras cosas que han hecho es ir a comprar abrigos. Han llegado ilusionados, pero con las prevenciones propias de cualquiera al empezar algo nuevo, y más en una urbe como Madrid, sus ritmos de gran ciudad, su entorno diferente a lo vivido en Canarias… Se alojan ya en uno de los pisos de Cáritas diocesana de Madrid.

La petición de acogida de estos jóvenes la atendemos la Iglesia de Madrid a través de nuestra Mesa por la Hospitalidad, desde la coordinación con las iglesias Canarias -en este caso, la de Las Palmas. que hace la petición- y encomendando el camino práctico de la respuesta a una de las entidades de la Mesa: Cáritas Madrid. Se activaban, así, esos corredores de hospitalidad que decíamos arriba, respuesta de aquél llamamiento que los obispos de Canarias hicieron a sus hermanos obispos del resto de diócesis españolas debido a la llegada masiva de personas migrantes.

Para ello, se ha habilitado un piso para acoger temporalmente a estos jóvenes migrantes. La caridad no entiende de fronteras, nunca, tampoco cuando se encuentra con necesidades desbordadas. Esta casa, de habitaciones espaciosas, será su hogar.

La acogida ha sido cálida. Dos jóvenes senegaleses que participan en otros proyectos de Cáritas diocesana se han ofrecido a recibirles. Serán sus referentes mientras se adaptan a esta ciudad y a la nueva situación. Comparten edad similar, vivencias pasadas parecidas y una cultura común. También los acompañarán, además del equipo técnico, un grupo de personas voluntarias muy diferentes entre sí; desde una joven alemana, a un jubilado o una mujer de mediana edad. Diversidad también para acompañar con una mirada amplia, inclusiva, multicultural.

Como multicultural ha sido la comida de bienvenida. Sabores y olores senegaleses se mezclan con los de la paella o la tortilla de patatas. En la mesa se ha derramado acogida y alegría. Una forma de hacerles ‘sentir como en casa’, a la vez que se abren puertas a otra cultura, otras personas y otras formas de hacer.

Han intercambiado experiencias entre palabras y frases cortas y muchas sonrisas. Han observado el salón, la cocina. Han dejado sus pertenencias en las habitaciones. Y se han sorprendido, con la mirada inocente de un niño, del tamaño de las camas y las habitaciones, qué bien “tener una cama para mí solo donde dormir”.

Este piso será el lugar desde el que comenzar a tejer nuevos caminos, empezar a trabajar, establecer nuevas redes de apoyo, terminar de tramitar su situación legal, o estudiar quizás… La vida que vive cualquier joven de su edad.

José Cobo apoya los Corredores Humanitarios

MONS. JOSÉ COBO URGE LOS CORREDORES HUMANITARIOS

[Primera parte de esta entrada tomada de Servimedia 16.6.23]
[Segunda parte de esta entrada, texto de Don José en Noticias Obreras 12.6.23]
[Más sobre los Corredores Humanitarios y de Hospitalidad en este listado]

ENTREVISTA EN SERVIMEDIA

El arzobispo electo de Madrid, José Cobo, urgió este viernes 16 a que se impulsen «corredores humanitarios piloto» que permitan «demostrar a la sociedad que la migración tiene que ser reglada y segura» y «que hay derecho a migrar y a no migrar también», y llamó a «apoyar compromisos de los lugares de origen para que una familia no se vea obligada a montarse en una patera y a sepultarse en el mar».

Mons. José Cobo urge los Corredores Humanitarios.

[foto de Jorge Villa]

Así lo revindicó en una entrevista en Servimedia tras su reciente nombramiento por la Santa Sede para llevar las riendas de la iglesia madrileña, responsabilidad que tomará efecto el próximo 8 de julio, cuando releve a su predecesor, el cardenal Carlos Osoro.

Cobo, que forma parte de la Pastoral Social y Promoción Humana de la Conferencia Episcopal, que se encarga también de asuntos sobre migraciones, llamó a trabajar en esa línea desde la Iglesia y fuera de ella: «Necesitamos empeño de todas las administraciones, nacionales, europeas, y de los países de origen».

«La Iglesia está empeñada en establecer corredores», insistió. «Es más, en España ya hay diócesis de acogida y estamos creando lugares donde pueden venir familias en los que van ser acompañadas comunitariamente», remarcó.

CEMENTERIO

El prelado lamentó que no se haya alzado más la voz ante catástrofes como el reciente naufragio de una embarcación que portaba a centenares de personas frente a las costas griegas. «El Mediterráneo es un cementerio que debe desvelar y conmover la cultura de Europa, que no puede mirar a otro lado ahora mismo», aseveró.

Precisamente, la Iglesia española impulsó a principios de año ‘corredores de hospitalidad‘ de la mano de entidades católicas, siguiendo las indicaciones del papa Francisco. Los primeros en beneficiarse de esta iniciativa humanitaria fueron los polizones nigerianos que arriesgaron su vida en un petrolero hasta llegar a Gran Canaria y a los que se ha acogido en Cáritas Madrid.

ARTÍCULO DE DON JOSÉ

La migración es una oportunidad y un signo de nuestro tiempo. En una sociedad que dice globalizar casi todo, pero le cuesta poner en el centro a las personas y a la dignidad que Dios concede a cada ser humano, aparece esta oportunidad como bocanada de esperanza.

Se trata de lanzar puentes entre realidades que pueden ser complementarias: entre los complicados lugares de primera acogida de migrantes y los lugares que pueden ofrecer hospitalidad y acompañamiento.

Somos conscientes de la gran fortaleza de nuestra Iglesia que es, además de latir con corazón generoso, el sostener una preciosa red de presencias y posibilidades de acogida para abrazar en nombre de Jesucristo a quien huye de mil peligros.

Sobre esta pista ya abierta, iniciamos un proyecto sencillo que se inspira en la metodología de los corredores humanitarios y que es animado y coordinado por el Departamento de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española.

Comenzamos la andadura aprendiendo todo lo que se hizo en la Iglesia española ante la crisis de los desplazamientos ucranianos. La realidad se impone y, a poco tiempo, aparece el nuevo contexto de la crisis en las Islas Canarias. Y lo más lacerante: la presión, tal como denuncian los obispos desde allí, del elevado número de jóvenes migrados extutelados en situación de calle.

Son quienes, a partir de los 18 años, han recibido atención por parte del sistema de protección de menores y se ven obligadas a emanciparse. A nivel estatal, es a partir de la ley de 2015 cuando se contemplan medidas específicas de apoyo a la emancipación quienes al cumplir la mayoría de edad se encuentran bajo el sistema de protección.

Según esta, son las Administraciones autonómicas las responsables de implementar estas medidas de apoyo a través del despliegue de normativas territoriales. En Canarias existen programas específicos que ofrecen apoyos diversos, pero no incluyen el alojarlos, con lo que quedan en una situación de vulnerabilidad que se acentúa al cumplir la mayoría de edad.

Sin más plazas de acogida y sin posibilidad de abrir más centros o pisos tutelados a corto plazo, la situación es cada vez menos controlada y más desesperada.

En las diócesis canarias se favorecen varios recursos para la acogida, el acompañamiento y la inclusión social de jóvenes, pero estos recursos no resultan suficientes.

Por eso se inicia este proyecto con el sueño de mirar más allá y promover la cultura del encuentro y la hospitalidad en nuestra Iglesia, que siempre se entiende católica y con vocación de diálogo con quien sueña con una nueva civilización del amor.

Los Corredores de Hospitalidad buscan conectar las diversas instituciones eclesiales para dar una respuesta conjunta entre diócesis. Al tiempo, se pretende entablar una colaboración unificada con la Administración pública, que es quien posibilitará el tránsito, respetando sus ritmos y planteamientos diversos.

No se trata de querer abarcar mucho, pero sí abrir brechas, decir que es posible el tránsito humanitario; ir generando historias de acogida significativas que anuncien que hay cauce a la esperanza de muchos. No queremos sustituir la responsabilidad de Gobiernos y Administraciones públicas. Tampoco solucionar todo el desafío que deviene de la situación en calle de tantos jóvenes migrantes. Solo queremos demostrar que es posible el flujo ordenado por medio de iniciativas piloto.

Este es el signo coherente con el que, como Iglesia, nos ponemos a disposición de la sociedad para construir juntos soluciones humanitarias que favorezcan procesos de inclusión en la vida social y laboral de estos jóvenes.

Será, por tanto, un proyecto destinado a jóvenes extutelados desde Canarias a lugares o proyectos que acompañen su proceso de inclusión en la península, o que faciliten la continuidad de su viaje a otros países de Europa donde quieran realizar su proyecto de vida o reunirse con familia o amigos.

¿Cómo lo presentamos? Pretendemos que la acogida sea sostenible y real. Por ello necesitaremos familias, casas de acogida o grupos de voluntarios que se constituyan en comunidad de acogida por periodos largos de uno a tres meses, o en otras modalidades de acompañamiento prolongado y con perspectivas de abrirse a fases u otros proyectos donde los chavales puedan ser autónomos.

Antes que nada, se trata de posibilitar una coordinación en cada diócesis para que cada cual contribuya con lo que pueda, (tiempo, habilidades, economía, fe, etc.). Así se van tejiendo redes y sinergias entre personas y recursos del entorno que acoge (parroquias, centros de servicios sociales, centros educativos, centro de salud, asociaciones de migrantes, asociaciones vecinales, servicios de formación y empleo, espacio de ocio y tiempo libre, etc.).

Esto se materializa creando en cada lugar de acogida, si no lo hay, un equipo de impulso y mediación: una Mesa de coordinación diocesana que trabaje en red este proyecto. Desde aquí se ofrecen y armonizan las plazas en recursos de formación, vivienda, manutención y acompañamiento de todo tipo.

¿Cómo se activan? Las Mesas de migraciones de las diócesis que envían se encargarán de una primera acogida, selección y derivación de jóvenes migrantes a proyectos de acogida dentro o fuera de la diócesis, así como a la formación inicial de las comunidades de acogida en su territorio.

Por otro lado, las Mesas en las diócesis acogedoras coordinarán a las organizaciones de referencia, buscan y ofrecen plazas en recursos de formación, vivienda, manutención y acompañamiento integral y lo ponen en conocimiento de las Mesas, en este caso, de las diócesis canarias. Luego están las entidades que realizan y encarnan el milagro de la acogida concreta en el día a día.

Para eso necesitamos el impulso de quienes quieran acompañar el proyecto. Necesitaremos también comunidades y movimientos que apoyen y generen campañas de sensibilización para invitar a familias, parroquias, movimientos o vida consagrada a discernir según sus posibilidades, el modo de incorporarse o apoyar la acogida desde los corredores.

De este modo, cuando las personas migrantes llegan a un lugar, las organizaciones de referencia pueden contar con una red de apoyo y colaboración que contribuya al éxito de la acogida en todo el entorno.

En definitiva, se trata de expresar, con el rostro concreto de la Iglesia en cada territorio, lo grandioso de la acogida, tanto para quien acoge como para quien es acogido. Extender y asentar una cultura de la hospitalidad que contribuya a la conversión personal y pastoral en las diócesis, las comunidades y las familias cristianas.