Rufino Gª Antón – «PAZ Y MIGRACIÓN»

PAZ Y MIGRACIÓN
(Por una cultura de paz)
Rufino García Antón,
delegado Episcopal de Pastoral de la Movilidad Humana (Migraciones) de la diócesis de Madrid

[Charla en la Parrq. de Nuestra Señora, Reina del Cielo (Madrid) el 22.5.26]

ÍNDICE (pulsa en cada ítem en rojo para ir a él)

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0. Saludo agradecido e introducción

Palabras y paloma de paz.Muchas gracias a la Fundación Uyamá Asunción por invitarme a participar en estas interesantes y sugerentes Jornadas cuyo lema, “Por una cultura de paz”, me parece sumamente actual e importante. Creo que todo el empeño que pongamos en impulsar esta cultura de la paz no dejará de ser beneficioso para la relación entre las personas, para la sociedad española y para la humanidad. Vivimos tiempos duros y difíciles en los que las guerras no son una amenaza, sino una realidad presente en muchas partes del mundo con las consecuencias dramáticas que tienen para las personas que son víctimas inocentes de las mismas, para los países que sufren sus devastadoras consecuencias y para la humanidad entera. El Papa León XIV, cuya visita recibiremos próximamente, no se cansa de repetir una y otra vez que es necesario construir “una paz desarmada y desarmante”;  lo dijo nada más aparecer en el balcón de San Pedro el día de su elección y lo sigue diciendo una y otra vez. Construir esa paz desarmada y desarmante” es tanto como decir “construir una cultura de paz”. Y, en este desafío, poner en el foco la realidad de la migración me parece muy acertado. Me referiré con frecuencia a lo largo de esta reflexión a actitudes como el diálogo, el encuentro, la acogida, la hospitalidad, etc. que tienen que ver tanto con la construcción de la paz como con el papel fundamental que juegan en ella la acogida, la protección, la promoción y la integración de las personas migrantes. Paz y Migración se constituyen así en un binomio complementario y hasta yo diría más: inseparablemente unido. Creo que no podemos hablar hoy de paz sin referirnos a la necesaria atención que debe prestarse al fenómeno migratorio y sus causas, las guerras entre las más importantes y, en positivo, al papel que las personas migrantes juegan en la construcción de la paz.

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1. Una mirada a la realidad

Como señalaba hace un momento, las guerras son una de las causas que están en el origen de muchos desplazamientos forzosos. ¡Cuántas personas se ven obligadas a salir de sus países a consecuencia de las guerras! Como señala la Doctrina Social de la Iglesia, junto al derecho a emigrar está el derecho a no emigrar (ver por ejemplo, el documento sobre «El derecho a no tener que emigrar»). Pocas personas salen de sus países por gusto para ir a otros países (los turistas, los deportistas de élite, etc). En cambio, son muchísimas las personas que se ven obligadas a hacerlo, arriesgando sus vidas, porque en sus países no encuentran los medios necesarios para vivir dignamente o porque desean una vida mejor para las familias que quedan allí. Cualquiera lo haríamos en su lugar. Por eso, duelen mucho los discursos de odio, nada pacíficos, por cierto, que identifican a las personas inmigrantes como delincuentes y promueven su rechazo, su exclusión y su expulsión. ¡Ojo y atención a que estas actitudes racistas y xenófobas no se nos cuelen también en las comunidades cristianas y en la Iglesia! No son nada evangélicas.

En positivo, hay que destacar la contribución al enriquecimiento en todos los sentidos que las personas migrantes aportan a la sociedad y a la Iglesia. Su presencia en los países que los acogen y en la Iglesia que les abre sus puertas es una riqueza inestimable y seguramente no suficientemente reconocida y valorada. En lo que se refiere a su contribución a la paz, que es el tema que nos ocupa, hay un factor muy relevante y destacable: la diversidad, cuya riqueza celebraremos el próximo domingo en la solemnidad de Pentecostés, contribuye al fortalecimiento de todo el cuerpo y de sus diferentes miembros. Y la Paz en la diversidad es un don del Espíritu Santo.

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2. Algunos textos bíblicos

Los textos bíblicos que propongo a continuación para reflexionar no son, en sentido estricto, textos que aludan al binomio paz-migración literalmente. Pero como todo está relacionado, en la medida en que son textos que hablan de acogida, de encuentro, de amor concreto al prójimo, etc. considero que esas actitudes que ahí se reflejan son portadoras de paz para las personas o personajes que aparecen en ellos.

Así, por ejemplo, en la hospitalidad que Abrahán y Sara  dispensaron a tres hombres que llegaron a su tienda junto al encinar de Mambré en las horas más calurosas del día (Gen 18,1-16). Esa hospitalidad le llevará a decir siglos más tarde al autor de la Carta a los Hebreos: “conservad el amor fraterno y no os olvidéis de la hospitalidad: por ella algunos, sin saberlo, hospedaron a ángeles” (Heb 13,1-2).

O en el precioso texto del diálogo de Jesús con la samaritana (Jn 4). En ese encuentro, Jesús rompe barreras sociales, étnicas y religiosas al hablar con una mujer samaritana y marginada junto al pozo de Jacob. Se trata de un encuentro cuyos resultados son absolutamente transformadores para aquella mujer.

La parábola del buen samaritano (Lc 10,25-37) nos enseña el significado concreto de amar al prójimo y muestra cómo la compasión y la ayuda desinteresada deben superar cualquier barrera social, cultural o religiosa. El que atiende al que está tirado al borde del camino es un samaritano, un extranjero, un ser despreciable para los judíos, mientras que el sacerdote y el levita pasan de largo.

Finalmente, en la parábola del juicio final y más concretamente en Mt 25,35, Jesús nos enseña que acoger al extranjero es acoger al mismo Jesús.

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3. Algunos textos de los papas Francisco y León XIV

El Papa Francisco empieza su mensaje de la 51 Jornada Mundial de Oración por la Paz, cuyo lema era “Migrantes y refugiados, hombres y mujeres que buscan la Paz”, expresando su deseo de paz en estos términos: “Paz a todas las personas y a todas las naciones de la tierra. La paz que los ángeles anunciaron a los pastores en la noche de Navidad, es una aspiración profunda de todas las personas y de todos los pueblos, especialmente de aquellos que más sufren por su ausencia, y a los que tengo presentes en mi recuerdo y mi oración. De entre ellos, quisiera recordar  a los más de 250 millones de migrantes en el mundo, de los que 22 millones y medio son refugiados. Estos últimos, como afirmó mi querido predecesor Benedicto XVI, ‘son hombres y mujeres, niños, jóvenes, ancianos que buscan un lugar donde vivir en paz’” (nº 1). Más adelante, el Papa instó a los gobiernos y a la sociedad a construir la paz, combatiendo el miedo y las políticas de rechazo.

En el mensaje de la 109 Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, cuyo lema fue, “Libres para elegir si migrar o quedarse”, el Papa Francisco recuerda que “los migrantes escapan debido a la pobreza, al miedo, a la desesperación” y señala que alguna de las causas más visibles de la migración son “las persecuciones, las guerras, los fenómenos atmosféricos y la miseria” y añade que “es necesario un esfuerzo conjunto de cada uno de los países y de la comunidad internacional para que se asegure a todos el derecho a no tener que emigrar, es decir, la posibilidad de vivir en paz y con dignidad en la propia tierra”.

También el Papa León, en este primer año de su pontificado, ha puesto la búsqueda de la paz global y la defensa de la dignidad de los migrantes como ejes centrales de su pontificado. En sus discursos, combina el derecho soberano de los Estados a regular sus fronteras con la exigencia innegociable de tratar a todo ser humano con respeto humanitario.

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4.El diálogo ecuménico e interreligioso, una herramienta fundamental en el binomio paz y migración

Cito literalmente en este apartado lo que se dice en la página 52 (punto 4.2) del documento Comunidades acogedoras y misioneras, aprobado por la CXXIV Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, celebrada del 8 al 4 de marzo de 2024 a propósito del diálogo ecuménico e interreligioso, porque me parece que refleja muy bien lo que yo quiero expresar en este punto:

“La postoral con migrantes está habituada y promueve tanto la sensibilidad ecuménica como el diálogo interreligioso desde la vecindad, la cultura del encuentro y la caridad. En nuestro caso, más que con grandes discursos, desde la artesanía de hacer cada día posible el entendimiento, la convivencia, la ayuda mutua, el respeto y el caminar juntos. Nuestras diócesis se van familiarizando con gestos, iniciativas y puentes de diálogo y de fraternidad, tanto entre Iglesias cristianas como con otras religiones. Habrá que orarlos y presentarlos también como fuentes de esperanza.

Respecto al ecumenismo y al diálogo interreligioso, siendo ámbitos diferentes, la cultura de la acogida sale al encuentro de las otras tradiciones cristianas y de las otras religiones que también son capaces de de coincidir en espacios comunes. Con el histórico encuentro interreligioso de Asís de 1986, donde hombres y mujeres de diferentes tradiciones religiosas se reunieron para rezar por la paz, San Juan Pablo II indicó el diálogo interreligioso como fuente de esa paz tan necesaria en un mundo donde las guerras y los conflictos obligan a muchas personas a abandonar sus países.

Cada comunidad eclesial como cada tradición religiosa pueden aportar sus compromisos a favor de la vida, la paz, la convivencia social, los problemas sociales o medioambientales. Podemos trabajar juntamente con ellas de modos diversos por un desarrollo humano integral basado en la fraternidad universal, la solidaridad y el principio moral de la responsabilidad, especialmente con las generaciones futuras, respondiendo juntos a la pregunta ¿qué mundo queremos dejar?”.

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5. Por una cultura del encuentro

La cultura del encuentro es un concepto central en el magisterio del Papa Francisco. Propone construir puentes de diálogo y solidaridad por encima de la polarización y el individualismo. Su objetivo es reconocer la dignidad del otro, escuchar activamente y trabajar por el bien común y la paz. Los pilares fundamentales de esta cultura del encuentro son:

  1. Empatía y escucha: implica pasar de solo “oír” a “escuchar” activamente, comprendiendo la realidad desde la perspectiva del otro.
  2. Reconciliación: busca derribar los muros del aislamiento y la indiferencia, fomentando la amistad cívica y la fraternidad.
  3. Acción social: no se queda en la teoría; impulsa el salir de la zona de confort para atender a los más necesitados vulnerables de la sociedad.
  4. Reconocimiento de la identidad: fomenta el respeto por las convicciones propias y ajenas sin caer en el relativismo ni en la violencia verbal.

Todo esto está muy bien expresado en la Encíclica Fratelli Tutti.

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6. Decálogo para una convivencia pacífica e integradora

  1. Acompañar procesos de convivencia pacífica e integradora tanto en la sociedad como en la Iglesia.
  2. Cultivar la amistad social con los pobres, los excluidos y los migrantes, como le gustaba decir al Papa Francisco.
  3. Frente a la globalización de la indiferencia, la globalización de la solidaridad.
  4. Fomentar unas relaciones personales y humanas basadas en una paz desarmante y desarmada, como le gusta decir al Papa León XIV.
  5. Fomentar la cultura del encuentro y del diálogo con los que son diferentes a nosotros.
  6. Empatizar con la realidad de los demás sin juzgar ni condenar.
  7. Ser sensibles ante el dolor ajeno y no pasar de largo ante su situación (parábola del buen samaritano).
  8. Mirar y mirarnos a la cara y a los ojos.
  9. Cultivar y fomentar una cultura de la paz. Educar para la paz.
  10. Ser acogedores y hospitalarios.

¡MUCHAS GRACIAS!

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