LEÓN XIV con los MIGRANTES DEL CENTRO «LAS RAÍCES» y en TENERIFE

ENCUENTRO DE LEÓN XIV CON los MIGRANTES DEL CENTRO «LAS RAÍCES»
Y EN EL PUERTO DE TENERIFE

– S. Cristóbal de La Laguna – Tenerife / 12.6.26 –
En el texto incluimos las intervenciones de varias personas antes de la del papa –

ELOY ALBERTO SANTIAGO, obispo de la diócesis de San Cristóbal de La Laguna (Tenerife, La Palma, La Gomera y El Hierro)

Santo Padre, bienvenido a estas diócesis de San Cristóbal de la Laguna, a estas Islas Canarias occidentales, que lo reciben con el corazón abierto y agradecido por su presencia en esta mañana en medio de nosotros, como peregrino de paz y de esperanza, que nos invita a alzar la mirada para descubrir la presencia de Dios en nuestro futuro y al mismo tiempo en nuestro presente. Gracias por su deseo de conocer de primera mano la dura realidad de quienes ,,en muchas ocasiones se ven forzados a dejar su tierra natal y su familia, movidos por el sueño de conseguir un futuro mejor para ellos y los suyos, huyendo de guerras y violencia, de injusticias económicas y sociales, del drama del hambre y la pobreza. En estos últimos años han sido decenas de miles de personas las que, provenientes del continente africano, han llegado a nuestras islas, frontera sur de Europa, mayormente a la Isla del Hierro, al Muelle de la Restinga, movidos por ese sueño de una vida mejor.

ENCUENTRO DE LEÓN XIV CON los MIGRANTES DEL CENTRO «LAS RAÍCES». S. Cristóbal de La Laguna, Tenerife.Ellos han sido los más afortunados. Lamentablemente, hay tantos otros, otros miles, que no han conseguido la meta y han perdido la vida recorriendo la denominada Ruta Atlántica. Escuchar los relatos de quienes han realizado esa travesía de una forma totalmente inhumana y precaria en los cayucos y pateras que arriban a nuestras costas, a donde llegan exhaustos, no nos puede dejar indiferentes.

Así lo expresaba Su Santidad, con ocasión del Jubileo de los Migrantes, el pasado octubre en la Plaza de San Pedro, al referirse a la historia de muchos de nuestros hermanos migrantes, el drama de su fuga de la violencia, el sufrimiento que los acompaña, el miedo a no lograrlo, el riesgo de peligrosas travesías a un puerto seguro que no acaban de alcanzar. Y añadía, esas barcas que esperan avistar un puerto en el que detenerse y esos ojos llenos de angustia y esperanza que buscan una tierra firme a la que llegar, no pueden y no deben encontrar la frialdad de la indiferencia o el estigma de la discriminación. Esos ojos, Santo Padre, son los que ahora lo miran llenos de esperanza, deseosos de escuchar su palabra.

Nos encontramos en uno de los dispositivos de acogida para migrantes del Gobierno de España, gestionado por la Asociación ACCEM. Es el campamento más grande de toda Canarias, que, en plena crisis migratoria a finales de 2024, llegó a albergar casi cuatro mil personas, aunque hoy sean muchos menos, debido a la notable disminución del flujo migratorio en los últimos meses. Tras el saludo a continuación de la Ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Santidad, tomará la palabra el actual director de este centro, y a continuación escucharemos dos testimonios de migrantes acogidos, todo lo cual nos dispondrá a escuchar sus iluminantes y esperanzadoras palabras, Santo Padre, que desde ya le agradecemos.

ELMA SÁIZ DELGADO, ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones

Santidad, permítame darle la bienvenida, en nombre del Gobierno de España, al centro de acogida Las Raíces, en La Laguna, un lugar que representa el compromiso de nuestro país con la dignidad humana y con la atención a quienes llegan a nuestras costas en circunstancias especialmente difíciles.

Hace poco más de cinco años, este antiguo cuartel militar se convirtió en un lugar de esperanza, donde la humanidad, la empatía y el respeto se convirtieron en la respuesta ante la adversidad. Santidad, permítame también compartir una convicción sencilla, pero profundamente humana: todos somos nuevos en algún lugar a lo largo de la vida, lo somos cuando nacemos, lo somos cuando cambiamos de ciudad, de trabajo o de comunidad, lo somos cuando formamos una familia y también lo son quienes cruzan fronteras buscando seguridad, dignidad o una oportunidad. Todos en algún momento hemos necesitado que alguien nos tendiera la mano para convertir lo desconocido en hogar.

España conoce bien esa experiencia, somos un país de emigrantes, un país con memoria y también un país de acogida. Millones de españoles tuvieron que marcharse en otros tiempos buscando trabajo, libertad o futuro y hoy millones de personas llegan a nuestra tierra con esa misma esperanza, aportar, trabajar, construir y formar parte. Su Santidad, León XIV, en este tiempo nuevo para la Iglesia y para el mundo, deseo trasladarle también el compromiso de España con una visión profundamente humana de la movilidad, inspirada en la dignidad inviolable de cada persona y en la convicción de que nadie debe ser definido únicamente por el lugar del que viene o por las circunstancias que le obligaron a partir.

Por eso, la política migratoria del Gobierno de España se sostiene sobre tres principios inseparables, humanidad, regularidad y convivencia. Humanidad, porque ninguna persona puede quedar reducida a una cifra o a una estadística. Regularidad, porque las fronteras y las normas deben gestionarse con responsabilidad y porque una situación administrativa regular constituye también una base esencial para la dignidad, la autonomía y la plena participación en la sociedad.

Y convivencia, porque integrar significa construir comunidad, derechos y responsabilidades compartidas. Santidad, en España hay un texto que millones de personas escuchan en momentos decisivos en sus vidas. Usted lo conoce bien, porque se lee cuando celebramos matrimonios.

Me refiero a la primera carta a los corintios, cuando San Pablo escribe, el amor es paciente, es servicial, el amor no tiene envidia, no hace alarde, no se envanece, y también nos recuerda que si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena. Esas palabras acompañan a quienes deciden unir sus vidas para emprender un proyecto común. Quizá podamos encontrar ahí una hermosa analogía para comprender mejor las migraciones y la convivencia entre pueblos, porque cuando una persona llega a un lugar y ese lugar la recibe, comienza también un proyecto común.

No es un vínculo instantáneo ni sencillo, como ocurre en cualquier relación humana, requiere tiempo, esfuerzo, responsabilidades compartidas y voluntad de entender al otro. Y como ocurre en los matrimonios, ese proyecto común solo puede sostenerse si se basa en el amor entendido como compromiso y en la generosidad entendida como reconocimiento mutuo. Quien llega tiene el deber de participar, de respetar y contribuir.

Quien acoge tiene la responsabilidad de abrir espacios de pertenencia y dignidad, porque acoger con amor es también hacer posible que cada persona saque lo mejor de sí misma, porque la integración no es la renuncia a quienes somos, es la construcción compartida de quienes queremos ser. España ha aprendido que una sociedad cohesionada no nace de levantar muros entre vecinos, sino de construir puentes entre personas. Que la diversidad bien gestionada fortalece nuestras economías, rejuvenece nuestras sociedades y amplía nuestros horizontes humanos.

Sabemos que persisten desafíos, la gestión de fronteras, la lucha contra las mafias que trafican con seres humanos o el combate contra los discursos de odio. Pero precisamente por eso necesitamos respuestas serenas, basadas en hechos, en valores y en cooperación internacional. Su santidad nos lo ha recordado muchas veces y más en estos días, que detrás de cada migrante hay un rostro, una historia y una esperanza.

Esa mirada humanista es hoy más necesaria que nunca. Las raíces es el testimonio vivo de que cada persona merece la oportunidad de comenzar de nuevo. Cada manta ofrecida, cada plato compartido y cada gesto de cercanía han ido tejiendo una red de solidaridad que deja una huella profunda, tanto en quienes encontraron y encuentran aquí un primer hogar al llegar a nuestro país, como en quienes dedican su esfuerzo diario a acompañarlos.

Hoy somos testigos de este compromiso colectivo, la colaboración entre administraciones públicas, entidades sociales y ciudadanía para convertir un paraje de eucaliptos en un referente de acogida y atención humanitaria. Porque al final todos hemos necesitado alguna vez ser acogidos, todos hemos sido extraños en algún lugar y todos aspiramos a algo profundamente sencillo, encontrar un sitio donde poder vivir, cuidar de los nuestros y sentir que formamos parte de algo mayor. Si asumimos esa verdad sencilla que hoy usted nos recuerda, podremos construir sociedades más fuertes, más justas y más humanas. Muchas gracias.

ERNESTO MATORAL, director del Centro «Las Raíces»

Santo Padre, autoridades, personas acogidas y trabajadoras de este centro. Es para nosotros un profundo honor hoy recibir su visita en el centro de primeras llegadas de Las Raíces en Tenerife. Su presencia aquí no sólo nos distingue, sino que también pone el foco sobre una realidad que día a día vivimos en este lugar. Este centro, abierto desde el año 2021, nació como respuesta a una realidad compleja que exige compromiso, solidaridad y responsabilidad.

Quiero resaltar el esfuerzo sostenido del Estado español, titular de este centro, como parte de su responsabilidad en la acogida y atención a las personas que llegan a nuestras costas canarias. Desde su apertura hemos acogido a más de 70.000 personas. Detrás de cada una de ellas hay una historia, un trayecto difícil y sobre todo una esperanza. Nuestra labor consiste en ofrecerles una primera acogida digna, humana y organizada en un momento especialmente difícil, inmediatamente a su llegada por mar.

Este trabajo no sería posible sin el equipo de personas que lo sostienen. Cerca de 600 personas trabajan en el centro, con una inmensa profesionalidad, vocación y compromiso con la dignidad de cada persona acogida. Su labor diaria convierte este espacio en algo más que un centro, lo convierte en un lugar de acogida real.

Las Raíces es, en esencia, un punto de encuentro, un espacio donde confluyen trayectorias vitales, complejas y donde ofrecemos, desde lo institucional y lo humano, una primera oportunidad. Santo Padre, su visita hoy supone un reconocimiento a todas estas realidades, a quienes llegan buscando un futuro mejor, al esfuerzo de las instituciones públicas y al compromiso de los profesionales que hacen posible este trabajo. En nombre de todo el centro, quiero darle las gracias por su presencia, por su cercanía y por el mensaje de esperanza que representa. Muchas gracias.

SAÚL, de Nigeria

Buenos días, me llamo Theodor, yo soy de Nigeria, soy uno de los migrantes. Leo. Su Santidad, gracias por recordar a los migrantes, a las familias que hemos dejado en nuestro país, y empezar una nueva vida igual que en casa. Muchas veces el camino es difícil hay miedo, tristeza, y también solidaridad. Pero sus palabras nos dan fuerza y esperanza para seguir adelante.

Nosotros venimos con sueños sencillos, trabajar, cuidar de la familia y vivir con dignidad, y sentimos que usted trata a las personas migrantes con respeto y con cariño. Gracias por recordar al mundo que todos somos personas, que todos necesitamos amor, paz y oportunidades. Hoy queremos decirle con mucho respeto que rezamos por usted y que agradecemos su corazón cercano. Que Dios lo bendiga siempre. Gracias.

BOUSSO DIOUF mujer africana

ENCUENTRO DE LEÓN XIV CON los MIGRANTES DEL CENTRO «LAS RAÍCES». S. Cristóbal de La Laguna, Tenerife.Buenos días a todos y todas. Santo Padre, gracias por estar hoy aquí, en esta tierra que para muchos de nosotros ha significado… [se emociona y vuelve a empezar]. Santo Padre, gracias por estar hoy aquí, en esta tierra que para muchos de nosotros han significado el primer lugar de esperanza, después de un largo camino de sufrimiento.

Hoy hablo ante usted, no sólo en mi nombre, sino en nombre de muchas personas inmigrantes que han dejado atrás su hogar, su familia y su vida buscando seguridad, paz y dignidad. Venimos de países donde la pobreza, la persecución y la falta de oportunidades nos obligaron a partir, nadie abandona su tierra, su familia y sus raíces por voluntad propia cuando puedo vivir en paz. Dejamos atrás nuestros recuerdos, nuestros seres queridos y una parte de nuestro corazón con la esperanza de encontrar una vida mejor.

Pero el camino hasta llegar aquí no fue fácil, el trayecto estuvo lleno de miedo, dolor e incertidumbre, cruzar rutas peligrosas, especialmente el Océano Atlántico hacia Canarias, significa enfrentarse al hambre, al frío, a la desesperación y muchas veces a la muerte. Muchos hermanos y hermanas perdieron la vida en el mar y otros siguen sufriendo en silencio, víctimas de mafias que se aprovechan de la necesidad y del sufrimiento humano. Hoy desde esta tierra de acogida, Canarias, queremos elevar una petición sencilla pero profundamente humana dignidad, pedimos que las fronteras no se conviertan en muros de indiferencia, que no se nos mire sólo como inmigrantes, números o documentos sino como personas con historia, con sueños, con familias y con esperanza, nuestra humanidad debe estar siempre por encima de cualquier condición legal.

También queremos expresar nuestro agradecimiento, gracias a la iglesia, a las comunidades de acogida, a las organizaciones y a todas las personas solidarias que nos dieron la mano cuando llegamos con cansancio e incertidumbre. Gracias por ofrecernos refugio, escucha y una oportunidad para reconstruir nuestras vidas. Santo Padre, su presencia en Canarias representa una luz para quienes muchas veces no tenemos voz, le pedimos que recé por quienes perdieron la vida en el mar, por quienes a un través de mares y fronteras buscando seguridad y por quienes luchamos cada día por construir un futuro digno y paz con esperanza.

No pedimos privilegios, no pedimos compasión, pedimos respeto, humanidad y la oportunidad de vivir con dignidad. Muchas gracias.

INTERVENCIÓN DEL PAPA

ENCUENTRO DE LEÓN XIV CON los MIGRANTES DEL CENTRO «LAS RAÍCES». S. Cristóbal de La Laguna, Tenerife.

[el Papa hace casi toda su alocución en francés e inglés; aquí aportamos la traducción oficial de vaticano, pero faltan partes del inicio que, por lo que sea, no ha recogido la traducción]

Agradezco las sentidas palabras que me ha dirigido la Sra. Ministra, así como el Director de este Centro.

Hoy en la Iglesia celebramos la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, que es para los cristianos el amor misericordioso e infinito de Dios por cada ser humano. En este marco, es providencial que podamos encontrarnos, vernos y sobre todo saber que, más allá de nuestro lugar de proveniencia, el amor de Dios no conoce fronteras, no hace distinciones, se da a todos y nos congrega en la unidad.

Viendo sus rostros, escuchando sus testimonios, pienso también en sus corazones, heridos por tantas dificultades y también consolados por el amor recibido gracias a otros corazones abiertos, generosos y misericordiosos. El Corazón de Cristo sufrió y fue traspasado por amor, y también fue confortado por personas compasivas que se acercaron a aliviar su dolor.

Jesús, para explicar la universalidad del amor, puso como ejemplo el acto de servicio de un hombre de otro pueblo y de otra religión que se compadeció del herido y maltratado (cf. Lc 10,25-37). Motivados por ese amor de Dios, que nos ayuda a sanar las heridas y a ser caritativos con los que sufren, el santo Hermano Pedro y san José de Anchieta partieron desde estas tierras canarias para anunciar el Evangelio en América, abriendo nuevos horizontes misioneros. Ellos también fueron migrantes que se dirigieron hacia lo desconocido, llevando como principal equipaje la fe, la esperanza y la caridad.

En aquellas desconocidas tierras, los santos migrantes y misioneros supieron dar de lo que tenían y asimismo acoger lo nuevo que se les ofrecía. Les invito también a ustedes a ofrecer el tesoro de humanidad, de sueños y de cultura que han traído a estas islas, y a estar abiertos a recibir aquello que se les brinda. Este intercambio hemos de vivirlo también con responsabilidad, pensando en el futuro de las generaciones venideras, a quienes queremos legar el patrimonio de una civilización del amor, y donde las migraciones tienen una palabra importante que decir, porque «pueden ser una ocasión de encuentro y enriquecimiento mutuo entre los pueblos» (Magnifica humanitas, 81).

Queridos hermanos y hermanas, todos —de algún modo— somos migrantes, todos somos peregrinos en camino a la patria celestial. Ayudémonos a hacer de esta travesía un lugar más humano para todos, aportando lo que esté al alcance de cada uno. En este sentido, agradezco la colaboración por parte del Gobierno, de las diversas instituciones y de tantos hombres y mujeres de buena voluntad que hacen posible esta ayuda humanitaria concreta, que devuelve la esperanza y dignifica a tantas personas.

Me ha llamado la atención el nombre de este Centro de acogida, que se denomina “Las Raíces”. A mi Predecesor, el querido Papa Francisco, que tanto anheló poder estar con ustedes, le gustaba utilizar la imagen de las raíces para indicar la necesidad de no olvidar los orígenes, de permanecer unidos y de confiar en el Señor. «Porque el que confía en el Señor “es como un árbol plantado al borde de las aguas, que echa sus raíces en la corriente. No temerá cuando llegue el calor y su follaje estará frondoso” (Jr 17,8)» (Christus vivit, 133). Que esta imagen de las raíces también les ayude a ustedes a estar firmemente arraigados en el Señor (cf. Col 2,7), para que ninguna tormenta pueda alejarlos de su presencia, que fortalece y da vida.

Queridos amigos, les llevo en mi corazón y en el recuerdo de mis oraciones. Que Dios les bendiga, que bendiga a sus familias y a todos los que les hacen el bien. Y que la Bienaventurada Virgen María, Consuelo de los migrantes, les acompañe y auxilie siempre con su protección maternal.

Muchas gracias.

HOMILÍA DE LA MISA EN EL PUERTO DE TENERIFE

León XIV. Migrantes. Eucaristía en el Puerto de Tenerife 01

Queridos hermanos y hermanas:

Es una gracia encontrarnos en el día en que el Corazón de Jesús se deja contemplar por nosotros como el corazón de la historia. Me alegra celebrar con ustedes la Eucaristía, dando gracias por la fe y la caridad de las que he recibido tantos testimonios en este viaje apostólico y que hacen también a este archipiélago, tan conocido por su belleza y su acogida, un lugar donde el Señor Resucitado nos precede y se manifiesta. Frente a nosotros el mar evoca el infinito, y así lo hace también el cielo; pero infinito es sobre todo el deseo que une el corazón de Dios a tantos corazones humanos, cuyas alegrías y esperanzas, tristezas y angustias encuentran eco en el corazón de la Iglesia (cf. Gaudium et spes, 1). Ningún ser humano es una isla; la ubicación geográfica de esta diócesis y los desafíos pastorales que la comprometen atestiguan que hemos nacido para el encuentro y que no hay obstáculo, distancia, peligro o amenaza que pueda impedir a cada uno su viaje. Sea permaneciendo durante una vida entera en el mismo lugar, sea eligiendo o estando obligados a partir, nadie permanece nunca quieto. Este es el secreto del corazón: la llamada íntima al éxodo y al encuentro.

Pero el Corazón de Jesús nos revela cómo no perdernos en un dinamismo estéril: «Dios envió al mundo a su Unigénito, para que vivamos por medio de él» (1 Jn 4,9). Hay vida cuando se da vida. De otro modo, se gira en el vacío. En efecto, «como recuerda el Concilio, el ser humano está llamado a la comunión con Dios y “no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo”; su vocación más profunda es la de entrar en el movimiento trinitario del amor recibido y compartido» (Magnifica humanitas, 48). El Papa Francisco observaba: «Muchas personas experimentan un profundo desequilibrio que las mueve a hacer las cosas a toda velocidad para sentirse ocupadas, en una prisa constante que a su vez las lleva a atropellar todo lo que tienen a su alrededor. Esto tiene un impacto en el modo como se trata al ambiente» (Laudato si’, 225). Son palabras que interpelan también la vocación turística de Tenerife, sea respecto al corazón del que decide pasar aquí un período de vacaciones, sea para el que vive y trabaja en la isla, en contacto con visitantes de tantos países del mundo. ¿Qué busca el corazón humano? ¿Cómo responder a su sed de manera no engañosa? Qué importante es, especialmente para quien se deja orientar por el Evangelio, no reducir todo a comercio y beneficio. «Quienes disfrutan más y viven mejor cada momento son los que dejan de picotear aquí y allá, buscando siempre lo que no tienen, y experimentan lo que es valorar cada persona y cada cosa, aprenden a tomar contacto y saben gozar con lo más simple. Así son capaces de disminuir las necesidades insatisfechas y reducen el cansancio y la obsesión» (ibíd., 223). Interpreten así, queridos hermanos y hermanas, su vocación a la acogida.

El Evangelio, hoy, parece radicalizar este reto y nos recuerda la riqueza de los pobres: una paradoja que remite directamente a la vida de Jesús, a su verdad, al camino en el que continúa pidiéndonos que lo sigamos. En la página que hemos escuchado, bendice al Padre por esto: es a los pequeños —que en el contexto significa a los mínimos, a los que nadie estima capaz de pensamiento y de palabra— a los que Dios se ha revelado a sí mismo. Los ha enriquecido de aquello que permanece escondido a quienes están rodeados de admiración y de éxito. Con la Exhortación apostólica Dilexi te quise prestar atención a ese lugar privilegiado de los pobres en la Revelación divina y en la misión de la Iglesia.

Es un misterio que resuena de modo totalmente específico en estas islas, en el centro de rutas migratorias que lo hacen lugar de primera acogida de hermanos y hermanas cuyo viaje está generalmente expuesto a peligros y violencias inenarrables. Frente a quien especula con la desesperación, como cristianos no sólo podemos ofrecer un reflejo del Señor que dice: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré» (Mt 11,28). La gracia más grande es que nos dejemos evangelizar por aquellos a quienes socorremos, que reconozcamos la misteriosa sabiduría de Dios escrita en su misma carne: «Crecidos en la extrema precariedad, aprendiendo a sobrevivir en medio de las condiciones más difíciles, confiando en Dios con la certeza de que nadie más los toma en serio, ayudándose mutuamente en los momentos más oscuros, los pobres han aprendido muchas cosas que conservan en el misterio de su corazón. Aquellos entre nosotros que no han experimentado situaciones similares, de una vida vivida en el límite, seguramente tienen mucho que recibir de esa fuente de sabiduría que constituye la experiencia de los pobres. Sólo comparando nuestras quejas con sus sufrimientos y privaciones, es posible recibir un reproche que nos invite a simplificar nuestra vida» (Dilexi te, 102). El Señor, que reprende y corrige a los que ama (cf. Ap 3,19), desea hacer sencilla y alegre nuestra vida.

Queridos hermanos y hermanas, gracias por lo que son, gracias por lo que hacen, convirtiendo a esta isla en un lugar donde encontrar al corazón de Cristo en el rostro amigo y hospitalario de personas y comunidades fraternas. «Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (1 Jn 4,16): que esta confesión de fe transmitida por la Primera carta del apóstol Juan resplandezca siempre en ustedes, y les motive a la oración y a la acción. Presten atención a los adolescentes y a los jóvenes, a los ricos y a los pobres, a los residentes y a los huéspedes: todos ellos necesitan ser conocidos con una mirada que ve más allá de las apariencias y reconoce la profundidad de sus corazones inquietos, que no pocas veces ya está orientado, quizás inconscientemente, hacia el Reino de Dios y su justicia. Que se respire entre ustedes que «Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él» (1 Jn 4,16). Este es el corazón del Evangelio, el corazón de Cristo. Quien se sumerge en él ya no vive para sí mismo. ¡Abran a todos este mar de amor! Es mi deseo y mi oración para ustedes y para todos aquellos que encuentren en su camino.


Agradecimiento al final de la Santa Misa

Excelencia, le doy las gracias de todo corazón y, con usted, a todo el pueblo de Tenerife, a sus pastores y a las Autoridades civiles.

Queridos hermanos y hermanas, con esta celebración eucarística concluye mi viaje apostólico a España. Doy gracias a Dios y a todos los que me han acogido y que, de mil maneras, han colaborado en la preparación y la realización de los distintos momentos en Madrid, Barcelona y Montserrat, y aquí, en las Islas Canarias.

Regreso a Roma conmovido por el gran afecto con el que me han recibido, y reconfortado por los testimonios de fe y de amor a la Iglesia, expresiones del gran corazón católico de España.

Desde este puerto, que lleva el nombre de la Santa Cruz, mi pensamiento se extiende al mundo entero y a sus heridas, que hacen sufrir a pueblos enteros. A todos quisiera repetirles el lema de este viaje: «¡Alzad la mirada!». Sí, dirijamos la mirada a Cristo Crucificado; su Corazón es la fuente de la misericordia, la única que puede salvar a la humanidad necesitada de perdón y de reconciliación para alcanzar una paz verdadera y duradera. ¡Levantemos la mirada como lo hizo María, la Madre de todos los que sufren, y guiados por ella retomemos el camino con esperanza!

¡Queridos hermanos y hermanas! ¡Gracias de corazón! Permanezcamos unidos en la oración y en la comunión en Cristo y en la santa Iglesia.

LEÓN XIV en el PUERTO DE ARGUINEGUÍN

LEÓN XIV EN EL PUERTO DE ARGUINEGUÍN
ENCUENTRO CON LAS REALIDADES DE ACOGIDA DE MIGRANTES
En el texto incluimos las intervenciones de varias personas antes de la del papa –

(la llegada del papa empieza en el vídeo en 00:19:27)

DON JOSÉ MAZUELOS, obispo de la diócesis de Canarias

Santo Padre: hoy le recibimos en este puerto de Arguineguín, un lugar que el mundo ha llegado a conocer no solo por su belleza, sino también por el dolor y la esperanza que aquí se entrelazan. Este muelle, al que muchos han llamado puerto de la vergüenza, ha sido testigo de la llegada de miles de personas que huyen del hambre de la guerra, y de la desesperación de hombres, mujeres y niños que, siguiendo la llamada ruta atlántica, una de las más peligrosas del mundo, han llegado principalmente desde Senegal, Mauritania, Gambia, Mali y Marruecos, realizando travesías que pueden superar los 1.600 kilómetros. Las condiciones del viaje, la precariedad de las embarcaciones y la ausencia de medios de rescate en alta mar generan un número elevado de víctimas, muchas de ellas invisibilizadas. Arriesgando todo buscan simplemente vivir con dignidad.

La migración revela heridas profundas del mundo contemporáneo: desigualdad, violencia, pobreza, falta de oportunidades… Pero también abre caminos nuevos de encuentro, solidaridad y fraternidad. Su presencia su aquí, santo padre, no es un gesto más, es una luz, es un recordatorio de que nadie es invisible, de que cada vida cuenta, y de que la indiferencia no puede ser nunca la respuesta. Este lugar que ha cargado con el peso del sufrimiento puede también transformarse en símbolo de acogida de justicia y de humanidad. Y hoy con su visita damos un paso hacia esa transformación. Cada migrante es un rostro concreto, no un número. La dignidad humana es anterior a cualquier legislación y la vulnerabilidad no disminuye la dignidad, sino que exige mayor protección.

Esta perspectiva humanizadora permite a la iglesia ofrecer una mirada ética que prioriza a la persona sobre cualquier interés, y le lleva a reconocer a los que yo llamo ángeles de la guarda de las personas migrantes, representados hoy aquí en tantas entidades de las que me gustaría señalar a Salvamento Marítimo, Policía Nacional, Guardia Civil, Cruz Roja, Cáritas y todas las realidades eclesiales que están en primera línea de acogida y atención. Y, cómo no, a todos los pescadores canarios representados en la cofradía de pescadores de Arguineguín.

Le pedimos que nos ayude a mirar con compasión, a actuar con valentía y a construir una sociedad donde ninguna persona sea tratada como un problema, sino con como un hermano o una hermana. Bienvenido, santo padre, a este rincón del mundo donde el dolor y la esperanza conviven, y donde su mensaje puede sembrar futuro. Muchas gracias, Santo Padre.

León XIV y los migrantes. Puerto de Arguineguín.

[conductora del acto]

En este lugar donde tantas historias han comenzado o se han detenido, queremos ahora escuchar algunas voces que no hablan desde las ideas, sino desde la vida. Voces que nos acercan a la realidad concreta de quienes llegan, de quienes salvan, de quienes acogen y de quienes desde distintos caminos buscan un futuro digno en estos momentos. Vamos a escuchar dos testimonios, escucharemos a quienes velan por la vida en el mar y a quienes acompañan con entrega desde la caridad de la iglesia. Que sus palabras nos ayuden a mirar con verdad, a sentir con compasión y a responder con responsabilidad.

TITO VILLARMEA, capitán de salvamento marítimo en la Guardamar Urania

Soy Tito Villarmea capitán de Salvamento Marítimo en la Guardamar Urania, un nombre que evoca lo celestial, y así me siento yo, aunque no he dormido. No he dormido desde que supe de su visita a estas Islas Canarias que tanto quiero. Llevo 18 años en Salvamento Marítimo ,un organismo público dedicado a salvar vidas en la mar. Estoy acostumbrado a la tensión: naufragios, noches oscuras, voces que esperan la llegada de nuestras embarcaciones naranjas…

Pero hoy el nerviosismo es distinto, porque no creo que nadie esté preparado para hablar ante un papa. Pienso mucho en mis abuelos gallegos. Apenas salieron una vez de su pueblo, viajaron durante casi 20 horas para visitar a Juan Pablo II en Fátima. Yo tenía nueve años y nunca olvidaré sus rostros.

Hoy estoy aquí convencido de que ellos y mis compañeros de Salvamento Marítimo se lo merecen. Durante estos años, junto a mi equipo habré rescatado en la mar a más de 20.000 personas. Es una cifra que duele, que no se olvida. Todos conocemos la imagen de Canarias de día, pero de noche es otra realidad: mar brava, oscuridad absoluta y embarcaciones frágiles cargadas de vidas. Nunca olvidaré a una madre que viajaba en una patera con su hijo. Había heridos, cuerpos sin vida… Ya a salvo y a bordo, la mujer se acercó al niño de unos 14 años, le quitó el gorro y la cazadora, y sacó unos pendientes dorados, se los colocó emocionada. Era una niña. Lloró ella y lloré yo, porque soy padre de dos adolescentes y podrían ser mis hijas.

En cada rescate vemos a una persona cuya vida depende directamente de nosotros. La mar forma parte de mi historia familiar. Mi bisabuelo murió en ella, mi padre y mi abuelo pescadores tuvieron que ser rescatados mientras faenaban, yo continúo su tradición, pero salvando vidas. Estas palabras representen a los más de 1.600 profesionales de Salvamento Marítimo que cuidan la vida en la mar, yo solo soy uno de ellos.

Quiero terminar con un mensaje de esperanza. Ojalá nunca más tuviéramos que rescatar a ninguna persona. Trabajemos como sociedad para que este drama disminuya, y construyamos un mundo más justo. Mientras ese día llega, desde Salvamento Marítimo seguiremos dándolo todo por cada uno, por cada vida que necesite de nuestra ayuda en la mar. Muchas gracias.

MARÍA REYES ALEMÁN CRUZ, voluntaria de Cáritas diocesana de Canarias y Responsable de la parroquia de San Juan Apóstol y Evangelista

Bienvenido, Santo Padre a estas Islas Canarias.

Todas las personas que hoy estamos aquí guardamos en la memoria las experiencias vividas con la llegada de personas migrantes al muelle de Arguineguín y a otras islas a través de la ruta atlántica. Vuelven a nosotros los rostros, los nombres, y las historias de hombres y mujeres a quienes acompañamos desde las Cáritas parroquiales, comenzando por la acogida más básica. Ver su llegada por televisión nos interpelaba profundamente. Más allá del cansancio visible en sus cuerpos, nos impactaba la mezcla de incertidumbre y esperanza que traían consigo, Nos dolía su drama humanom y sentíamos que no alcanzábamos a comprender toda la magnitud de lo que estaba ocurriendo.

Cuando empezaron a llegar a las parroquias, la sensación de desbordamiento fue inevitable. La impotencia nos pesaba, los recursos eran escasos, no conocíamos su lengua, y muchas veces sólo podíamos ofrecer galletas, leche y un poco de atención. Esa limitación nos confrontaba y nos hacía cuestionar nuestra capacidad real para acompañar a todas las personas que lo necesitaban. Sin embargo, lo que más nos marcó fue la comunión vivida con el voluntariado de la zona, las comunidades parroquiales y el apoyo de los servicios generales de Cáritas diocesanas. Compartir nuestra propia desesperanza nos permitió descubrir lo que significa caminar juntos, coordinarnos. Al compartir lo poco que teníamos y acompañar desde la sencillez y la fragilidad, aprendimos que no se trataba de resolverlo todo sino de estar presente, escuchar, ofrecer gestos de cercanía -unas zapatillas. un abrigo. un café o ayudar a conseguir la documentación necesaria- era ya un modo de acompañar. Descubrimos que los pequeños gestos, una sonrisa o una mirada, puedem transmitir esperanza y hacer que alguien se sienta acogido incluso sin compartir el idioma.

La ayuda recibida de personas y de otras delegaciones pastorales fue un alivio, pero también nos hizo conscientes de que no siempre había la misma empatía en todos los entornos. Aun así, aprendimos a mirar más allá del miedo y de los discursos de deshumanización, respondiendo desde la fe y la fraternidad. Esta experiencia nos transformó profundamente. La esperanza dejó de ser una idea abstracta y tomó rostro. Tanto de quien llega como el de quien acompaña comprendimos que cada persona tiene un valor inmenso y que ser voluntaria es construir esperanza en lo cotidiano, acompañando incluso cuando no tenemos todas las respuestas ni todos los recursos.

La experiencia de Arguineguín nos confirmó que, incluso en los momentos más difíciles, el evangelio sigue vivo. Cuando nos atrevemos a construir fraternidad, cada persona que llega no es un problema que resolver sino una historia que abrazar y acompañar.

Gracias. Santidad.

[conductora del acto]

Santo Padre. A continuación, escucharemos el testimonio de una víctima de trata que hoy, por razones de seguridad, no puede estar entre nosotros. Le dará voz una voluntaria. También contamos con la presencia de una persona migrante que, desde Latinoamérica, también emprendió el camino con esperanza. Que sus palabras nos interpelen en la construcción de la fraternidad y la hospitalidad.

VÍCTIMA DE TRATA (lee el testimonio una voluntaria, la persona -Ayú Blessing- no ha podido acudir al acto)

Es un honor y una alegría inmensa compartir este testimonio ante ustedes hoy. No soy yo quién debería estar aquí. Leeré en su nombre el testimonio de una mujer víctima de trata, que por razones de seguridad no puede estar presente.

Me llamo Ayú, soy de Nigeria, vengo de una familia de ocho hermanos, y desde muy pequeña aprendí lo que significa luchar cada día solo para vivir o sobrevivir, No me fui de mi país porque quisiera. me fui porque no había otra salida. Alimentos era casi imposible.

A los 14 años ya estaba sola frente a la vida, buscando cómo seguir adelante, una lucha que no ha terminado. Con 22 años tomé la decisión más difícil de mi vida, dejar Nigeria, dejar a mis dos hijas, que entonces tenían 4 y 2 años, porque quería darle un futuro mejor. porque quería que ellas no vivieran lo que yo había vivido. La mafia me llevó a un lugar donde me hicieron el yuyú, me dijeron que tenía un adeuda de 25 mil euros que debía pagar cuando llegara a Europa. Así empezó mi cautiverio. Espere seis meses para poder salir, Seis meses sin apenas comer, sin poder bañarme durante semanas, viviendo en condiciones que no deseo a nadie. Y cuando llegó el momento de cruzar el mar vi cómo las personas que salieron antes que nosotros ese mismo día murieron ahogadas. Tuve que elegir vivir sufriendo o cruzar, o morir intentándolo o quedarse y no tener nada.

Elegí cruzar. Gracias a dios la patera en la que viajé llegó, pero el sufrimiento no terminó ahí. Durante el viaje quedé embarazada de un hombre de la mafia. Al llegar a España me quitaron a mi bebé para obligarme a prostituirme. Me trataron muy mal, me separaron de mi hijo, tenía 11 meses cuando la policía… [se emociona y tiene que parar, mientras los asistentes aplauden], Cuando la policía me detuvieron, no tenía prisa, y por fin pude tenerlo conmigo.

Desde entonces con la ayuda de la iglesia a través de los trabajadores sociales, la vida ha empezado a cambiar poco a poco. No ha sido fácil y hay días que la esperanza se hace muy pequeña, pero he aprendido a creer en mí misma de nuevo. He aprendido que puedo lograrlo. Agradezco el encontrar a estas personas que hoy se encuentran aquí, porque me tendieron la mano cuando más lo necesitaba, y quiero agradecer de corazón la oportunidad de contar mi historia hoy, aquí, ante ustedes. Rezo para que Dios los bendiga y les dé fuerza para seguir ayudando a otras mujeres como yo. Muchas gracias.

MARÍA FERNANDA LÓPEZ MESA, latinoamericana que, hoy en día, es empresaria

Santo Padre, me llamo María Fernanda López Mesa, tengo 55 años, y cuando miro hacia atrás veo un camino lleno de dificultades, aprendizajes, y oportunidades que jamás imaginé.

Cuando llegué a Las Palmas de Gran Canaria en 1997, llegué con una maleta cargada de sueños, pero también con el peso de haber dejado atrás mi familia mis amigos y mi país. Como muchas personas que emigramos, llegué buscando una oportunidad sin saber realmente lo que me esperaba. Los primeros tiempos fueron muy duros, hubo noches en las que no tuve un techo donde dormir, me tocó pasar frío y miedo en la calle. Fueron momentos que pusieron a prueba mi resistencia y dignidad y mi esperanza, pero incluso en esos días oscuros nunca dejé de creer que podía salir adelante si encontraba una oportunidad y trabajaba con honestidad.

Esa primera oportunidad llegó en un bazar, fue un trabajo humilde, pero que significó para mí mucho más que un sueldo. Fue el comienzo de una nueva etapa. Después trabajé en un restaurante donde aprendí disciplina, trato con las personas y la importancia de un esfuerzo diario. Cada experiencia me iba formando no sólo como trabajadora, sino como persona. En el 2002 llegó el punto de inflexión en mi vida, me dieron la oportunidad de trabajar en una empresa de reformas y allí empecé y permanecí durante 20 años. Fueron dos décadas de aprendizaje constante, de observar, equivocarme, y mejorar, de adquirir cada conocimiento que hoy forma parte de lo que soy profesionalmente. En el 2014 conocí a mi pareja, que desde entonces me ha acompañado y me ha apoyado en cada proyecto, en cada meta, y en cada decisión importante. Su apoyo ha sido fundamental en el camino que recorrí hasta poder dar el paso siguiente: hace aproximadamente cuatro años, con todo lo aprendido y con mucha ilusión decidí montar mi propia empresa de reformas y construcción, Fermeza Soluciones Integrales SL. No ha sido un salto fácil, pero llena de confianza en lo que sabía hacer gracias a las personas que confiaron en mí y me dieron su apoyo y sus primeros proyectos, he podido cumplir un sueño que parecía imposible cuando dormía en la calle.

Junto a Fran hemos logrado consolidar la empresa que tenemos, y seguimos creciendo con esfuerzo y dedicación. Actualmente contamos con un equipo de seis empleados, lo que representa para mí no sólo crecimiento empresarial, sino la satisfacción de poder generar trabajo y oportunidades para otras personas. Quiero agradecer profundamente a esta ciudad que me acogió y me permitió crecer también. Quiero dar esperanza a quienes están pasando por momentos difíciles. especialmente a quienes han tenido que dejar su país y su familia. Se puede salir adelante con trabajo. respeto. y gratitud hacia este lugar que nos abre las puertas. Y ojalá las gestiones y trámites para quienes llegan sean cada vez más humanos y ágiles. Gracias, Gran Canaria, por tanto.

[conductora del acto]

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INTERVENCIÓN DEL PAPA FRANCISCO

Queridos hermanos y hermanas:

Acabamos de escuchar una de las páginas más exigentes del Evangelio. Sabemos que este mismo capítulo hace también una advertencia que ningún creyente puede tomar a la ligera (Mt 25,41-45). Hoy, junto al mar, la Palabra se vuelve concreta: aquí llegan tantas vidas heridas, despojadas de casi todo, pero nunca de su dignidad. Aquí el Evangelio nos arranca del lugar cómodo del espectador y nos sitúa ante el hermano que llega. Nos pregunta si hemos sabido reconocer a Cristo en quienes desembarcan marcados por el miedo, el hambre, la violencia, después del desierto, de la noche y del mar.

Como pueden ver, llevo en mi mano el anillo, que se llama «del Pescador». Su nombre mismo nos conduce al lago de Galilea, donde Cristo llamó a Pedro y le dijo: «Desde ahora serás pescador de hombres» (Lc 5,10). La Iglesia ha leído ese versículo como imagen de su misión. Pero aquí y en lugares como en El Hierro, ese mandato adquiere una fuerza literal y dolorosa. Esa isla, pequeña en extensión, pero grande en humanidad, ha visto llegar a miles de personas arrancadas de su tierra y confiadas a la fragilidad de un cayuco. Aquí hay personas recuperadas del mar y cuerpos exánimes rescatados de las aguas. Por eso, el Sucesor de Pedro no puede desentenderse de estos muelles. La Iglesia no puede desentenderse de estas aguas ni de ningún lugar donde el hambre, la sed, la violencia, el miedo o el exilio sigan hiriendo la dignidad humana. Los discípulos de Jesús no pueden considerar ajeno el clamor de quienes gritan desde la noche.

En el lenguaje bíblico, el mar puede ser imagen de amenaza, oscuridad y caos. Allí aparecen el Leviatán, figura de la fuerza que devora, y Rahab, nombre que evoca la soberbia de los poderes que se levantan contra Dios y contra la vida (cf. Sal 74,13-14; 89,10-11; Is 27,1; 51,9; Jb 26,12). También hoy existen monstruos que acechan estos mares: mafias que trafican con la desesperación, tratantes que esclavizan mujeres y niños y la indiferencia de muchos que permiten que los pobres sean tragados por la explotación o por el olvido.

Pero la fe no se queda paralizada ante el poder del mar. Creemos en un Dios que somete el caos, pone límite al mal y abre un camino cuando parece imponerse la muerte. Así lo experimentó el pueblo de Israel, al atravesar el Mar Rojo para salir de la esclavitud y caminar hacia la libertad (cf. Ex 14,21-31). Y así lo contemplamos en Cristo, que camina sobre las aguas y, ante la tormenta, pronuncia una palabra soberana: «¡Calla, enmudece!» (Mc 4,39; cf. Mt 14,25-27). Esa voz sigue resonando contra las fuerzas que devoran, esclavizan y descartan a tantos hermanos nuestros. Ahí donde Cristo manda callar al mar, la Iglesia no puede permanecer muda ante quienes son abandonados a sus aguas.

Gracias por los testimonios, por recordarnos lo que significa salvar vidas. A María, gracias por recordarnos lo que Cáritas, las parroquias y tantas personas hacen a diario. Sus palabras nos muestran dónde comienza la conversión de la mirada: cuando el migrante deja de ser “uno más”, deja de ser una categoría y una cifra. Sólo entonces comprendemos que esa niña podría ser nuestra hija, esos rostros parte de nuestra familia; y entonces, la conciencia se queda sin excusas. La misericordia comienza con gestos pequeños: a veces con unas cuantas galletas y un poco de leche; otras, con cinco panes y dos peces (cf. Mt 14,17-21). No se trata de resolverlo todo, sino de ponerlo todo en manos de Dios y de estar presentes allí donde el ser humano sufre, donde los recursos no bastan y no hay un idioma común, pero donde aún pueden hablar los gestos. Gracias de corazón a cuantos se suman a los rescates, a la acogida y al acompañamiento, dando testimonio de que la misericordia concreta puede salvar y puede cambiar vidas.

Querida Blessing, aunque no estás aquí hoy, tu voz sí. Gracias por compartirnos tu historia. Tu nombre significa bendición, y nos recuerda que cada vida humana es una bendición de Dios. Nadie puede comprarla, venderla, usarla o descartarla, porque en cada persona resplandece la imagen y semejanza del Creador (cf. Gn 1,27). Nos has dicho que te fuiste de tu país no porque quisieras, sino porque no había otra opción. En tus palabras escuchamos el drama de tantas personas obligadas a partir porque la pobreza, la guerra, la amenaza o la explotación les cerraron todos los caminos.

Quisiera que este mensaje llegue hasta ti y a tantas mujeres víctimas de la trata y la explotación: si otros pusieron precio a tu cuerpo, Dios no ha dejado nunca de mirarte como alguien invaluable. Si quisieron encerrarte en un pasado de dolor, Dios sigue pronunciando sobre ti una promesa de futuro. Si te trataron como una cosa, la Iglesia quiere decirte hoy: eres hija, hermana, eres bendición. Tu vida no es de quienes te dañaron; tu cuerpo no es de quienes se aprovecharon de ti; tus días no pertenecen a quienes quisieron encadenarlos al miedo. Tu vida pertenece a Dios y conserva una dignidad que no pueden arrancarte. Y nosotros queremos caminar contigo hasta que esa verdad vuelva a sentirse más fuerte que el dolor.

Queridos migrantes: antes de decirles cualquier otra palabra, quiero inclinarme ante su dignidad. No son números ni expedientes. Ustedes son personas con una familia y una casa dejada atrás; con sueños que nadie tiene derecho a despreciar. Pero también quiero decirles que su vida debe ser protegida. No entreguen su existencia a quienes comercian con ella. No les crean a quienes prometen paraísos fáciles a cambio de su cuerpo o de dinero, de silencio o de su libertad. Esas falsas promesas son “cantos de sirenas”, son industrias de muerte.

Este drama debe convertirse en examen de conciencia: para las naciones de origen, que deben crear condiciones de paz, justicia y desarrollo; para las naciones de tránsito, llamadas a proteger y no a dejar a los débiles en manos de redes criminales; para Europa, que no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas; para la comunidad internacional, llamada a una cooperación eficaz y perseverante.

Y también la Iglesia debe dejarse interpelar. La acogida del migrante no puede ser algo secundario ni delegada únicamente a algunos voluntarios. Nos arrodillamos ante el altar para adorar a Cristo presente en la Eucaristía, de quien recibimos la fuerza y el motivo para vivir la caridad; por eso, no podemos luego “pasar de largo” ante los cayucos y las pateras, pues de la oración brota todo servicio y a ella vuelve todo compromiso (cf. Lc 10,31-32).

Desde esta isla, quisiera que la voz de quienes han hablado hoy alcanzara a quienes tienen en sus manos responsabilidades decisivas —autoridades civiles, parlamentos, gobiernos y organizaciones internacionales—, y también a las comunidades cristianas, a las demás tradiciones religiosas y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad. No basta gestionar llegadas, distribuir cifras, reforzar fronteras o lamentar las muertes cuando ya han ocurrido. Cada barca que llega no trae sólo migrantes; trae consigo una pregunta: ¿qué mundo hemos construido, si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar vida?

La dignidad humana exige vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación real contra los traficantes, protección efectiva a las víctimas, procesos serios de acogida e integración, y políticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propia tierra. Si bien existe un derecho a buscar refugio cuando la vida es amenazada, también existe el derecho a no tener que migrar: el derecho a permanecer en la propia casa sin hambre, sin guerra, sin persecución, sin violencia, sin que la tierra se vuelva inhabitable, sin que la corrupción robe el pan de los pobres, sin que las armas destruyan el futuro de los niños. No podemos acostumbrarnos a contar muertos. La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera.

Que el Dios que “en el ocaso de la vida nos juzgará sobre el amor” (cf. S. Juan de la Cruz, Avisos y sentencias, 57) nos conceda reconocerlo hoy en los pobres y en los extranjeros, y nos libre de mirar el dolor ajeno como si no nos perteneciera. Que Nuestra Señora del Carmen acompañe a quienes han llegado, consuele a quienes han perdido a sus seres queridos, sostenga a quienes los acogen y despierte en todos nosotros la valentía de la misericordia.

Y que la historia no tenga que acusarnos de haber convertido el dolor de los que sufren en paisaje habitual de nuestras costas. Porque hoy, aquí, junto al mar, cada vida que llega nos pregunta qué queda de nuestra humanidad. Tarde o temprano, se sabrá si supimos custodiarla o si dejamos que la indiferencia hablara por nosotros. Muchas gracias.

León XIV y los migrantes. Puerto de Arguineguín.

4 DOCUMENTOS SOBRE LA REALIDAD MIGRATORIA en RUTA ATLÁNTICA y FRONTERA SUR

4 DOCUMENTOS SOBRE LA REALIDAD MIGRATORIA EN LA RUTA ATLÁNTICA Y EN LA FRONTERA SUR

[Imagen de El Orden Mundial]

Rutas migratorias desde África hacia España. El Orden Mundial.
«Dos mares, un rumbo. Acompañar, servir y defender en la Frontera Sur: vocación y misión eclesial».  Cuaderno del Servicio Jesuita a Migrantes España que analiza las dinámicas migratorias hacia España a través de las rutas atlántica y mediterránea occidental, y la labor de observación de derechos de las personas migrantes. El informe se centra, así, en la evolución de las cifras, y las analiza y presenta teniendo en cuenta los patrones meteorológicos influyentes en las condiciones para la navegación, los acontecimientos en los principales países de origen y las políticas europeas para implicar a terceros Estados en el control de los movimientos migratorios.

Nota de prensa de la Red eclesial de Hospitalidad Atlántica: «No podemos acostumbrarnos al sufrimiento: la Iglesia refuerza su compromiso con las personas migrantes en la Ruta Atlántica».

«La migración en Canarias: el drama de la Ruta Atlántica«. Obispos de Canarias y Cáritas Canarias. Vídeo y texto e imágenes presentando la realidad inmigratoria en las islas.

«Monitoreo del Derecho a la Vida en la Frontera Occidental Euroafricana. Enero-Mayo 2026«. Informe de «caMinando Fronteras».

 

Migrantes: LA «CONDENA DEL TIMÓN» DEL CAYUCO

LA CONDENA DEL TIMÓN
Decenas de jóvenes migrantes llenan las cárceles acusados de manejar el cayuco hacia Europa. Algunos extranjeros son considerados mafiosos y se les imputa el delito de tráfico ilegal de personas. Organizaciones humanitarias y abogados denuncian que son solo un chivo expiatorio.

[Carmen Morán Breña para El País 2.2.26]
[Foto Alberto Braña]

Migrantes. La condena del timón del cayuco. Foto Alberto Valdés.
A las cárceles de algunas comunidades españolas, como Canarias, no dejan de entrar jóvenes migrantes condenados o acusados de tráfico de personas por haber manejado el cayuco en el que llegaron, haber distribuido alimentos en el trayecto o mantenido el orden, quizá con un machete en el costado, entre el desesperado pasaje procedente de Malí, de Mauritania o de Senegal que un día se echó al océano Atlántico con una sola idea en la cabeza: Europa. Esos patrones que hace unos años eran en su mayoría mafiosos son ahora, en no pocos casos, pobres pescadores que buscan un viaje gratis, muchachos engañados que sueñan, como el resto de los viajeros, con un mundo mejor y que, en ocasiones se agrupan en cooperativas para alcanzar la costa anhelada. Cuando la embarcación arriba a España con su carga de miedo, desconcierto, hambre y frío, algunos dan sus primeros pasos en el nuevo mundo directos a la cárcel. Así lo denuncian quienes forman parte de una red civil solidaria que trata de ayudarlos, un cambio de modelo en el tráfico de migrantes del que son conscientes también las autoridades y que confirma la fiscal de Extranjería de Canarias, Teseida García García, con una respuesta elocuente. ¿Están las cárceles llenas de pobres desgraciados? “Pues sí”.

En Malí no saben lo que es el mar. La distancia más cercana al Atlántico supera los 1.000 kilómetros y hay que atravesar en otros países, como Mauritania o Senegal, antes de conocer el océano. Mamadou nació en una diminuta aldea maliense hace 31 años, de una madre dedicada a la venta y un padre agricultor con inquietudes políticas. La violencia de su país los ha matado a los dos, pero cuando el niño tenía cuatro años su padre lo llevó a ver el horizonte salado hacia el que un día iba a poner rumbo el muchacho en un precario barco de madera. En un albergue del archipiélago, el joven quiere mostrar también una antigua herida de bala en una pierna. No hace falta. Mamadou ha elegido este nombre falso para contar que ha pasado tres años en una cárcel de las islas sin que ese encierro le haya borrado una sonrisa marfileña que se abre entre gestos de impaciencia por darse a entender en un español naciente.

Cuenta que desembarcó un 9 de agosto de 2022 y el día 11 ya estaba preso, junto con otro compañero. Cada barca que llega suele acabar con uno o dos detenidos como patrones, bajo la acusación de un delito de favorecimiento de la migración. “La gente del barco dijo que yo llevaba el timón, y sí, no puedo mentir, pero yo no tenía ningún dinero, no me dieron dinero”, repite una y otra vez obsesionado con demostrar que no había afán de lucro en su maniobra marítima. Que él era solo uno más, otro más de los que quieren buscarse la vida en las Canarias, con una corta lista de prioridades: “Ser camarero o fontanero o cocinero”. Por ese orden.

La ley es compleja. Las leyes, porque son muchas. El código penal español condena el delito de tráfico de migrantes a los llamados patrones, quienes llevan la nave, y se argumenta con el peligro al que han expuesto a los pasajeros o a las coacciones o violencias impuestas para mantener el orden, por ejemplo. Se tiene en cuenta para inculparlos si manejaban el timón, si repartían el rancho, si se lucraban con el viaje. Todo ello está penado con cuatro a ocho años de cárcel, que pueden incrementarse por homicidio imprudente si hay muertes en el trayecto y se impone un año más por cada cadáver, normalmente. “Es un delito muy grave que se acrecienta si pertenecen a organizaciones mafiosas”, dice la fiscal García García. Reconoce que antes era más común ver a patrones profesionales, mafiosos, mientras que ahora es habitual que el viaje se organice cooperativamente, “pero siempre hay alguien que se encarga, que lleva el control, que domina la situación”, explica. “Pero son desgraciados, lo sé”, añade, lo que no impide, explica, que tengan que pagar su culpa de acuerdo con la ley: “Son vulnerables, pero también adultos que tienen que asumir una responsabilidad, aun cuando estén necesitados de asilo. Tengo en cuenta que son desgraciados, pero los tribunales suelen ir a los hechos, no a las circunstancias”, dice en su despacho de Las Palmas de Gran Canaria a finales del año pasado, donde cuelga su uniforme de blancas puñetas de encaje. “Aunque haya homicidios imprudentes trato de buscar una conformidad para rebajar la condena. Me critican por pedir tres años o más de dos, lo que impediría cumplir la pena o evitar los antecedentes [en el futuro], pero es un delito muy grave y yo tengo que mirar por el interés general y público. El fin de la pena es también un mensaje social”, dice. “El narcomenudeo también es el último eslabón de la cadena [criminal], pero qué pensarían si no lo condenáramos”, justifica. “Yo solo aplico la ley”.

Cuando García García dice que la critican se refiere a abogados como Daniel Arencibia, muy activo en la defensa de los migrantes en las islas, que ha elaborado con paciencia de amanuense un listado de 1.004 sentencias en provincias costeras desde 2016, 873 en primera instancia, 116 apelaciones y 15 casaciones. El estudio demuestra la severidad de las peticiones de condena de las fiscalías canarias, tanto de conformidad como sin ella. Ha cotejado los kilómetros de viaje, la prisión preventiva, incluso el proceder policial. Con el mar a su espalda en Las Palmas de Gran Canaria, Arencibia está sentado en la terraza de un bar, y concluye: “No se está persiguiendo a las mafias, se mete en la cárcel al último mono para tener cifras bonitas, se está persiguiendo a los abocados a una criminalidad forzada. Se han dado casos en los que el patrón mafioso cambia de barca avanzado el trayecto y deja a todos a su suerte”, afirma. O que algunos agarran el timón a cambio de un viaje gratuito firmando así su condena. Asegura el abogado que las pruebas que se recaban para encausar a esos jóvenes son endebles, la simple declaración de dos testigos de la nave atemorizados al desembarcar, “sin iniciar averiguaciones sobre un supuesto enriquecimiento, por ejemplo. La última memoria de la Fiscalía, referente a 2024, sobre las “investigaciones patrimoniales y financieras de las redes” indica, en su página 69, que “no se ha realizado ninguna investigación al respecto”. Sobre comiso de bienes dice: “No se ha producido ningún comiso de bienes”.

Sin huellas

Acudiendo a sentencias de otros países o regiones, Arencibia sostiene que en Canarias no se toman huellas dactilares del timón del barco. “Eso no tiene sentido, el timón lo toca todo el mundo y no significa nada”, confirma la fiscal de Extranjería. Tampoco usan drones, reconoce García García, para ver quién maneja el timón, algo que ocurre en otras partes, según Arencibia. ¿Cómo se determina entonces la culpabilidad del supuesto patrón? “Con fuentes abiertas como Facebook o TikTok, con las declaraciones de quienes lo han visto y que toma la policía”, explica. Tampoco eso convence a los muchos abogados que están trabajando en esta materia en las islas, que achacan las declaraciones de los testigos al momento de desconcierto que viven al llegar y a que les ofrecen regularizar con papeles su situación a cambio de acusar al patrón, dicen varios consultados. La fiscal lo niega. “No, porque no todos hablan, eso no es verdad”, afirma. Y sobre el peligro de los trayectos para ajustar las penas, García García dice que no se puede comparar el Mediterráneo con el proceloso Atlántico.

Una reciente sentencia de la Audiencia Provincial de Las Palmas ha absuelto a dos jóvenes subsaharianos por falta de pruebas, al entender que la sola declaración de un testigo no es suficiente para ello. Es la segunda sentencia en las islas en ese sentido, lo que ha llenado de esperanza a los abogados extranjeristas.

Las leyes europeas y nacionales no incluyen ciertas salvaguardas que sí se recogen en el Protocolo de Palermo (ONU) sobre tráfico de personas, ratificado por España, por ejemplo que se tenga en cuenta si hay “beneficio económico o material”, algo que estaba previsto para exculpar a familiares o bien ONG o grupos religiosos cuyos motivos son puramente políticos o sociales. Según datos recogidos por el Proyecto Patrones, redactado por un grupo de abogadas y activistas especializados, el año pasado fueron detenidas en Italia 106 personas migrantes, más de 228 en Grecia y más de 100 en las islas Canarias.

En 2023 se inició el proceso de modificación de la directiva de favorecimiento de la migración en la Unión Europea. “En la actualidad, el Parlamento Europeo discute una modificación a la directiva de facilitación de la migración que elimina el riesgo de daño a los pasajeros como motivo para la condena y excluye el delito para actores humanitarios o familiares, pero está bloqueada por los partidos conservadores”, explica la coordinadora de dicho proyecto, Inés Marco.

El desempeño de la policía para la captura de mafiosos, con irrefutables éxitos, como la reciente desarticulación de una red de tráfico de menores en Lanzarote, no impide que en numerosas ocasiones paguen justos por pecadores, algo de lo que ya advirtió hace tiempo la ONU en un informe monográfico sobre la ruta canaria. La política, sin embargo, no sopla a favor de los migrantes.

Un cuchillo y un chaleco

La fragilidad de las pruebas para inculpar a los migrantes conduce a muchos a firmar acuerdos de conformidad y pasar un tiempo en la cárcel, pero otros que tienen más suerte o más ayuda siguen adelante con el juicio y algunos lo ganan. Javier Moreno y Ana Castaño llevaron el caso de un jovencísimo senegalés acusado de patrón, luego de favorecimiento de migración ilegal. Estuvo un año y medio en prisión provisional y la ausencia de intérpretes adecuados fue solo una de las fallas que encontraron los abogados cuando se pusieron manos a la obra. El desaseo de la instrucción se manifestó además en que “aproximadamente al 60% de los llegados en la patera les habían adjudicado el mismo día del mismo mes del mismo año como fecha de nacimiento. “No se comprobó que la declaración de los testigos ofreciera indicios suficientes, ni que el cuchillo con el que el muchacho bajó del barco cumplía esas ‘grandes dimensiones’ de las que hablaba la Guardia Civil”, dice Moreno. Tampoco se ponían de acuerdo los testigos en el chaleco que supuestamente vestía el supuesto patrón, ni si lo llevaba él solo o también el otro acusado con él, o ninguno. “Meses después, en el juicio los testigos ya no están seguros de lo que declararon en las penosas circunstancias en que se les interroga por primera vez, apenas llegados a la cosa”, asegura el abogado. Los acuerdos de conformidad fueron desechados por el muchacho y el juicio se resolvió a su favor. Hoy sigue en Canarias, con la misma idea agujereándole la cabeza: trabajar. “La política migratoria”, se queja Moreno, “tiene un marco más policial que de acceso a la justicia, no tanto para desmontar mafias como para disuadir la migración”, sugiere.

De la dimensión social y el apoyo a estos acusados se ocupa en muchas ocasiones toda una red de solidaridad civil que en las cárceles es más necesaria para esta población migrante, desprovista de todo, incluso de la familia. Una de estas personas, que no quiere dar su nombre para no entorpecer su tarea en este campo y a quien llamaremos Jaime, cuenta que “la primera necesidad de estos muchachos es social, que no se olviden de ellos. Cuando llegan a prisión no saben por qué están allí, no les traducen, no tienen papeles, pero tampoco ropa, a veces pasan un año hasta que se comunican con la familia”, afirma. Jaime denuncia la falta de formación específica en extranjería y de conocimiento de los lugares de origen de los migrantes de buena parte del personal que trata con ellos en las cárceles, y son otros compatriotas presos quienes les informan tentativamente de por qué están encerrados. “No tienen dinero a veces ni para comprar papel higiénico si se les acaba. Si lo tienen, muchos no pueden enviar a casa el peculio carcelario porque los padres en las zonas rurales de esos países no tienen una cuenta bancaria para hacerlo”, explica el activista. “Idealizan más que nadie la libertad que ya buscaban en Europa y al salir de la cárcel se encuentran con una bolsa de plástico con cuatro pertenencias en un lugar cualquiera y con los puentes para regularizar su situación rotos por su estancia en prisión. Muchos acaban en las calles y con sus problemas mentales agravados. Lo que está ocurriendo, dice, ”tiene una voluntad propagandística, para disuadir la migración”, asegura. “Y algunos no pierden la sonrisa, son héroes, jóvenes héroes porque la inmensa mayoría no pasa de los 30 años”.

Activistas y solidarios han tejido fabulosas redes en Canarias que se ocupan de los menores y adultos, de mejorar la estancia en los centros de acogida, de orientar, de prestar ropa, de pelearse con la burocracia para que avancen los papeles. Uno de los nudos de esa red es el capellán de prisiones José Antonio Benítez. El claretiano tiene acceso a las prisiones y no esconde su cabreo por las políticas migratorias y las acusaciones de ser patrón de barco que recaen sobre muchos de sus protegidos: “Si algunos no han visto el mar en su vida, pero basta con que dos le señalen y ellos mismo se declaran culpables con la promesa de una pena menor. Hay chavales de 19 y 20 años que se pasan tres en prisión y luego no pueden regularizar su vida”, asegura. El capellán católico dice que los utilizan en el puerto de partida y los criminalizan en el de llegada. “Son las mafias quienes los organizan, no ellos, y cuantas más complicaciones les ponen, más riesgo tendrán sus viajes, no es de extrañar que algunas de estas pateras acaben a la deriva en América llena de cadáveres”, se lamenta en su oficina de Gran Canaria. Calcula que un 25% de la población carcelaria es extranjera, y en su cuaderno de bitácora lleva más de 52 casos a los que se ha propuesto prestar ayuda. Es una lista que no tiene visos de remitir, porque por cada cayuco que llega hay un par de detenidos, generalmente. “Están fabricando delincuentes”, dice el religioso, pero asegura que no son más que jóvenes utilizados para que los verdaderos patrones que se lucran se libren de la policía. “La mafia, como el agua, siempre encuentra su camino”.

CEE – Presentación sintética de la INMIGRACIÓN EN CANARIAS

LA MIGRACIÓN EN CANARIAS:
EL DRAMA DE LA RUTA ATLÁNTICA
– Exposición sintética de sus obispos y de Cáritas Canarias (22.4.26) –

[tomado de la web de Pastoral Social de la CEE]

Los obispos de Canarias: «El viaje del Papa visibilizará el drama migratorio de la ruta atlántica»

CEE - Presentación sintética de la INMIGRACIÓN EN CANARIAS.En un encuentro con en la Conferencia Episcopal Española, los obispos de Canarias y de Tenerife, Mons. José Mazuelos, y Mons. Eloy Santiago, respectivamente, acompañados de Caya Suárez Ortega, secretaria general de Cáritas Canarias, han tenido ocasión de abordar la cuestión migratoria en el contexto del Viaje Apostólico del Papa a España y a sus diócesis en el mes de junio.

Mons. Eloy Santiago ha subrayado que “La visita del Papa a las islas Canarias es altamente significativa en este contexto migratorio. Somos el primer contacto con Europa. En todas las islas, en los pueblos encontramos una presencia grande de migrantes. Es la frontera sur de Europa. Vienen en cayucos y es el primer contacto con Europa. Es la primera acogida, amable, con vistas a que después pueda iniciarse el proceso legal. Es una realidad que a veces nos puede”.

Así, ha apuntado que la isla de El Hierro ha sido testigo de todo ello. “El año pasado recibieron 25.000 personas. Es un esfuerzo inmenso para toda la isla, de infraestructuras, logística… El Papa Francisco destacaba la generosidad del pueblo canario. Nos sentimos muchas veces impotentes. La visita de León XIV visibilizará el drama de la migración en esta ruta atlántica tan peligrosa”.

CEE - Presentación sintética de la INMIGRACIÓN EN CANARIAS.La dignidad de la persona, en el centro

Por su parte, Mons. Mazuelos ha explicado que las islas son la puerta de entrada entrada a la inmigración, a través de esta ruta atlántica, que es mortífera. Hay que acogerlos y cuidarlos si se quiere ser cristiano. Y no solo cristiano, sino humano”.

En este sentido,  el obispo de Canarias ha destacado que se experimenta esa solidaridad en todas las islas. “Queremos acabar con la ruta atlántica y la ruta del Sahara. Esperemos que la visita del Papa ayude a frenar esto. Es un problema global. Hay que buscar también responsabilidad a los países de origen. Hay que luchar con las mafias y buscar fórmulas para que los migrantes puedan venir de otra forma ante la demanda de trabajo que tenemos. Cuando llegan a Canarias tenemos que acogerlos, que se vea que les tratamos con dignidad».

CEE - Presentación sintética de la INMIGRACIÓN EN CANARIAS.“Si se quiere ser humano, hay que atenderlos y cuidarlos. Los pescadores son los primeros en ayudar a personas que llegan hacinados en cayucos tirados en el Atlántico», ha apuntado Mons. Mazuelos.

“Tenemos que estar al lado de los últimos”

Caya Suárez, secretaria general de Cáritas diocesana de Canarias (Las Palmas), ha puesto en contexto todo el tema migratorio y el Viaje del Papa: «Canarias se encuentra en pobreza estructural.  25,5% de la población canaria es migrante, está en exclusión social, según el informe FOESSA».

Por tanto, desde su experiencia de trabajo con las personas migrantes en el día a día, ha constatado que “como Iglesia tenemos que estar al lado de los últimos. Acogida, promoción e integración de las personas inmigrantes, poniendo la persona en el centro. Hay que proteger las vulneraciones de derechos y denunciar este tipo de situaciones. Llegan en situaciones muy sangrantes. A partir de ahí acompañar desde la asistencia y la formación. Hay que entender que nuestro papel es estar desde que llegan hasta la inserción laboral, ayudar a las personas a conocer los trámites del proceso de regularización de migrantes. Acompañar a las personas para que accedan a sus derechos.La dignidad de la persona tiene que estar en el centro siempre».

CEE - Presentación sintética de la INMIGRACIÓN EN CANARIAS.Por ello ha explicado cómo el mensaje del Papa, que tiene tres grandes pilares: la unidad, la belleza y la caridad, está reflejado en esta ruta atlántica. “Trabajamos con los últimos, que es lo que debe hacer la Iglesia. Poner el rostro de Jesús en las personas que acompañamos. Este compromiso lo vivimos como una gracia para la sociedad canaria. Las diócesis españolas ponen también sus mecanismos a nuestra a disposición. Canarias quiere estar acompañando el proyecto de vida de esas personas”, ha afirmado rotunda Caya Suárez.

A propósito de los corredores de hospitalidad ha explicado que son «una herramienta de comunidades acogedoras. Nuestra labor como Iglesia es que los jóvenes mayores de edad que no tengan una red de apoyo puedan tener una oportunidad de vida. En Canarias no son suficientes, por ello nos ayudan otras diócesis”.

Con esta realidad, ha ofrecido datos escalofriantes: “Hemos atendido a 1.118 migrantes llegados en cayucos desde principios de año. Más de 19.000 personas han muerto en la ruta atlántica. La migración en Canarias, es forzosa, no voluntaria”.