Acogida generosa e integración digna del inmigrante y su familia

Carta pastoral del cardenal arzobispo de Madrid, D. Antonio Mª Rouco Varela
ACOGIDA GENEROSA E INTEGRACIÓN DIGNA DEL INMIGRANTE Y SU FAMILIA
7 de marzo de 2001

La controversia suscitada al entrar en vigor la Ley 8/2000, que reformó la anterior, hacía poco tiempo promulgada, sobre los Derechos y libertades de los extranjeros en España y su integración social, junto con las reacciones sociales que siguieron a los luctuosos acontecimientos de Lorca, han creado entre los grupos de inmigrantes sin permiso de residencia un clima de creciente inquietud. Se ha puesto de manifiesto en los encierros que han tenido lugar en algunos templos y en marchas y manifestaciones diversas. En bastantes de las parroquias de nuestra archidiócesis crece la preocupación -don de Dios- por estos hermanos, obligados a vivir en la pobreza y en la marginación.

Carta pastoral del cardenal arzobispo de Madrid, D. Antonio Mª Rouco Varela. ACOGIDA GENEROSA E INTEGRACIÓN DIGNA DEL INMIGRANTE Y SU FAMILIA. 7 de marzo de 2001.Todos, pues, necesitamos paz y esperanza. El Evangelio nos hace ver con claridad la apremiante exigencia del amor al prójimo, que no se puede corromper convirtiéndolo en sentimentalismo banal o en hipocresía o en indiferencia. La precaria situación de un número no pequeño de inmigrantes y refugiados, angustiados por su futuro, ha venido a ser en Madrid uno de los retos más urgentes para la conciencia de la Iglesia diocesana y de cada uno de sus miembros, y pone a prueba cada día la autenticidad del amor a Cristo y a los hermanos [Sigue teniendo actualidad nuestro mensaje a la comunidad diocesana: Salir al encuentro para vivir juntos. Delegación diocesana de Migraciones, 28 de enero de 2000. En la presentación del estudio Extranjeros en la Comunidad de Madrid 1999]. En estas circunstancias no podemos por menos de preguntarnos críticamente acerca del sentido del hombre, de la sociedad, de la cultura y de la comunidad política, que en los últimos años se ha venido gestando en nuestra sociedad.

1. Una significativa presencia en la sociedad y en la Iglesia

El número de inmigrantes crece en nuestra archidiócesis y en la Comunidad Autónoma de Madrid, y su situación se hace más compleja. Los datos de que se dispone en nuestra Delegación diocesana de Migraciones nos revelan su acelerado crecimiento: la población extranjera que vive y trabaja en la Comunidad Autónoma ha pasado de 151.064, el 1 de mayo de 1999, a 289.450 el 1 de noviembre de 2000; de ellos, vivían en la ciudad de Madrid 87.839, a 1 de mayo de 1999, mientras que ahora viven 184.182; los menores de 16 años alcanzan la cifra de 44.644. Una buena parte de ellos han llegado con posterioridad al 1 de junio de 1999, fecha fijada como tope para poder acceder al reciente proceso de regularización.

2. Muchos inmigrantes pierden o no alcanzan la condición de regularidad

Los movimientos migratorios hacia nuestro país y nuestra Comunidad Autónoma se producen en el contexto internacional de la globalización. En el marco de un liberalismo sin controles adecuados —subraya el Papa Juan Pablo II—, se ahonda en el mundo la brecha, entre países «emergentes» y países «perdedores». Los primeros disponen de capitales y tecnologías que les permiten gozar a su antojo de los recursos del planeta, pero no siempre actúan con espíritu de solidaridad y participación. Los segundos, en cambio, no tienen fácil acceso a los recursos necesarios para un desarrollo humano adecuado; más aún, a veces incluso les faltan los medios de subsistencia [Juan Pablo II, Jornada Mundial del Emigrante 2000.]. La concentración de la riqueza y medios de producción, en determinadas áreas, crea expectativas de mejor empleo y mayores ingresos, oportunidades de educación y promoción, posibilidades de gozar de más y mejores servicios [Antonio María Rouco Varela, Salir al encuentro para vivir juntos, 2].

No podemos olvidar, sin embargo, sobre qué bases, al menos en parte, se fundamenta nuestro bienestar, que tanto atrae a los inmigrantes. Es indudable que disponemos de muchos bienes que han mejorado nuestras condiciones materiales de vida. La publicidad nos ha convencido de sus ventajas, nos los ha hecho desear e incluso ha creado en nosotros la necesidad de poseerlos. Fascinados por su aspecto atrayente, trabajamos, ahorramos y gastamos para adquirirlos. Cuanto más compramos, más bienes nuevos se producen y más nos instan a seguir comprando. Simultáneamente, se ha desarrollado en la sociedad una sobrevaloración del bienestar material, y de los medios más eficaces para conseguirlo en el máximo grado y con la mayor rapidez. Otras dimensiones de la persona, no relacionadas con el interés individual por los bienes materiales, son desestimadas por muchos. La vida sólo se valora si es placentera; importa más el aprendizaje técnico y la instrucción que la educación y la formación espiritual de la persona; no pocos matrimonios limitan el número de hijos por la incomodidad que acarrea criarlos, no viéndose, por otro lado, apoyados por el ordenamiento legal y la actuación de las Administraciones Públicas a la hora de fundar una familia. En las sociedades más ricas es muy bajo el número de nacimientos.

Los inmigrantes vienen buscando el bienestar que nosotros disfrutamos, y nosotros —seamos claros— necesitamos su trabajo para mantener un nivel de confort que, de otro modo, se derrumbaría. A menudo se percibe con claridad la contradicción de necesitar a los inmigrantes para perpetuar la comodidad que hemos alcanzado y, al mismo tiempo, rechazarlos porque ponen en cuestión nuestros hábitos y nos molestan.

En España se vienen sucediendo declaraciones de dirigentes políticos y representantes de importantes sectores de la economía sobre la necesidad de disponer de una mano de obra que, a pesar de las altas tasas de desempleo, permita atender de forma rápida y eficaz las ofertas de empleo que no son atendidas por trabajadores españoles, o extranjeros ya residentes.

En los últimos años, sin embargo, la comunidad internacional y todos y cada uno de los Estados, al abordar la problemática, ciertamente compleja, de los movimientos migratorios, tienden a endurecer las leyes de inmigración y asilo y reforzar el control de las fronteras. El contraste de este enfoque de las leyes con la atención al desarrollo económico, social y cultural que las ha caracterizado en otros momentos históricos, resulta patente [Cf. Juan Pablo II, Mensaje Jornada de las Migraciones, 1995].

Así se hace más difícil para muchos inmigrantes normalizar su situación; en algunos casos, llegan incluso a perder la situación legal que habían conseguido. Sin la documentación necesaria, se encuentran en una de las situaciones más duras de todas las que puede generar la emigración: administrativamente apenas existen; no tienen derecho al trabajo ni a otros derechos sociales y civiles, aunque a veces —es el caso de España— se les reconozcan algunos derechos primarios, como la atención sanitaria, la educación básica obligatoria para los menores o la asistencia letrada en los procesos de expulsión o de prohibición de entrada. Se diría que se considera al inmigrante prevalentemente desde una perspectiva meramente económica.

Por ello, deberíamos fijarnos de forma especial en la condición de los trabajadores inmigrantes y sus familiares que, en un número muy considerable, se encuentran en España en situación de irregularidad legal. Su radical precariedad condiciona su vida personal y familiar, y les convierte en candidatos para la explotación fácil. No han perdido a este respecto ni un ápice de actualidad las orientaciones del Papa, quien ya en 1995 llamaba la atención sobre este aspecto: Hoy el fenómeno de los inmigrantes irregulares ha asumido proporciones importantes… La prudencia necesaria, que se requiere para afrontar una materia tan delicada como ésta, no puede caer en la condena o el desentendimiento, entre otras cosas porque quienes sufren las consecuencias son miles de personas, víctimas de situaciones que, en lugar de resolverse, parecen destinadas a agravarse. La condición de irregularidad legal no permite menoscabar la dignidad del emigrante, el cual tiene derechos inalienables, que no pueden violarse ni ignorarse [Ibid.].

3. Regularización de situaciones de clandestinidad

Es preocupante la situación de irregularidad en la que se encuentran, desde hace varios meses, un número importante de inmigrantes en la Comunidad Autónoma de Madrid. Se trata de personas que llegaron después del 1 de junio de 1999, fecha tope legalmente prevista para su regulación. En su mayoría, han sido víctimas de la criminalidad organizada.

Carta pastoral del cardenal arzobispo de Madrid, D. Antonio Mª Rouco Varela. ACOGIDA GENEROSA E INTEGRACIÓN DIGNA DEL INMIGRANTE Y SU FAMILIA. 7 de marzo de 2001.No parecen cuestionables la responsabilidad y el derecho de los Estados para legislar sobre la regulación de los flujos migratorios. La situación, efectivamente, es compleja y los equilibrios en la convivencia social son frágiles [Antonio María Rouco Varela, íbid., 4]. No cabe duda de que, en este ámbito, corresponde a la autoridad del Estado equilibrar bienes y conjugar factores imprescindibles, si se quiere que el problema de la inmigración pueda encontrar una solución justa, solidaria y respetuosa de la dignidad humana en los países de la Unión europea, y en concreto en España. Es razonable esperar que, con la regulación de los flujos migratorios en origen, prevista en la nueva ley, se consiga evitar que los trabajadores inmigrantes se vean reducidos al papel de simples instrumentos de producción. Y del mismo modo cabría esperar que una acertada aplicación de la misma les permita gozar de un estatuto de residencia permanente y salir de toda precariedad legal y socio-laboral, a la vez que facilite a las autoridades competentes la persecución eficaz del tráfico de personas, principal causa de la inmigración clandestina.

Pero, al mismo tiempo, hay que afirmar, en coherencia con las convicciones y principios expuestos en esta carta, que parece necesario regularizar la situación del mayor número posible de los trabajadores inmigrantes de cualquier nacionalidad, que, sin permiso de trabajo y/o residencia, se encontraban en España con anterioridad a la aprobación de la nueva ley. De lo contrario, se agravaría aún más la situación, bastante dramática ya actualmente, de miles de personas que no pueden acceder al mercado laboral, convirtiéndose casi inevitablemente en fáciles víctimas de la criminalidad organizada o de empresarios sin escrúpulos.

Es claro que quienes han arriesgado todo para venir y ahora carecen de medios, harán cuanto esté en su mano para no marcharse. En cualquier caso, siempre será moralmente reprobable tratar la condición de irregularidad legal de los inmigrantes como ocasión o pretexto para menoscabar su dignidad y sus derechos inalienables como persona, que no pueden ni desconocerse ni violarse.

4. La sociedad es también responsable

No basta un buen ordenamiento legal. Es responsabilidad de todos crear las condiciones aptas para la integración de los trabajadores inmigrantes, de modo que lleguen a ser miembros activos en la vida económica, social, cívica, cultural y espiritual en la sociedad y en la Iglesia [Ibid., 5].

Para ello, es imprescindible que, en la vida diaria, se haga efectivo el reconocimiento del inmigrante. La solidaridad no puede reducirse a una asistencia paternalista [Ibid.]; si es auténtica, se orienta a que el inmigrante pueda ejercitar sus derechos y hacer frente al cumplimiento de sus deberes.

La normativa legal habrá de marcar los límites imprescindibles para la realización de la justicia. Ala sociedad hay que reclamarle, al menos, su cumplimiento. Cada vez que no se respetan los derechos socio- laborales de los trabajadores inmigrantes, pagándoles un salario digno, respetándoles un horario normalizado y dándoles de alta en la Seguridad Social desde el primer día, se está faltando no sólo a elementales exigencias del derecho, sino también de la moral. Cada vez que no se asumen responsablemente las obligaciones de la oferta laboral que se ha firmado, incumpliendo la palabra dada, se está imposibilitando que puedan obtener y renovar sus permisos. Así se les devuelve a la clandestinidad. Con demasiada frecuencia, según una información fidedigna, se falta a la justicia con los trabajadores inmigrantes en materia de su Seguridad Social, no dándoles de alta como corresponde. De la misma manera, los propios trabajadores inmigrantes que incumplen sus deberes fiscales y de Seguridad Social y sus obligaciones contractuales, faltan gravemente a la justicia y a la solidaridad, sobre las que se asientan todas las prestaciones sociales de nuestro ordenamiento, y se están autocondenado a la clandestinidad.

La talla ética y moral de una sociedad que quiere ser justa y solidaria la da la forma en que se protegen, de hecho y de derecho, todas las libertades fundamentales, se lucha para que desaparezcan las discriminaciones y desigualdades injustas [Ibid., 6], y se reconoce el derecho-deber al trabajo de los obreros inmigrantes en paridad de condiciones con los trabajadores españoles.

Semejantes conductas contradicen gravemente las exigencias más fundamentales de la conciencia cristiana y la autenticidad de su testimonio de amor a Cristo y a los hermanos.

5. Prioridad al hombre

Abordar el fenómeno de la inmigración con responsabilidad y en toda su integridad, como ha sido afirmado en diferentes ocasiones, exige tener en cuenta variadas perspectivas: políticas, socio-económicas y culturales; pero también, y en primer lugar, las éticas y morales, que tienen como punto normativo y supremo de referencia a la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, y el bien, la dignidad y el respeto que se le debe a ella y a su primer y fundamental entorno social, que es la familia.

Para la Iglesia y para los cristianos no hay otra forma de plantear y ayudar a resolver el problema de los inmigrantes. Es exigencia del Evangelio que predicamos, en el que creemos y que tratamos de vivir en medio del mundo al que hemos sido enviados, el Evangelio del amor de nuestro Señor Jesucristo [Ibid., 3-4. Cf. Antonio María Rouco Varela, La prioridad del hombre (Boletín de las Diócesis de la Provincia Eclesiástica de Madrid, octubre 1999, 786)].

Pastores y fieles han de promover incansablemente en la Iglesia y en la sociedad, de palabra y de obra, la vigencia del postulado ético y jurídico de una integración digna del emigrante y de su familia, y la acogida generosa a todos aquellos que se han visto obligados a abandonar su patria para salvaguardar su vida, su libertad y sus derechos fundamentales [Antonio María Rouco Varela, Salir al encuentro para vivir juntos, 5]. Los católicos madrileños hemos de empeñarnos sin vacilar en la formación de un clima social y de una opinión ciudadana abierta y receptiva para los emigrantes… Será una de nuestras contribuciones a la vida pública de mayor influencia en orden a un futuro de fraternidad y de paz para la sociedad española [Íbid., 6].

6. Nuestras comunidades y la acogida de los inmigrantes

Carta pastoral del cardenal arzobispo de Madrid, D. Antonio Mª Rouco Varela. ACOGIDA GENEROSA E INTEGRACIÓN DIGNA DEL INMIGRANTE Y SU FAMILIA. 7 de marzo de 2001.

Familia migrante acogida en una parroquia.

Nuestras comunidades cristianas deben sentirse urgidas a salir al encuentro de los inmigrantes. No sólo han de acoger en la comunión fraterna de los bautizados a quienes comparten nuestra fe, sino también brindar hospitalidad a todo extranjero, sea cual sea su raza, cultura y religión. Con independencia de la situación administrativo-legal, han de rechazar la exclusión o discriminación de cualquier persona, con el consiguiente compromiso de promover sus derechos inalienables. Desde la Pascua de Cristo no existen ya el vecino y el lejano, el judío y el pagano, el aceptado y el excluido. La parroquia ve en los inmigrantes a hermanos llamados a compartir los bienes provenientes de su Señor… De la misión propia, de toda comunidad parroquia[ y del significado que reviste en el seno de la sociedad brota su importancia y su insustituible función en la acogida del extranjero, en la integración de los bautizados de culturas diferentes y en el diálogo con los creyentes de otras religiones. Para la comunidad parroquial no se trata de una acción facultativa de suplencia, sino de un deber propio de su misión institucional [Íbid., 8. Cf. Juan Pablo II, Mensaje Jornada de las Migraciones. 1999].

Convendría, pues, orientar la tarea concreta de las parroquias, de acuerdo con la Delegación diocesana de Migraciones, según las líneas siguientes:

—acoger a todos los inmigrantes sea cual sea su situación administrativo-legal, ayudando en primer lugar, y en lo posible, a los que sufren necesidades materiales y abriendo procesos de integración en la sociedad y en nuestras propias comunidades;

—trabajar en la formación de una nueva opinión pública, propiciando el reconocimiento pleno y efectivo de los derechos de los inmigrantes;

—crear espacios de encuentro entre miembros de las comunidades y los inmigrantes que van llegando, en orden a favorecer el mutuo enriquecimiento;

—ofrecer una atención especial a la familia inmigrante que, tras años de separación, comienza una nueva etapa de su convivencia en situaciones culturales diferentes, a los jóvenes de la segunda generación, y a la mujer inmigrante, llamada a jugar un importante papel en el proceso de integración.

7. A los trabajadores/as inmigrantes

No quiero terminar estas reflexiones sin dirigirme también a los inmigrantes. Sabemos las dificultades a las que os enfrentáis, la inseguridad e inquietud que experimentáis cuando os falta la reglamentaria documentación para vivir y trabajar en España, el sufrimiento de no poder ganar el sustento con vuestro trabajo y no poder ejercer el derecho a vivir en familia. Reconocemos que, sin embargo, estáis colaborando con vuestro trabajo al progreso de España.

No podéis resignaros al papel de simple pieza en el sistema económico que con frecuencia se os asigna. Queremos seguir a vuestro servicio. Acudid con confianza a nuestra Delegación diocesana de Migraciones, que os orientará y os brindará desinteresadamente su apoyo, y acudid también a las comunidades parroquiales del barrio donde vivís, en la seguridad de que seréis escuchados y recibidos con la mejor voluntad de ayuda y acogida.No perdáis vuestras raíces, pero sed lúcidos y realistas: el tiempo que habéis proyectado trabajar en España puede prolongarse más de lo que imagináis, y sería una grave pérdida prescindir de vuestros valores y desaprovechar la ocasión para un diálogo integrador de los mismos, con el pretexto de que será sólo por poco tiempo.

Enriquecednos con vuestro patrimonio espiritual y cultural y, juntos, por encima de las diferencias de nuestros orígenes y nuestra condición, respondamos a la llamada del Señor: llegar a ser, en Él, un solo pueblo, una sola familia, la familia de los hijos e hijas de Dios.

 

ESPIRITUALIDAD DE LA ACOGIDA (Rufino Gª Antón)

ESPIRITUALIDAD DE LA ACOGIDA
– Rufino García Antón –
(Delegado episcopal para la Pastoral de la Movilidad Humana)

[Este texto recoge la charla dada el 23.2.23 a los equipos de acogida de las cáritas parroquiales de la zona rural de la Vicaría VIII -Colmenar Viejo-]

Introducción:

Espiritualidad de la acogida. Rufino García Antón. Migraciones.Por espiritualidad entendemos las razones de fondo que dan sentido a lo que hacemos y nos motiva a hacer lo que hacemos. Siendo el quehacer muy importante (”A Dios rogando y con el mazo dando”), tan importante es saber por qué lo hacemos y para qué lo hacemos. En este sentido, la espiritualidad da consistencia a lo que hacemos con la perspectiva de los corredores de fondo que saben que deben entrenarse para una carrera larga, en nuestro caso, un carrera que dura toda la vida. La espiritualidad nos capacita para mantenernos en forma y firmes durante esa carrera, con sus vaivenes, con sus altibajos, con sus dificultades y logros…., pero siempre con la esperanza que alienta nuestro caminar.

En esta reflexión nos estamos refiriendo a la “espiritualidad de la acogida”, es decir, a las motivaciones que alientan ese quehacer tan extraordinario que realizáis en las acogidas de las Cáritas parroquiales y a la forma de situarnos ante las personas que acuden a vuestras acogidas. Seguramente, con cierta frecuencia, os sintáis en la urgencia de dar respuestas concretas ante las situaciones que se os vayan presentando y quizá también con angustia por no saber cómo responder a esas situaciones concretas y no tener las herramientas necesarias para resolver esas situaciones.

La espiritualidad nos ayuda también a saber resituar y redimensionar con paz y paciencia el alcance de nuestras capacidades y posibilidades y también de nuestras limitaciones y fragilidades, con la consciencia de que hacemos lo que podemos y llegamos hasta donde llegamos.

Una última consideración introductoria es que, al hablar de la espiritualidad de la acogida, utilizaré el término acogida en sentido amplio: el de la acogida que ofrecéis en las Cáritas parroquiales, el de la acogida que puede darse en nuestras relaciones personales, el de la acogida que estamos llamados a darnos en nuestras comunidades parroquiales, en la acogida que debemos ofrecer al diferente, etc.

Algunas claves para la espiritualidad de la acogida

 1.- La espiritualidad: capacidad y recurso para la inclusión social

Tomo prestado todo el contenido de este primer apartado de un artículo de Carlos García de Andoin, doctor en Ciencias Políticas y Licenciado en Psicología y en Teología, escrito en la revista Iglesia Viva La espiritualidad: capacidad y recurso para la inclusión social«, 288, octubre-diciembre 2021, pp. 99-106).

Dice lo siguiente:

“La Espiritualidad en la Acción Social no se refiere aquí a esta dimensión desde el punto de vista de las personas voluntarias o profesionales de lo social, sino a la espiritualidad desde el otro lado, el de quienes sufren las diferentes formas de exclusión social. Pensar el lugar de lo espiritual en la Acción Social desde esta óptica no es un reto exclusivo de las entidades de la Iglesia, sino quehacer de todas aquellas entidades de la Acción Social que quieran responder de una forma integral a la persona, a su dignidad y a sus necesidades. Es estrictamente necesario si entendemos los procesos de inclusión desde la perspectiva de las personas, como elemento sustantivo del propio itinerario de inclusión en la sociedad”.

2.- La mirada que acoge y que ve más allá y más adentro

 En negativo, lo formularíamos con esa expresión de que “no hay peor ciego que el que no quiere ver ni peor sordo que el que no quiere oír”.

En positivo, nos fijamos en el valor y en la importancia de la mirada: la mirada real y física, con los ojos de la cara; la mirada del corazón; y la mirada con los ojos de Dios. 

  1. La mirada real y física: es importante mirarnos a la cara y a los ojos cuando nos hablamos. Las miradas dicen mucho, hablan por sí solas. A veces no hace falta hablar.
  2. La mirada del corazón: la mirada que ve desde dentro y mira más adentro, que no se queda en la superficie de lo que ve, sino que escudriña los secretos más íntimos de la persona a la que acogemos y con la que nos encontramos (“el corazón tiene razones que la razón desconoce”, Blas Pascal).
  3. La mirada con los ojos de Dios: Dios nos mira con ojos de misericordia y nos quiere con entrañas de misericordia, tiene un corazón compasivo, no en el sentido en el que a veces se ha utilizado la palabra “compasión” como “lástima”, sino en el de “sufrir con” (referencia a Ex 3, 7-10).

 3.- La escucha atenta y empática que nos coloca en el lugar del otro y de los otros

Nos sirven aquí las mismas consideraciones que hacía en el apartado anterior sobre la mirada que acoge y que ve más adentro: la escucha atenta y real con los oídos (“Dios nos ha dado dos oídos para escuchar y un lengua para habla”); escuchar con los oídos del corazón; y escuchar con los oídos de Dios.

 La escucha atenta y empática nos coloca en el lugar del otro y nos permite conocer e ir más allá de lo que nos dice. A veces nos sucede que estamos oyendo lo que el otro nos dice, pero no le escuchamos; estamos ya pensando en lo que vamos a decirle sin escuchar lo que nos está diciendo. Si no escuchamos, difícilmente vamos a acoger lo que el otro nos está diciendo.

Escuchar así es escuchar con el corazón. Y escuchar así es escuchar como Dios nos escucha, siempre atento a nuestra realidad para acompañarnos en el camino de la vida.

La actitud de la escucha tiene mucho que ver con la actitud contemplativa que, lejos de ser una actitud pasiva, como a veces pudiese pensarse, es una actitud profundamente activa, porque nos lleva a ver a y a escuchar la realidad con los ojos y con los oídos de Dios. Y ese ver y escuchar la realidad con los ojos y con los oídos de Dios nos lleva a comprometernos en la transformación de la realidad a la manera de Dios, con el amor como eje transformador de la realidad.

 4.- La consideración del otro y de los otros como iguales en lo esencial y diferentes en lo secundario

 La espiritualidad de la acogida coloca a la persona en el centro. Y las personas somos iguales en lo fundamental (capacidad de amar, de pensar y de sentir; iguales en dignidad; hijas e hijos del mismo Padre y hermanas y hermanos unos de otros desde una perspectiva creyente) y diferentes en otros muchos aspectos: rasgos físicos, formas de ser y de pensar, pertenecientes a diferentes culturas y países; de diferentes confesiones religiosas y espiritualidades;….. La convivencia es el arte de armonizar lo que nos une y lo que nos diferencia en un proyecto de vida en común a todos los niveles: relaciones interpersonales, vida familiar, vida comunitaria, trabajo en equipo, vida eclesial, vida social, vida en un país, vida en el mundo…… Acogernos unos a otros desde nuestra radical igualdad y desde nuestras diferencias secundarias en clave de enriquecimiento es un elemento fundamental en la espiritualidad de la acogida.

5.- Acompañarnos en el camino de la vida y construir el futuro juntos

  1. Parábola del buen samaritano (Lc 10, 25-37).
  2. Parábola del juicio final (Mt 25, 31-46).
  3. Caminantes de Emaús (Lc 24, 13-35).
  4. La encíclica del Papa Francisco “Fratelli Tutti”.
  5. El lema de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado de este año: “Construir el futuro con los migrantes y refugiados”.
  6. Tiempo de Cuaresma y tiempo del Sínodo (“Ensancha el espacio de tu tienda”).

Somos compañeros de camino que nos acompañamos, nos encontramos y nos acogemos mutuamente.

Guía de acompañamiento pastoral a inmigrantes de habla hispana

GUÍA DE ACOMPAÑAMIENTO PASTORAL
A INMIGRANTES DE HABLA HISPANA

GUÍA DE ACOMPAÑAMIENTO PASTORAL A INMIGRANTES DE HABLA HISPANA«Espero que esta pequeña guía ayude a sensibilizar a las comunidades, cultive el interés por conocer mejor y profundizar en las expresiones de la fe y la religiosidad popular de las personas migrantes. Solo conociéndola, respetándola y cultivándola participaremos en un continuo y fructuoso diálogo intercultural que nos enriquecerá a todos«.
+Carlos Osoro Sierra
Cardenal Arzobispo de Madrid.

Ofrecemos aquí abajo la Guía y, después, la recogida de datos de la que partió su elaboración, elaborada por Jesús Mª López Sotillo -documentalista de nuestra Vicaría- en 2020.

Guía de acompañamiento pastoral a inmigrantes de habla hispana

Datos para una Guía sobre la atención pastoral a los inmigrantes latinoamericanos en la Archidiócesis de Madrid

El Derecho a No Migrar

EL DERECHO A NO MIGRAR

La Sección Migrantes y Refugiados del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral ofrece el siguiente documento sobre el «derecho a no migrar».

Y es que el deber de acogida no impide luchar contra las causas de las migraciones forzosas: la Iglesia recuerda el derecho de las personas a poder permanecer en sus lugares de origen y poder tener unas condiciones de vida y trabajo dignos. La Sección Migrantes y Refugiados considera importante que las Iglesias locales se comprometan a colaborar con sus gobiernos para garantizar a todos las condiciones necesarias para acceder al desarrollo humano integral en sus países de origen, sin verse obligados a emigrar.

Jornada Mundial del Migrante y Refugiado 2022

108ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado
AQUÍ CONSTRUIMOS UN FUTURO CON MIGRANTES Y REFUGIADOS
[Fuera de España, el lema es «Construir el futuro con los migrantes y refugiados]
– 25.9.22 –

Jornada Mundial del Migrante y el Regugiado 2022. Cartel en castellano.

[Pulsa en la imagen y se abrirá en una ventana nueva para su descarga]

– Página creada el 26.6.22; 18ª actualización el 23.9.22 –

ÍNDICE DE ESTE ESPECIAL WEB (pulsa en cada ítem para ir a ese punto en esta página o a la página citada en otra pestaña):

Jornada Munidal del Migrante y del Refugiado 2002. Construir el futuro con los migrantes y refugiados. Cartel 1.

[pulsa para ver en grande]

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MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO: «Construir el futuro con los migrantes y refugiados» [puedes descargarlo en este enlace]

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MENSAJE DE LA SUBCOMISIÓN PARA LAS MIGRACIONES Y LA MOVILIDAD HUMANA de la Conferencia Episcopal Española

A pesar de las oscuridades y las malas noticias que nos invaden, la fe nos dice que hay esperanza, que tenemos un futuro que tiene el don de comenzar a realizarse ya en nuestro presente. Por eso podemos proclamar que «nosotros, de acuerdo con la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva donde habitará la justicia» (2 P 3,13).

Aun así, parece un atrevimiento hablar de futuro en medio de las rupturas de nuestra época, y de las heridas que provoca la emergente epidemia de desesperanza que cala tanto en nuestras vidas como en cada espacio social. Pero la fe nos fortalece y nos coloca en otro camino. Aprendemos a avanzar como Pueblo de Dios en medio de la historia concreta en la que el Señor nos ha colocado para ser su sal y su luz en medio de tantas vicisitudes y retos. Él nos confía su misión.

Con esta convicción la Iglesia, en cada lugar, se pone al servicio del reino de Dios sabiendo que nuestra tarea no es pesimista ni alienante, pues es Cristo mismo quien actúa. Él es quien está presente, nos ama, anima y marcha por delante y cuenta con nosotros «en unión con los suyos, los llamados, los elegidos y los fieles» (Ap 17,14)

Como una gran primavera, el futuro florece en cada momento y echa raíces en la siembra que hacemos hoy, en un mundo globalizado, regado con los flujos migratorios e interconectado. Construirlo es una tarea apremiante, siempre que comencemos aprendiendo a leer y desvelar el paso de Dios por la historia del presente. Así nos pondremos a trabajar en su dirección y no en la nuestra.

La resurrección de Cristo es meta y, al mismo tiempo, semilla que impulsa este futuro; y aunque a veces experimentamos oscuridades, vemos cómo se talan los brotes a nuestro alrededor, o la desesperanza llama a nuestros corazones, la vida del Resucitado siempre resurge porque es la que fluye siempre, como savia nueva, en el interior de cada acontecimiento, pero no olvidamos que en forma de semilla. Por eso este futuro siempre, a pesar de los inviernos, brota exultante desde la humildad, y necesita centinelas atentos que señalen y desvelen los signos de esta fuerza tenue y sencilla de la resurrección. Las migraciones, los movimientos humanos, la vida de los refugiados son hoy lugares privilegiados desde donde Dios nos habla.

 La construcción del futuro no es una idea desencarnada. Dios tiene en cuenta nuestro barro y nuestra pobreza. Es más, es por medio de ellas desde donde enriquece al mundo (Cf 2 Cor 8, 9), por lo que no nos escandaliza que nunca el Reino de Dios tenga nombre de éxito o de victoria inmediata, porque sabemos que «llevamos este tesoro en recipientes de barro» (2 Co 4,7). La esperanza de este futuro cuenta con la sencillez del evangelio, con la pedagogía de la Resurrección y con la mirada de María que sabe cantar las maravillas del Señor en medio de la sencillez y la cotidianeidad de un mundo plural y multicultural.

Nuestra sociedad globalizada, tras el trauma de estos años de covid, crisis, flujos migratorios cruentos o guerras cercanas y lejanas, tiene el reto de empujar con esperanza el futuro. Los creyentes tenemos mucho que aportar en este camino esperanzador y en la definición de horizontes. Por ello no podremos dejar que el futuro se construya solo o que otros lo edifiquen. Si no nos movemos o nos quedamos mirando a nosotros mismos y nuestras organizaciones acabaremos llegando a donde no debemos.

Necesitamos sacar lo mejor de nosotros para moldear juntos este proyecto de humanidad abierto y esperanzador. Para hacerlo posible Cristo suscita vocaciones, y nos envía comunidades y migrantes que posibilitan que ese sueño de Dios se realice y se transforme en anuncio y en movimiento que devuelve dignidades arrebatadas. Son los vigías del futuro que nos ayudan, desde Cristo, a edificarlo gota a gota. Tendremos que animar, apoyar y acompañarlos.

Hoy se pone en cuestión el derecho a huir de guerras, hambrunas, de construir una vida familiar en entornos seguros, de buscar una vida digna. Es tiempo de atreverse a mirar el futuro de las migraciones con los ojos de Dios, teniendo en cuenta que lo hacemos en medio de una cultura a veces miope y entretenida en sus pequeños espacios, poniendo fronteras y muros, o agrandando las rupturas que descomponen el plan de Dios.

Nos cuesta hablar con los que no piensan como nosotros, tenemos mil parámetros diversos y pocos puntos de conexión. La mirada de Dios nos hace caer en la cuenta de que hay un lenguaje común con otras maneras de pensar, y es el defender la dignidad humana, reconocerla y comprometernos con vitalizarla allí donde se pone en cuestión. Es el punto de encuentro para dialogar con otras visiones, y una plataforma desde donde podremos ayudar a que nuestros hermanos descubran aquello que les hace realmente felices y para lo que hemos sido creados. No hay futuro sin defensa de la inquebrantable dignidad de cada persona y de vivir con esa dignidad en nuestro mundo.

Este es el paradigma donde nos sitúa la jornada Mundial del Migrante y del Refugiado que este año pretende fijar la mirada en quienes pueden ser privados de la construcción de este futuro si no hacemos nada o si globalizamos la indiferencia. Desde él recibimos nuevas y viejas llamadas:

1- En un mundo cruzado por los flujos migratorios, es tiempo de comenzar a edificar a ritmo de la justicia que mana de Dios. Eso significa que “ningún individuo o grupo humano se puede considerar omnipotente, autorizado a pasar por encima de la dignidad y de los derechos de las otras personas singulares o de sus agrupaciones sociales.” (Ft 171), y, por lo tanto, exige “reconocer y respetar no sólo los derechos individuales, sino también los derechos sociales y los derechos de los pueblos.” (Ft 126)

No hay futuro sin la justicia. La urgencia de la justicia se da en un mundo dividido y lleno de brechas que se pueden sanar y reconciliar, y nunca convertir en rentas para provechos electorales y para alcanzar a poder.

Ante el fenómeno migratorio pensamos en el desarrollo de la justicia que no solo se piensa localmente o desde un entorno concreto, sino que aspira a ser patrimonio de toda la humanidad. Planteamos una justicia global que tenga en cuenta las generaciones futuras, el medio ambiente y los compromisos de todos los pueblos de la tierra.

Jesús nos pide incluir a todos con gestos concretos, pues como cristianos “no tenemos derecho de excluir a los demás, juzgarlos o cerrarles las puertas” (Jornada mundial de las personas migrantes y refugiadas 2022). Ahora se abre la tarea de seguir impulsando espacios y actitudes los desarrollen.

2.- No hay futuro sin atender a quienes forman parte de él, pero tampoco sin ayudar a que sean sujeto de su propia construcción. La realidad de la migración, como signo de nuestro tiempo, nos dice que el anuncio de la esperanza y la construcción del futuro no puede darse sin poner a los migrantes como constructores y parte de la construcción. No se trata de ponernos “nosotros” delante y “ellos” detrás, sino, como dice el papa, construir juntos cada día un “nosotros más grande”.

La Iglesia quiere poner a cada migrante en el centro para escuchar su grito y con él construir el futuro que Dios sueña. Lo que este futuro no tolera es ser construido “para los migrantes” sin la luz y la sal de los migrantes. No podemos olvidar a nadie si queremos vivir la catolicidad del pueblo de Dios.

3.- Un futuro con la sabiduría del migrante. El futuro de todos se construye, además, aprendiendo a descubrir el tesoro que nos traen los migrantes y refugiados.

Como signo de nuestro tiempo nos aportan claves fundamentales para entender el plan de Dios ante el futuro. Su trabajo, su juventud, su sacrificio y su amor a la vida son solo algunas de las grandes bocanadas de aire fresco que traen. Con ellos, y escuchando su experiencia, podremos recuperar y recrear elementos fundamentales de la fraternidad a la que se nos convoca en medio de la diversidad, al tiempo podremos recuperar dimensiones nuevas sobre la forma de ser cristianos hoy. “La presencia de la personas migradas y refugiadas, como en general, la de personas vulnerables representa hoy en día una invitación a recuperar dimensiones esenciales de nuestra existencia cristiana y de nuestra humanidad que corren el riesgo de adormecerse con nuestro estilo de vida lleno de comodidades. (Papa Francisco, Jornada mundial de las personas migrantes y refugiadas 2019). Esto nos estimula a profundizar en nuestras propias convicciones y a reconocer la riqueza de quien llega.

4.- El futuro se construye también preparando a nuestras comunidades para ser acogedoras y hospitalarias, tengan o no migrantes en su seno.

 Un futuro “con todos” se forja incorporando la experiencia y la novedad del migrado que ya vive entre ellas, y del migrante que llama a las puertas. Se presenta el reto de seguir construyendo comunidades hospitalarias en todos los aspectos, no delegando ni encapsulando la atención al migrante como un aspecto periférico de la pastoral, sino injertándola en la catequesis, en la predicación, en la oración, en la gestión…

Así, las comunidades que palpitan desde la hospitalidad siembran ese futuro. Se revitalizan con esta savia nueva de la migración que nos llega y se convierten en un signo auténtico de anuncio renovado del evangelio. La fraternidad es posible si generamos comunidades significativas que vivan en su seno la armonía que regala la fe.

Pero es un camino complicado. Los migrantes a menudo no son vistos desde la clave de la dignidad o de su humanidad; hay otras claves en nuestra sociedad que les señalan y les contemplan como estorbo, invasores o ciudadanos de segunda. Son planteamientos dañinos que cruzan la vida ideológica, política o cultural, y que se cuelan en la vida de la fe. “Es inaceptable que los cristianos compartan esta mentalidad y estas actitudes, haciendo prevalecer a veces ciertas preferencias políticas por encima de hondas convicciones de la propia fe: la inalienable dignidad de cada persona humana más allá de su origen, color o religión, y la ley suprema del amor fraterno.” (FT 39).

 Por tanto, estaremos atentos a detectar, educar y evangelizar todo sesgo que nos repliegue en nosotros mismos y difunda en nuestros entornos mentalidades lejanas al Evangelio recibido.

La Iglesia en la vida de sus comunidades quiere ponerse al servicio de quien quiera construir este futuro y convocar a nuestra sociedad a caminar hacia la fraternidad universal a ritmo de “amabilidad social” contando con el don de los migrantes y refugiados.

La aspiración es llenar de esperanza nuestro mundo desde el realismo del evangelio. Eso supone aportar un tono nuevo a las relaciones sociales y al modo de edificar el proyecto de futuro, impidiendo que la división o la ideologización destruya puentes e invisibilice a los más vulnerables.

Esta es una Jornada que puede impulsar la necesidad de sacar a la luz tantas realidades vulnerables e invisibilizadas, para rezar por ellos, que afrontan mil dificultades, sufren y lloran en medio de tantas injusticias. Y una ocasión para sensibilizar a nuestras comunidades de las lágrimas de los migrantes, pero también para descubrir el don de Dios que esconde su incorporación a nuestras sociedades y la oportunidad que su presencia nos está dando para recuperar nuestra humanidad y nuestra esperanza.

Ahora animamos en cada espacio a responder y plasmar: ¿cómo podemos construir un futuro donde todos quepan y podamos vivir en paz y fraternidad?

 Obispos de la Subcomisión Episcopal para las Migraciones y la Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal Española

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AUDIOVISUAL: Materiales formativos, para reuniones… [tomado del Dicasterio vaticano para el Desarrollo Humano Integral] Cada tema incluye vídeo e imágenes de presentación del tema, frase de la Escritura, frase de Francisco, buena práctica, y pregunta. Los temas son:

  1. Un futuro que debemos construir juntos.
  2. Un futuro para todos.
  3. Crecer juntos como sociedad.
  4. Crecer juntos como humanidad.
  5. [próximamente, más]

Tema 1 – Un futuro que debemos construir juntos

Tema:Jornada Mundial del Migrante y el Regugiado. Materiales tema 1: "Un futuro que debemos construir juntos". Tema.
Escritura:Jornada Mundial del Migrante y el Regugiado. Materiales tema 1: "Un futuro que debemos construir juntos". Biblia.
Francisco:Jornada Mundial del Migrante y el Regugiado. Materiales tema 1: "Un futuro que debemos construir juntos". Papa Francisco.
Buena práctica:Jornada Mundial del Migrante y el Regugiado. Materiales tema 1: "Un futuro que debemos construir juntos". Buena práctica.
Pregunta:Jornada Mundial del Migrante y el Regugiado. Materiales tema 1: "Un futuro que debemos construir juntos". Pregunta.

Tema 2 – Un futuro para todos

Tema:Jornada Mundial del Migrante y el Regugiado. Materiales tema 2: "Un futuro para todos: poner en el centro a los más vulnerables". TEMA.
Escritura:Jornada Mundial del Migrante y el Regugiado. Materiales tema 2: "Un futuro para todos: poner en el centro a los más vulnerables". BIBLIA.
Francisco:Jornada Mundial del Migrante y el Regugiado. Materiales tema 2: "Un futuro para todos: poner en el centro a los más vulnerables". PAPA FRANCISCO.
Buena práctica:Jornada Mundial del Migrante y el Regugiado. Materiales tema 2: "Un futuro para todos: poner en el centro a los más vulnerables". BUENA PRÁCTICA.
Pregunta:Jornada Mundial del Migrante y el Regugiado. Materiales tema 2: "Un futuro para todos: poner en el centro a los más vulnerables". PREGUNTA

Tema 3 – Crecer juntos como sociedad

Tema:Jornada Mundial del Migrante y el Regugiado. Materiales tema 3: "Crecer juntos como sociedad". TEMA.
Francisco:Jornada Mundial del Migrante y el Regugiado. Materiales tema 3: "Crecer juntos como sociedad". Papa Francisco.
Buena práctica:Jornada Mundial del Migrante y el Regugiado. Materiales tema 3: "Crecer juntos como sociedad". Buena práctica.
Pregunta:

Tema 4 – Crecer juntos como humanidad

Tema: Jornada Mundial del Migrante y el Regugiado. Materiales tema 4: "Crecer juntos como humanidad". Tema.
Escritura: Jornada Mundial del Migrante y el Regugiado. Materiales tema 4: "Crecer juntos como humanidad". Biblia.
Francisco: Jornada Mundial del Migrante y el Regugiado. Materiales tema 4: "Crecer juntos como humanidad". Francisco.
Buena práctica:Jornada Mundial del Migrante y el Regugiado. Materiales tema 4: "Crecer juntos como humanidad". Buena práctica.
Pregunta: Jornada Mundial del Migrante y el Regugiado. Materiales tema 4: "Crecer juntos como humanidad". Pregunta.

Tema 5 – Crecer juntos como Iglesia

Tema:Jornada Mundial del Migrante y el Regugiado. Materiales tema 5: "Crecer juntos como Iglesia". Tema.
Escritura:Jornada Mundial del Migrante y el Regugiado. Materiales tema 5: "Crecer juntos como Iglesia". Escritura.
Francisco:Jornada Mundial del Migrante y el Regugiado. Materiales tema 5: "Crecer juntos como Iglesia". Francisco.
Buena Práctica:Jornada Mundial del Migrante y el Regugiado. Materiales tema 5: "Crecer juntos como Iglesia". Buena práctica.

Pregunta: Jornada Mundial del Migrante y el Regugiado. Materiales tema 5: "Crecer juntos como Iglesia". Pregunta.

Tema 6 – El futuro es hoy

Tema:

Escritura:Jornada Mundial del Migrante y el Regugiado. Materiales tema 6: "El futuro es hoy". Biblia.

Francisco:Jornada Mundial del Migrante y el Regugiado. Materiales tema 6: "El futuro es hoy". Francisco.

Buena Práctica:Jornada Mundial del Migrante y el Regugiado. Materiales tema 6: "El futuro es hoy". Buena Práctica.

Pregunta:Jornada Mundial del Migrante y el Regugiado. Materiales tema 6: "El futuro es hoy". Pregunta.

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RefugiArte: selección oficial 2020-2021.RefugiArte es una iniciativa de ACNUR, involucrando a artistas -que donan sus obras- para ilustrar sobre las situaciones de desplazamiento forzado en América Latina y el Caribe.

Es fácil usar estas imágenes como recurso pastoral desde el arte y la belleza. Basta imprimir cada imagen en una hoja de tamaño A3 (por ejemplo) y colocar bajo cada una el título, autor, y el texto que ofrece éste sobre su cuadro. Un zip con todas las imágenes y con archivos Word de cada una en A3 puede descargarse desde este enlace. Y un Word con todos los textos lo ofrecemos en este enlace. Aquí, en la web, si se pincha en una foto, se abre en Flickr; para abrir en pestaña nueva, clic con el botón derecho.

Travesía de la esperanza – Ricardo Parra (Chile)

La esperanza por buscar un nuevo, seguro y próspero futuro.
La esperanza por buscar un nuevo, seguro y próspero futuro.

Sin-documento 483 – Imyra (Brasil)

Caravanas en donde las personas se ven obligadas a salir de sus hogares casi sin pertenencias y a caminar rumbo a otros lugares sin ninguna certeza de lo que van a encontrar en el camino o si van a lograr llegar a algún lugar mejor.
Caravanas en donde las personas se ven obligadas a salir de sus hogares casi sin pertenencias y a caminar rumbo a otros lugares sin ninguna certeza de lo que van a encontrar en el camino o si van a lograr llegar a algún lugar mejor.

Recuento de incertidumbres - Joel Vladimir Renderos Castillo (El Salvador)

La obra ilustra las relaciones de poder, la delimitación territorial, la mortalidad, el enfrentamiento físico, y la vulnerabilidad humana.
La obra ilustra las relaciones de poder, la delimitación territorial, la mortalidad, el enfrentamiento físico, y la vulnerabilidad humana.

On my way to liberty – Larissa Coelho (Brasil)

Me inspiré en las historias de refugiados y migrantes venezolanos. Escalar y caminar a través de curvas ciegas en las montañas es extremadamente peligroso y doloroso, pero estas personas lo hacen por libertad y seguridad. Traté de representar exactamente esto con una familia de cuatro y su equipaje.
Me inspiré en las historias de refugiados y migrantes venezolanos. Escalar y caminar a través de curvas ciegas en las montañas es extremadamente peligroso y doloroso, pero estas personas lo hacen por libertad y seguridad. Traté de representar exactamente esto con una familia de cuatro y su equipaje.

No me quiero rendir – Amanda Rodríguez (Chile)

Cientos de personas quedan varadas en el paso fronterizo Chacalluta (Chile-Perú) debido a que su ingreso al país es rechazado, y Perú cambia las regulaciones migratorias, por tanto, tampoco pueden retornar.
Cientos de personas quedan varadas en el paso fronterizo Chacalluta (Chile-Perú) debido a que su ingreso al país es rechazado, y Perú cambia las regulaciones migratorias, por tanto, tampoco pueden retornar.

Mi voluntad – Efont (Venezuela)

La inspiración fundamental es todo lo que hemos vivido en Venezuela. Lo más duro es haberme separado de mi hija; tener que verla partir sin saber si la veré de nuevo. Mi gran consuelo es que otro país la ha recibido y le ha dado, sin conocerla siquiera, una nueva luz, una nueva oportunidad de vida.
La inspiración fundamental es todo lo que hemos vivido en Venezuela. Lo más duro es haberme separado de mi hija; tener que verla partir sin saber si la veré de nuevo. Mi gran consuelo es que otro país la ha recibido y le ha dado, sin conocerla siquiera, una nueva luz, una nueva oportunidad de vida.

Los nuevos refugiados – Salomón (El Salvador)

Desplazamientos forzados, que son a raíz de las extorsiones, la pobreza y sobre todo, la violencia de pandillas y que crean un impacto negativo en nuestra cultura, sobre todo en la seguridad de nuestra comunidades vulnerables.
Desplazamientos forzados, que son a raíz de las extorsiones, la pobreza y sobre todo, la violencia de pandillas y que crean un impacto negativo en nuestra cultura, sobre todo en la seguridad de nuestra comunidades vulnerables.

Hogar – Barrial (Perú)

El hogar de las familias esta ahí: en su unión, en sus brazos, los padres cobijan las esperanzas.
El hogar de las familias esta ahí: en su unión, en sus brazos, los padres cobijan las esperanzas.

Entre nosotros – Ernesto Saade (El Salvador)

El desplazamiento forzado es una problemática muy común en los países latinoamericanos, pero parece que la mayoría de las personas no se da cuenta o elige entregarse a la apatía, a tal grado que las personas afectadas caminan entre nosotros y ni siquiera sabemos que están allí. La luz representa la esperanza a la cual, muchas veces, es a lo único que las personas desplazadas pueden aferrarse.
El desplazamiento forzado es una problemática muy común en los países latinoamericanos, pero parece que la mayoría de las personas no se da cuenta o elige entregarse a la apatía, a tal grado que las personas afectadas caminan entre nosotros y ni siquiera sabemos que están allí. La luz representa la esperanza a la cual, muchas veces, es a lo único que las personas desplazadas pueden aferrarse.

El corazón en la mochila – Ana Espriella (México).

La obra expresa el momento de cuando una persona se ve obligada a abandonar su país y lo único que puede llevar consigo es el amor por su hogar en el corazón.
La obra expresa el momento de cuando una persona se ve obligada a abandonar su país y lo único que puede llevar consigo es el amor por su hogar en el corazón.

El camino truncado – Gabriela Jaime (México)

En algún momento intenté salir a otro país. Yo estaba en una posición privilegiada al tener acceso a una educación, a tomar un avión y tener donde hospedarme. Pero muchas otras personas no. Huyen de la violencia y no tienen la posibilidad de regresar. El camino se torna más violento que la huida, puertas que se cierran una tras otra, es siempre ir empujando.
En algún momento intenté salir a otro país. Yo estaba en una posición privilegiada al tener acceso a una educación, a tomar un avión y tener donde hospedarme. Pero muchas otras personas no. Huyen de la violencia y no tienen la posibilidad de regresar. El camino se torna más violento que la huida, puertas que se cierran una tras otra, es siempre ir empujando.

Desplazado azul – Punche (Ecuador)

El desplazamiento y la fragmentación de los seres que huyen dejando pedazos de su ser a cada paso que dan. Los recuerdos, los sueños, las esperanzas de días mejores, fragmentos de sí mismos a cada país que van dejando atrás.
El desplazamiento y la fragmentación de los seres que huyen dejando pedazos de su ser a cada paso que dan. Los recuerdos, los sueños, las esperanzas de días mejores, fragmentos de sí mismos a cada país que van dejando atrás.

Desangrar – Alejandro Valencia Vargas (Colombia)

El desplazamiento forzado, como la gota continua que emana de un cuerpo, desangra. Con el color gris se evita la identificación con lugares específicos, se generaliza el mensaje.
El desplazamiento forzado, como la gota continua que emana de un cuerpo, desangra. Con el color gris se evita la identificación con lugares específicos, se generaliza el mensaje.

Comunidad asediada – Salomón (El Salvador)

Desplazamientos forzados, que son a raíz de las extorsiones, la pobreza y sobre todo, la violencia de pandillas y que crean un impacto negativo en nuestra cultura, sobre todo en la seguridad de nuestras comunidades vulnerables.
Desplazamientos forzados, que son a raíz de las extorsiones, la pobreza y sobre todo, la violencia de pandillas y que crean un impacto negativo en nuestra cultura, sobre todo en la seguridad de nuestras comunidades vulnerables.

Caminando - Javier Garrido (Argentina)

La obra está inspirada en los testimonios de los refugiados hondureños.
La obra está inspirada en los testimonios de los refugiados hondureños.

Bienvenidos – Vanessa Alexandre (Brasil)

Mi motivación para la producción fue retratar la dura travesía de venezolanos que llegan a Brasil y otros países, con recursos muy escasos y dificultades en el camino. En el tapiz guajira están representadas algunas imágenes: La familia -con una mujer embarazada – y otras escenas que muestran el éxodo de quienes abandonaron el país en medio de las dificultades. Todo esto desde el punto de vista de un niño.
Mi motivación para la producción fue retratar la dura travesía de venezolanos que llegan a Brasil y otros países, con recursos muy escasos y dificultades en el camino. En el tapiz guajira están representadas algunas imágenes: La familia -con una mujer embarazada – y otras escenas que muestran el éxodo de quienes abandonaron el país en medio de las dificultades. Todo esto desde el punto de vista de un niño.

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REVISTA MIGRACIONES de la CEE para esta Campaña 22-23. Puedes verla aquí abajo o pulsa en este enlace para descargarla.